Coment. Evangelio Mt 5, 17-37
Dom. 6º T. O. Ciclo 16 A. Febrero 2014
+Jesús Sanz Montes. Arzobispo Oviedo
Música: Instrumental para orar 1
Montaje: Eloísa DJ
Avance Manual
La novedad del Evangelio no es una fosilización de
cuanto dijeron Moisés y los Profetas.
Éste era el problema de los
fariseos.
Porque en nombre de la tradición se puede caer en el
tradicionalismo, precisamente cuando las palabras que se
transmiten ya no producen vida sino aburrimiento,
no generan libertad
sino ataduras, y han
dejado de ser la
tradición viva de un
Dios vivo,
para convertirse en el
tradicionalismo
cansino de un grupo
anquilosado.
Jesús apela a la
fidelidad de la
verdadera
tradición,
pero advierte del
riesgo que se
corre en
confundirla con
el
tradicionalismo.
Jesús tras haber declarado que no se
saltará ni una tilde de la Ley,
comienza una serie de contraposiciones
muy características de su autoridad:
“habéis oído que se
dijo...
pero Yo os digo”.
Parece una contradicción,
mas no es otra cosa que la plenitud
del mismo mensaje, de toda la
revelación de Dios.
No se trata de un nuevo código de circulación
religiosa lo que Jesús enseña,
sino que presenta ejemplos muy plásticos para aquella gente,
a fin de mostrar lo que es un discípulo suyo.
Jesús presenta su
camino como una
actitud de pureza de
corazón, de libertad
de espíritu,
tanto ante el Padre
Dios como ante el
hermano hombre:
no sólo no matar, sino querer bien al otro, con y desde el
corazón, porque hay muchas maneras de matar y de odiar,
y una de ellas es la de haber dejado de amar.
Para el cristiano, no basta con no matar, hay que dar vida,
generarla;
no basta con no odiar, hay que amar.
Es la condición previa para poder acercarse a Dios,
porque inútilmente nos allegamos al altar santo cargados
de ofrendas de oficio y estereotipadas,
si nuestro encuentro
con el Señor no viene
envuelto y
acompañado con el
encuentro fraterno
con los demás.
Y lo mismo dirá respecto del
adulterio:
el discípulo cristiano no simplemente se
contenta con una integridad física,
material, de escaparate,
sino que también debe aspirar a la del corazón y a la de los
ojos, porque “quien mira a una mujer casada deseándola,
ya ha sido adúltero con ella en su interior”.
Sin duda que
Jesús sorprendía
a sus coetáneos,
por la sabiduría
de sus palabras,
por la inteligencia
en su manera de
no traicionar la
tradición.
Frente a tantos
maestros y
maestrillos, su
figura se levanta
llena de luz y
capaz de iluminar
a quien a ello
consienta:
otros dicen, otros imponen, otros...,
pero Yo os digo.
Los discípulos de hoy,
tenemos la imperiosa
necesidad de
reconocer esa Voz,
reconociéndonos
en ella, sobre
todo cuando lo
que dice es tan
diverso a lo que
otros dicen.
Sólo Él es el Maestro.
FIN
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