Texto: Pablo Neruda.
Presentación: Asun Gutiérrez.
Música: Mahler. Quinta Sinfonía. Adagietto.
Vive quien re-crea sin desmayos,
consciente de que la rutina es la carcoma de la existencia,
quien estrena cada día esperanza y coraje.
Vive quien busca, sencillamente y sin triunfalismos,
las aguas vivas, quien no se conforma con aljibes viejos, agrietados,
que no retienen las fuentes frescas, veneros fecundos.
Vive quien no se instala en la superficialidad,
el que cada día descubre asombrado,
que su existencia puede revestirse de todos los colores del arco iris.
Vive quien se estremece ante el misterio del otro
y se deja fascinar por las salidas del sol y los ocasos.
Vive quien se arriesga, quien se atreve a salir del molde
y no tiene vocación de cangurito, refugiado en la bolsa de la madre.
¡Feliz quien saborea el gozo de una libertad responsable y compartida!
¡Feliz quien se atreve a soñar en medio de una sociedad domesticada,
aletargada, aburrida!
Vive quien puede mirarse, cada día, al espejo, reírse de sí mismo
y decir con humor: “¡Vaya, no estoy tan mal!”.
Feliz quien sabe llorar sin victimismos.
Quien no está siempre buscando “chivos expiatorios”.
Feliz quien no se da importancia,
pero hace que otros se sientan dignos y vivos.
Vive quien descubre y se deja fascinar por lo pequeño y lo grande,
por lo cotidiano y lo inesperado, por las semillas de esperanza
y por las “podas” fecundas.
Vive quien está persuadido de que hay un futuro para todos,
futuro que ya estamos construyendo,
quien cree que ninguna de nuestras lágrimas son indiferentes para Dios.
FELIZ QUIEN HACE LIGERA LA CARGA DE LOS OTROS,
PORQUE ÉL SE ARRIESGA A VOLAR.
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VIVIR