PALABRAS
de
VIDA
Benedictina Montserrat
Jesús no nos ofrece un código o un sistema moral,
sino que nos revela cuál es el centro de la moral y de la ética:
humanidad solidaria, felicidad compartida;
la máxima humanidad posible,
la máxima armonía y felicidad posibles
para todos los seres de la creación entera.
Lucas 16,19-31
XXVI domingo Tiempo Ordinario –C
19Había
un hombre rico que se vestía de púrpura y lino, y todos los días
celebraba espléndidos banquetes. 20Y había también un pobre, llamado
Lázaro, tendido en el portal y cubierto de úlceras, 21que deseaba saciar su
hambre con lo que tiraban de la mesa del rico. Hasta los perros venían a
lamer sus úlceras
Hay personas empobrecidas porque hay personas
enriquecidas, indiferentes ante los dramas humanos.
El peligro, y el contrasentido para quien se considere
cristiano, es la despreocupación, el no querer enterarse de
la existencia de tantos “lázaros” que necesitan una mano
tendida. ¿A quién dejo a mi puerta sin quererlo ver?
22Un
día el pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de
Abrahán. También murió el rico y fue sepultado. 23Y en el abismo,
cuando se hallaba entre torturas, levantó los ojos el rico y vio a lo lejos
a Abrahán y a Lázaro en su seno. 24Y gritó: «Padre Abrahán, ten
piedad de mí y envía a Lázaro para que moje en agua la yema de su
dedo y refresque mi lengua, porque no soporto estas llamas».
Esta parábola no nos invita a reflexionar sobre el infierno, o sobre
la credibilidad o no de las apariciones, sino sobre la necesidad de
no dejarnos deshumanizar por ningún tipo de riquezas, y de ser
personas solidarias con quien lo necesite. El consumismo
empobrece al mundo.
25Abrahán respondió: «Recuerda, hijo, que ya recibiste tus bienes durante la
vida, y Lázaro, en cambio, males. Ahora él está aquí consolado mientras tú estás
atormentado. 26Pero, además, entre vosotros y nosotros se abre un gran
abismo, de suerte que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni
tampoco puedan venir de ahí a nosotros».
Jesús insiste en su enseñanza: esta vida es para siempre, para construir
la definitiva, lo que no conduzca a ella no tiene sentido.
Es tan importante lo que hayamos hecho “Tuve hambre y me diste de comer” ,
como lo que hayamos dejado de hacer: “Tuve sed y no me disteis de beber”
El rico, con su actitud,abre un abismo que se prolonga después de la muerte.
27Replicó
el rico: «Entonces te ruego, padre, que lo envíes a mi
casa paterna, 28para que diga a mis cinco hermanos la verdad y
no vengan también ellos a este lugar de tormento». 29Pero
Abrahán le respondió: «Ya tienen a Moisés y a los profetas, ¡que
los escuchen!».
El relato se dirige a los vivos, quienes todavía tienen –tenemos- tiempo
para convertirse de la idolatría de la riqueza y de la despreocupación
hacia los demás.
Así como es necesaria la obediencia libre de la Ley, es preciso también
asumir el riesgo de la conversión y de la fe.
La Ley y los Profetas hablan de compasión. La servidumbre por la vida cómoda,
por disfrutar de los bienes materiales, endurece el corazón,
mata la compasión, destruye el espíritu.
Él insistió: «No, padre Abrahán; si se les presenta un
muerto, se convertirán». 31Entonces Abrahán le dijo: «Si
no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco harán
caso aunque resucite un muerto».
30
También hoy, a pesar de la claridad del mensaje de
Jesús, buscamos subterfugios o pedimos milagros
para evadir compromisos. Como los fariseos –”amigos
del dinero”- conocemos teóricamente y escuchamos
con frecuencia la Palabra de Jesús.
¿Transforma nuestra vida?
Señor, más de la mitad de la humanidad anda como Lázaro,
buscando las migajas que deja caer el Capital.
Todos a las puerta de los palacios y los negocios, esperando las sobras,
y Tú estás con ellos.
Estás a la puerta mendigando con los pobres
y recibiendo los portazos que ellos reciben.
Y gritas por la ventana a los mercaderes de esclavos:
Llegará un día en que lo perdáis todo. Porque al final, os examinarán del amor.
Van al templo el domingo a oír lo que ellos esperan:
que Tú has hecho ricos y pobres y que hay que ser bueno con todos,
es decir, con ninguno.
Y salen tranquilos como si ésa fuera tu voz.
Llévame contigo a las chozas de los “lázaros”, a recoger del suelo al caído
y dar un bastón al cojo, a levantar paredes y poner techos,
a preparar mesas redondas para niños desnutridos.
Llévame, no me dejes tirado/a en el camino, ahora que he llegado hasta aquí,
buscando la estrella del amor. Dime también a mí, como a aquel inválido:
¡Levántate y ponte en movimiento!
(Patxi Loidi)
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23 Tiempo Ordinario -C-