Hay sonido a partir de la tercera diapositiva
No sé exactamente por qué he venido.
Bueno, quizás a lo de todos: a ver si Dios
hace un milagro por mis doloridas entrañas…
Señor: que me retiren la botella de suero,
que no penda mi vida de una gota salada…
Que mis seres queridos no me dejen de lado
como a una tele rota que ya no tiene arreglo…
¿Por qué, Señor, el sufrimiento? ¿Por qué la absurda
evidencia de que nunca podrás curarte? ¿No sería más
justo morirse de una vez y no prolongar esta terrible
pesadilla?
¿Por qué permites el dolor del inocente? ¿Es que
no estalla de rabia tu corazón de Padre?
¡Qué locuras vienen a mi cabeza! De pronto, empiezo
a comprender: tú no quieres la enfermedad, el dolor.
Por eso curabas a los enfermos…
Tu vida fracasó como la mía. Tu
injusta muerte rompió toda lógica
humana… Pero resucitaste al tercer
día. Y todos hemos resucitado un
poco contigo…
Puedo completar con mis sufrimientos lo que falta a tu Pasión.
Y así alumbrar mi noche con la Luz de tu Pascua…
Santa María Madre de Dios,
ruega por nosotros
pecadores, ahora, para que
descubra en mí la alegre
presencia del Dios Vivo.
Ahora y en la hora de mi
muerte, que ya no me da
miedo, porque tú estás
conmigo y me ofreces tu
Mano para el gran salto…
Nuestro cuerpo herido
chisporrotea y se consume
entre estertores. Pero la llama
que arde en nuestro interior es
luz inextinguible…
La protagonista, y
coguionista, de este relato
falleció a los pocos meses
de la realización de estas
fotografías. Ángela: tu
familia, tus amigos no te
olvidan. Tú no te olvides
de nosotros desde la Luz,
el Amor y la Alegría del
Dios Vivo…
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