En un mes de abril, hace muchísimos años, una inmensa marea arrastró a una herida e
indefensa paloma hasta la orilla de una pequeña playa de un pueblo marinero…
Desde la terraza de su casa, David y su abuelo observaban cómo una gaviota
revoloteaba en derredor de una gran masa negra .Intrigados ante la mancha
decidieron acercarse al lugar para averiguar de qué se trataba.
Con paso ligero y muy nerviosos, los dos se dirigieron a la playa.
Asombrados, vieron una forma blanca escondida en un viscoso
líquido: ¡era una paloma!
En ese momento, una ola empujó una red rota, la cogieron y la
arrojaron sobre la masa.
Tras varios intentos, la arrastraron hacia el muelle de
madera mientras el abuelo permanecía junto a la paloma.
David corrió a la tienda de souvenirs en busca de un cubo de
agua. Con la ayuda de la red, levantaron al ave y la introdujeron
en el caldero.
Unos pocos metros más adelante, el capitán Garfio, anclando su barco, vio a su
amigo con su nieto introduciendo las manos en un recipiente de metal.
Su aspecto físico: pelo muy largo y rizado, abundante barba blanca y un parche en
el ojo, intimidaba a los turistas que paseaban por los alrededores.
De una gran zancada marina, temblando todo el suelo, llegó al lugar donde se
encontraban sus amigos; les preguntó lo que ocurría y si podía ayudarlos.
Como ellos estaban tan concentrados, no respondieron.
David, muy alterado, le contó lo ocurrido y entre los tres ayudaron a la paloma a
darse la vuelta para comprobar si podía volar. De repente, se dieron cuenta de que
un ala estaba rota.
El capitán se acordó del trozo de pan que guardaba en la bolsa de víveres y comenzó
a desmenuzarlo en migas. La paloma, hambrienta y un poco desorientada, siguió su
rastro, con dificultad y poco a poco fue comiéndoselas.
Tras varios días de cuidados y reposo, se fue recuperando.
David recordó que su amiga, la de la tienda de souvenirs, tenía plantado en su
jardín un majestuoso, sabio y mágico roble. Cogió a la paloma y suavemente la
depositó bajo sus ramas. Poco a poco iba deslizándose su savia hasta formar
una capa brillante en el ala quebrada del ave.
Transcurridas unas horas, al anochecer, la paloma fue notando su ala más
fuerte y comenzó a batirlas.
A la mañana siguiente, David comprobó su mejoría y, muy emocionado, fue en busca
de su abuelo y el capitán para hacerles partícipes de semejante alegría.
Decidieron dejarla en libertad, aunque muy tristes se quedaron.
Cada mes de abril, la paloma, fiel a su cita, los visitaba. En el último encuentro, el
ave decidió quedarse para siempre y convertirse en la mascota del capitán,
acompañándolo en sus travesías.
Desde entonces, Lula, se convirtió en una mascota muy especial…
Los jóvenes escritores de este relato pertenecen al 2º.ciclo de
Primaria del colegio Santiago Galas de Ruiloba:
Cristina
Santiago
Candela
Tegrém
Jaime
Nicolás
Andrea
Eukene
Nerea
Ludi
Curso 2013/14
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