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PRIMER MANDAMIENTO, 8
La moral cristiana es la “moral del amor”.
Sus preceptos se reducen a uno solo: amar
(a Dios y al prójimo).
Col 3, 14: la caridad “es el vínculo de la
perfección”.
1 Jn 3, 11. 18: “El mensaje que habéis recibido es éste: que nos
amemos unos a otros (...). Hijos, no amemos de palabra ni con
la boca, sino con obras y de verdad”.
1 Cor 13, 13: “Ahora perduran estas tres virtudes: la fe, la esperanza
y la caridad; pero la más excelente de ellas es la caridad”.
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PRIMER MANDAMIENTO, 9
Pecados contra el amor a Dios
- Indiferencia (se descuida o se rechaza el
amor con Dios); - Ingratitud (no se reconoce
el amor que Dios nos tiene o no se le devuelve ese amor); - Tibieza (se trata con negligencia y descuido las cosas referentes a Dios);
- Acedia (pereza espiritual: desecha el gozo de
la entrega a Dios, se siente tristeza en seguirle);
- Odio a Dios (razón última: orgullo, ocasión:
suele ser el hecho de que Dios condene el pecado y lo castigue); - Odio al prójimo (supone un
agravio directo a Dios, se incluyen murmuración, crítica, etc.); - Escándalo (falta grave
cuando por acción u omisión se induce deliberadamente a otro a pecar).
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PRIMER MANDAMIENTO, 10
Virtud de la religión: “Es la virtud que postula y exige que se dé
a Dios el culto debido” (II-II, q. 81, a. 5).
La razón para dar culto a Dios es doble:
Por parte de Dios: a
causa de su inmensa
grandeza (se manifiesta en la creación). El
culto es el reconocimiento de la majestad
creadora divina.
Por parte del hombre:
el culto es la aceptación agradecida hacia
esa inmensa grandeza.
Lleva a constatar que
nuestra existencia es
don de Dios al cual
retornaremos al final
de la vida terrena.
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PRIMER MANDAMIENTO, 11
Triple etimología de la palabra “religión”, según los autores:
1
Religare (atar): el hombre religioso es un ser estrechamente unido (“religado”) a Dios.
2
Reeligere (re-elegir): el hombre religioso es aquel que en
su existencia siempre elige a Dios, al cual ama sobre todas
las cosas.
3
Relegere (re-leer): la condición racional del hombre le
permite interpretar (“leer”) las incógnitas de la existencia
desde Dios.
Esa triple etimología permite ver hasta qué punto la religión da
sentido a la vida del hombre.
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PRIMER MANDAMIENTO, 12
Actos de la virtud de la religión: adoración, desagravio, acción de
gracias y petición.
Adoración
El AT abunda en invitaciones a que se adore
al Señor y se le dé culto. Para Jesús, los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu
y en verdad (Jn 4, 23-24). Invita a sus discípulos a que adoren al Padre (Lc 4, 8), y Él mismo es adorado por sus discípulos (Lc 5, 8-9).
Los Apóstoles confiesan la gloria de Dios
(1 P 4, 11: “En todo sea Dios glorificado por
Jesucristo. Para Él es la gloria y el poder por
los siglos de los siglos”). El Apocalipsis rememora el culto a Dios y a Jesucristo en términos
solemnes (Ap 15, 3-4).
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PRIMER MANDAMIENTO, 13
Desagravio
Al reconocer la grandeza de Dios y adorarle, el hombre reconoce
sus pecados y siente la necesidad de desagraviar por ellos. El desagravio por los propios pecados es una práctica generalizada en
el AT y el NT.
Jesús inicia su predicación con la llamada a la conversión y a la penitencia
(Mt 4, 17). El Bautista le presenta como
“el cordero de Dios que quita el pecado
del mundo” (Jn 1, 29).
Jesús advierte a menudo acerca de la necesidad de hacer penitencia.
Encarga a los Apóstoles que “prediquen en su nombre la penitencia
para la remisión de los pecados a todas la naciones” (Lc 24, 47).
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PRIMER MANDAMIENTO, 14
Acción de gracias
Cuando el hombre descubre la grandeza de Dios, se reafirma en que
todas sus cosas son un don divino, por lo que entona un himno de
acción de gracias.
En el AT frecuentes acciones de gracias: cánticos de Moisés
(Ex 15, 1-20), de Débora y Baraq (Jue 5), de David (2 Sam 22,
2-51), etc.. En el NT: Magnificat, cántico de Simeón...
Diversas acciones de gracias de Jesús: resurrección de Lázaro (Jn 11, 41), al Padre que “haya
ocultado aquellas cosas a los sabios y prudentes
y las haya revelado a los humildes” (Lc 10,21)...
También acciones de gracias en los escritos de
los Apóstoles. Eucaristía.
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PRIMER MANDAMIENTO, 8