Historia de un alma
Su familia
Recuerdos de su madre Celia
• Dios se ha complacido en
roderame siempre de amor. Mis primeros recuerdos guardan la huella de las
más tiernas sonrisas y caricias…Pero si el Señor puso mucho amor en torno
a mi vida, se dignó también conceder a mi pequeño corazón un natural
amoroso y sensible. Amaba yo mucho a mamá y a papá…
• Recuerdo sobre todo, los paseos del domingo, en los que siempre nos
acompañaba mamá… Siento aún las profundas y poéticas impresiones que
nacían en mi alma a la vista de los trigales esmaltados de acianos y de flores
campestres. Ya amaba las lejanías… El espacio y los abetos gigantes, cuyas
ramas tocaban el suelo, dejaban en mi corazón una impresión parecida a la que
experimento todavía hoy a la vista de la naturaleza…
• Su madre fallece cuando Teresita tan sólo tenía cuatro años de edad.
Recuerdos de su padre
Luis Martín
•Me es imposible decir lo mucho que yo amaba a papá.
Todo en él me causaba admiración. Cuando me
exponía sus ideas (como si fuera ya una jovencita), le
decía ingenuamente que si dijese todas aquellas cosas a
los prohombres del gobierno, éstos, con seguridad, le
propondrían para hacerle rey, y que entonces Francia
llegaría a una felicidad nunca alcanzada…
A la muerte de
su querida madre
• El día en que la Iglesia bendijo los despojos mortales de
nuestra madrecita del cielo, Dios tuvo a bien darme otra madre
en la tierra… Luisa, dirigiéndose a Celina y a mí, dijo:
¡Pobrecitas ya no tenéis madre!... Celina se echó en brazos de
María, diciendo: ¡Tú serás la mamá! Yo estaba
acostumbrada a imitarla en todo, sin embargo, en aquella ocasión,
volviéndome hacia vos, Madre mía… me eché en vuestros brazos,
exclamando: ¡Yo quiero que la mamá sea Paulina!
Su hermana y “madre” Paulina
• En cierta ocasión le manifesté mi extrañeza ante el hecho de
que Dios no premiase con igual gloria a todos los elegidos…
Entonces Paulina me mandó buscar el vaso grande de papá
y poniéndolo junto al mío, que era pequeñito, me dijo que los
llenase de agua, y una vez hecho me preguntó cuál de los dos
estaba más lleno. Yo le contesté que estaba tan lleno el uno
como el otro… dándome a entender que en el Cielo Dios
daría a los elegidos tanta gloria cuanta fuesen capaces de
recibir y, de este modo, el último de entre ellos nada tendría
que envidiar al primero.
Desde su infancia
Inicia su “Caminito”
• Imagino que el hijo de un sabio Dr encuentra en su camino una
piedra, que le hace caer, y en la caída se rompe un miembro.
Inmediatamente se le acerca el padre, le levanta con amor y lo cura…
¡Ciertamente a ese hijo le sobran motivos para la gratitud! Pero y si el
padre conoce que en el camino hay una piedra y se le anticipa y, sin
que nadie le vea, la retira; ese hijo IGNORANDO la desgracia de la
que su padre le ha preservado no manifestará agradecimiento, pero si
llega a conocer el peligro del que se acaba de escapar, ¿no le amará
mucho más? Pues bien: yo soy esta hija.
Su vocación y su entrada en el Carmelo
de Lisieux
• Comprendí que el Carmelo era el desierto adonde Dios quería
que también yo fuese a esconderme. No fue un sueño de niña,
sino la certeza de una llamada divina.
• De pronto pensé en el pequeño Jesús, a quien tanto amaba, y
me dije: “¡Oh cuánto me gustaría llamarme Teresa del Niño
Jesús!
• A León XIII; Santísimo Padre “permitidme entrar en el
Carmelo a los quince años”.
Su vida en Comunidad
•¡Oh Amado mío, así es como se consumirá mi
vida!... No tengo otro modo de probarte mi amor
que arrojando flores, es decir, no desperdiciando
ningún pequeño sacrificio, ninguna mirada,
ninguna palabra, aprovechando las más pequeñas
cosas y haciéndolas por amor…
•Se encontró roto un vasito colocado detrás de
una ventana. Nuestra maestra, creyendo que
había sido yo la que lo había dejado caer, me lo
enseñó diciendo que otra vez pusiese más cuidado.
Sin decir nada, besé el suelo, prometiendo luego
ser más cuidadosa en adelante.
Amando, en medio del dolor y el sufrimiento
•Presiento, sobre todo, que mi misión va a
empezar; mi misión de hacer amar a Dios como
yo le amo, de dar a las almas mi caminito. Si
Dios
escucha mis deseos, pasaré
mi cielo
en la tierra hasta el fin
del mundo.
Sí, quiero pasar mi cielo
haciendo el bien en la tierra.
Al morir llovieron pétalos de rosa
•
Nuestro Señor murió en la cruz, entre angustias, y sin
embargo fue la suya la más bella muerte de amor.
• Fallece el 30/09/1897 con tan sólo 24 años, después de 2 días de agonía debido
a la tuberculosis
Texto: De “Historia de un alma, manuscritos autobiográficos
Presentación: Carlos Aitor Mariezcurrena Ponce
Colaboración especial: Ana Arrese
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