“ A vosotros os llamo amigos, porque todo
lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido;
Jn 15, 12-16
soy yo quien os he elegido”.
No es fácil hablar del amor.
Sólo quienes viven de airear sus peripecias
amorosas parecen haber perdido el pudor.
Y sin embargo, el pudor es la defensa
de la intimidad y de la libertad personal.
No se expone en la plaza el milagro de ternura
que supone el sabernos amados por alguien.
Amar es saber que alguien
cuenta con nosotros.
Hemos nacido del amor.
Y hemos nacido para el amor.
En el evangelio de hoy,
Jesús habla del amor.
Sabe él que aun las personas
más despegadas de los demás,
aspiran a vivir un amor grande.
Y sabe que no es fácil encontrar la medida
para calcular la cantidad y la calidad del amor.
Jesús nos ofrece
una medida para calcular
la calidad de su amor
y el nuestro:
“ Nadie tiene amor
más grande
que el que da la vida
por sus amigos”.
Jesús había dicho a los suyos:
Se trataba de un mandamiento:
el suyo, propio y característico.
El amor ahora se presentaba
como el testamento último del Señor.
Amarse unos a otros es una aventura
de universalidad y totalidad.
No se cumple cuando uno se limita a
“ser buen amigo de sus amigos”.
Eso lo hacen también los paganos.
Y hasta los animales.
Amar como él amó.
Esa es la medida
del amor cristiano.
Seremos cristianos
los que amemos como él:
es decir hasta la muerte.
Señor Jesús, ayúdanos a permanecer fieles
al amor que tú nos has manifestado y con el que esperas
que amemos a los demás. Amén. Aleluya.
José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca
Presentación: Antonia Castro Panero
Música: Relajación con violines
Descargar

Diapositiva 1