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Me hice uno con
los árboles del
bosque . . .
El Espíritu de los árboles, arbustos y plantas estaba en mí y
supe cosas desde su propia visión. Fue un sentimiento
lleno de paz pero también muy excitante…
Como árbol,
pude sentir
la energía
de la Madre
Tierra,
entrando
por mis
raíces y
fluyendo a
través de mí
hasta la
misma
punta de
mis ramas y
hojas.
Se vertió sobre las aves que anidaban en mí y las ardillas
que trepaban por mis ramas.
Sus
mensajes,
junto con la
energía de la
Tierra,
fluyeron a
través de mí
hacia el cielo
y hacia el
Gran Espíritu.
Estuve así
durante un
largo rato.
Durante ese
tiempo, se
me recordó
del poder de
los Árboles.
Los árboles
son las líneas
de vida entre
la Tierra y el
Cielo.
Los árboles anclan
a quienes viven en
ellos y debajo de
ellos, con el Gran
Espíritu.
Aún como un árbol,
era consciente de
mi ser.
Era consciente de
mi vida.
Me imaginaba creciendo fuerte y alto. Sentía mi tronco
firme y duro. Sentí mi conexión tanto con la Tierra como con
el Cielo y cómo yo era el enlace entre ellos.
Un águila aterrizó en
mis ramas. Yo le dije:
- Hermana Águila, tú
llevas las palabras del
hombre sencillo hasta
los oídos del Gran
Espíritu. Tú traes de
regreso las palabras
del Gran Espíritu a
aquellos que tienen
oídos para oír.
¿ Qué tienes que
decirme hoy ?
La Hermana Águila
respondió:
- ¿Qué puede un
árbol decirle a la
gente del mundo?
Ellos no te
escuchan.
Ellos no oyen tus
palabras.
Ellos no saben que
tienes voz.
Le dije al Águila que
algunos sabían. Ella
dijo:
- Yo y mis hermanas
hemos hablado a los
árboles desde tiempo
infinito, trayendo las
palabras del Gran
Espíritu.
¿Alguno las ha
escuchado?
¿Alguno ha pedido a los
árboles que hablen?
Con esas palabras, voló
alejándose.
En seguida una lechuza aterrizó en mis ramas. Le dije:
- Hermana Lechuza, tú traes los misterios de la noche a la
gente del mundo. Tus ojos son astutos y pueden ver a
través de la oscuridad. Díme, por favor, ¿qué ves a través
de la oscuridad que te rodea?
La Hermana Lechuza
dijo:
- Aún en la oscuridad
el Gran Espíritu está
observando y se
preocupa por sus
niños. El les envía
mensajes para que
puedan aprender y
crecer en felicidad y
prosperidad. Yo le
traigo esos mensajes
a los árboles, ellos se
los llevan a aquellos
que viven debajo de
ellos. ¿Alguien los ha
escuchado ?
La Lechuza se alejó
volando
Mi espíritu cambió de
forma y ya no era
más un árbol. De
nuevo fui yo mismo.
Levanté la mirada y
estaba sentado
debajo de un árbol.
”Hermano Árbol” le
dije- “Enséñame.
Quiero escuchar tus
palabras.”
Las ramas del árbol
sobre mi cabeza
ondularon en la
brisa y una nuez
cayó del árbol.
Aterrizó cerca de
mí. La recogí y
agradecí al árbol.
Entonces tuve otra
visión….
Vi una tierra
con los
enormes
árboles-gente.
Parecían
como árboles
pero
caminaban y
caminaban y
tenían
familias.
Yo era un coyote, que corría entre ellos.
Un árbol se inclinó
sobre mí y me llevó
hacia arriba. Acarició la
parte trasera de mis
orejas de animal y dijo:
-Nosotros los árboles,
somos como las
puntadas de una tela,
mantenemos unidas las
partes de la tela que
viste a la Tierra.
Si quitan demasiadas puntadas, la tela se
rasgará y se desunirá.
El movió mi cuerpo y me convertí en una babosa. Me puso
sobre su corteza y me movía lenta pero constante. Me sentía
feliz siendo una babosa sobre este gran Espíritu-Árbol.
-“Cada árbol tiene
un mensaje.
Para escuchar ese
mensaje, párate
entre nosotros y
abre tu corazón.
Estamos
esperando para
contártelo.“
Mi visión terminó.
Cuando desperté,
pensé:
“Conozco el
mensaje de los
árboles.
¿Por qué habré
tenido esa visión?”
Entonces salí y me senté bajo los árboles cerca de mi
casa. Pude sentir su espíritu en torno mío. Me llenó y
comprendí algo que no sabía antes…
Hay incontables mensajes en los árboles…
Ningún hombre puede conocerlos todos…
Siempre tenemos espacio para aprender de ellos.
Ansié ser esa humilde babosa de nuevo. Para trepar por la
corteza de un árbol, lenta pero constante y no tener
preocupaciones.
FIN
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