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MEDIADOR Y CABEZA, 6
Jesucristo, Rey
Cristo se presenta como Buen Pastor y Rey: “el pueblo de Dios
participa (...) en la función regia de Cristo. Cristo ejerce su realeza
atrayendo a sí a todos los hombres por su muerte y su resurrección.
Cristo, Rey y Señor del universo, se hizo el servidor de todos, no
habiendo ‘venido a ser servido, sino a servir y dar su vida por muchos’ (Mt 20, 28). Para el cristiano, ‘servir a Cristo es reinar’
(Lumen gentium 36)” (CCE 786).
La Iglesia también ha presentado a Cristo como
Legislador (nos da la Ley nueva de la gracia y
de la caridad), o como Juez (dispensa la gracia
y el perdón de los pecados, y premia con la
gloria).
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MEDIADOR Y CABEZA, 7
Dios quiso que la humanidad tuviera su principio en Adán. Éste
pecó no sólo como persona individual, sino también como cabeza
del género humano, y su acción implicaba a toda su descendencia
(cfr. Rom 5, 12-19). Cristo es el “nuevo” o “segundo” Adán.
Dios quiso que Jesucristo fuera el principio y la causa de la vida
sobrenatural de todos, el inicio de una humanidad redimida.
Adán y Cristo son principios de todo el género
humano: el primero en cuanto a la naturaleza y
al pecado, Cristo en cuanto a la salvación.
Cristo es el hombre nuevo y perfecto, superior a
Adán y a todos los hombres, el ejemplar de todos
los demás.
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MEDIADOR Y CABEZA, 8
Cristo en cuanto hombre es Cabeza del género humano. Tiene la misma naturaleza de los
hombres y es solidario con todos ellos.
Es Cabeza de los hombres porque tiene una
preeminencia sobre ellos por su plenitud de
gracia, en virtud de la cual es el más perfecto
y el ejemplar de cada uno de los hombres.
Es Cabeza del género humano porque es el principio de la gracia
de todos los hombres, el salvador de todos ellos.
El fundamento o raíz de la plenitud de gracia de Cristo hombre es
la unión hipostática: si Cristo no fuera Dios hecho hombre, no
sería Cabeza del género humano.
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MEDIADOR Y CABEZA, 9
Solidaridad de Cristo con el género humano: 1) física, de la sangre (comparte nuestra naturaleza, es hijo
de Adán); 2) moral e intencional por el amor (nace
de la libre voluntad de Jesús, de su amor, virtud que
une e identifica al amante con el amado y que hace
que las cosas del amado sean como propias; “me ha
amado y se ha entregado a sí mismo por mí”
(Gal 2, 20)).
Cristo representa a los hombres ante Dios y se ofrece por todos,
pero propiamente no nos sustituye: no decide por nosotros,
puesto que debemos arrepentirnos de los pecados e incorporarnos voluntariamente a Él como miembros suyos; y tampoco nos
ahorra en esta vida las penas del pecado, incluida la muerte.
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MEDIADOR Y CABEZA, 1