UN VIEJO AMIGO
Autor y Narrador
Manolo Berriatúa
La mirada dulce,
de perro acariciado.
El caminar,
cansado,
como un viejo mercancías
de aquellos,
de los de antes.
Y por fuera de los guantes
los dedos,
como queriendo escaparse.
La sonrisa peleona,
fácil,
mellada,
burlona.
El bigote casi blanco,
la fortuna...
boca abajo.
Nadie le tiende una mano
y él a todos se la tiende.
No comprende.
Y no pide casi nada:
apenas unas palabras,
sentir que no es diferente.
Le gusta hablar con la gente.
Le gustan los niños,
la luz,
las palomas,
y el rumor del mar
en las caracolas.
Eterno probador de bancos,
me dice que los hay
duros y blandos,
que algunos le esperan,
otros son infieles.
— Me hablará de bancos
o tal vez de mujeres.
Lo que tiene claro
es que en el que duerma
se han de ver brillando
millones de estrellas.
Su esperanza...
poca cosa,
unos chatos y un plato de sopa.
Y sus posesiones...
tres amaneceres
y cuatro estaciones.
Él no tiene casa,
no tiene esas cosas
que todos pensamos
que nos hacen falta.
No tiene dinero,
no tiene fachada,
pero bien adentro
tiene grande el alma.
Y si es necesario…
va y te la regala.
Su fe es el camino
que siempre le lleva
a otro nuevo sitio,
a otra nueva luna.
Y prisa…
ninguna.
Puesto que su meta
es el caminar,
para qué correr,
para qué llegar.
A veces le veo
solo por el parque.
Algunos opinan
que no hay quien le aguante
porque nunca habla
de nada importante.
Y es que no pretende
convencer a nadie
o usar sus palabras
para que otros callen.
Su futuro...
es que mañana
haga menos frío,
que la madrugada
ande de rocío
pero no de escarcha.
No entiende de lujos,
ni los necesita,
pues las cosas simples
le colman la vida.
Si acaso algún día
te cruzas con él,
no vuelvas la espalda
y si puede ser,
usa la sonrisa
en vez del desdén.
Y si crees que la suerte
le ha tratado mal,
mírale a los ojos…
te sorprenderás.
M Berriatúa
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