¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los
demás galileos porque acabaron así?
Os digo que no; y sino os convertís,
todos pereceréis de la misma manera. Lc 13, 1-3
Somos herederos
de una antigua cultura
que vincula el mal físico
con el mal moral.
Se pensaba
que los pecadores habían
de ser castigados en esta vida
y las personas virtuosas
habían de prosperar en todo.
La experiencia desmentía esa pretendida relación
entre el pecado y la desgracia.
El libro de Job planteaba el problema de la retribución
sin encontrar una fácil respuesta.
Jesús diría que la ceguera
de un hombre no respondía
a su maldad.
Lucas recoge dos desastres:
Pilato había sofocado en
sangre unas protestas de
peregrinos galileos.
Por otra parte, la Torre de
Siloé se había derrumbado
sobre dieciocho personas.
Si hubiera una relación tan estrecha
entre el pecado y la desgracia,
muchos de sus oyentes la merecerían
más que aquellos infortunados.
Así que la suerte de los muertos
viene a recordar a los vivos
que todavía tienen un tiempo
para la conversión.
El tiempo que se nos da es la vida.
El tiempo que entregamos a los demás es el amor.
El tiempo que nos queda es el espacio
para la conversión.
Justos y pecadores vamos
por el mismo camino.
Es cierto que vamos con un estilo
diferente.
El Señor nos dirige su palabra para invitarnos
a cambiar de mentalidad, de actitudes.
“Señor, déjala todavía este año”
Esa es nuestra oración por nosotros mismos.
Presentamos al Señor nuestra peripecia,
tan frustrante muchas veces y le pedimos
un crédito de esperanza y confianza.
“Señor, déjala todavía este año”
Esa es también nuestra intercesión por la Iglesia,
por nuestra comunidad cristiana,
por nuestra familia religiosa.
El Señor conoce nuestras infidelidades.
Por su bondad nos ofrece luz y fuerza para el camino.
“Señor, déjala todavía este año”
Esa es nuestra plegaria por toda la humanidad.
Vemos signos de corrupción por todas partes.
Pero el Señor sabe que nunca faltan semillas de vida
en el mundo.
Padre de los cielos, que en otro tiempo te manifestaste
a Moisés para liberar a tu pueblo, te damos gracias
por tu misericordia que ahora nos manifiestas
en tu hijo Jesús nuestro Señor. Amén
José Román Flecha Andrés
Palabra del Señor, Salamanca , Editorial.Secretariado Trinitario,2007
Presentación:
Antonia Castro Panero
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