Creado por:
Lilly Medina <(lll><
[email protected] –
http://lillymedina.autorcatolico.org
Dios Padre se apiadó de nosotros a causa de la inmensa
misericordia con que nos amó.
Estando
nosotros
muertos por los
pecados, nos ha
hecho vivir con
Cristo, para que
gracias a él
fuésemos
una nueva
creatura,
una nueva
creación.
¡Alégrense, puesto que se acerca la victoria; regocíjense,
puesto que se les invita al perdón; anímense, ya que se les
llama a la vida!
El Hijo de Dios, al cumplirse la plenitud de los tiempos,
establecidos por los designios divinos, asumió la naturaleza del
género humano para reconciliarla con su Creador. Nuestro Señor
Jesucristo, destructor del pecado y de la muerte, ha venido para
liberarnos a todos.
¡No puede haber lugar
para la tristeza,
acaba de nacer
la vida; la misma
que nos infunde
la alegría de la
eternidad
Prometida!
Con el nacimiento de Jesús
florece de nuevo el árbol de la vida en
el desierto de la humanidad.
Por eso, cuando nace
el Señor, los ángeles
cantan jubilosos:
¡Gloria a Dios en el
cielo, y en la tierra paz
a los hombres que
ama el Señor!
Pues están viendo cómo
la Jerusalén celestial se
construye con gentes de
todo el mundo.
¿Cómo no habrán de
alegrarse los hombres
con tal acción de piedad
divina, cuando tanto se
entusiasma la sublimidad
de los ángeles?
En el Hijo de
la Virgen,
envuelto en
pañales y
acostado en
un pesebre
reconocemos
y adoramos
“el pan
bajado del
cielo”
¡Belén!
Ciudad donde
nació Jesús, en
lengua hebrea,
significa
“casa del pan”.
Allí, pues,
debía nacer el
Mesías, que
más tarde diría
de sí mismo:
(Juan 6,41.51),
el Redentor
venido a la
tierra para dar
la vida al
mundo.
“Yo soy el pan
de vida”
(Jn 6,35.48).
Jesús entró en la
historia de cada
persona que vive sobre
la faz de la tierra.
Ya está presente en el
mundo como único
Salvador de la
humanidad.
¡Frágil Niño que estás
indefenso en el pesebre
te reconocemos como
Jesús, Pan de Vida,
como nuestro único
Dios y Señor,
como nuestro
Mesías y Salvador!
«En la
plenitud de
los tiempos,
te hiciste
hombre
entre los
hombres,
para unir
el fin con
el principio,
es decir,
al hombre
con Dios»
(San Ireneo)
En Belén nació Jesús, Aquél que, bajo el signo
del pan partido, dejaría el memorial de la Pascua.
Por esto, la adoración del Niño Jesús, en esta Noche
Santa, se convierte en adoración eucarística.
Y tú, María, Virgen de la espera que conservas el
secreto de la Navidad, haznos capaces de
reconocer en el Niño, que estrechas en tus brazos,
al Salvador anunciado,
que trae a todos
la esperanza
y la paz.
¡Contigo lo
adoramos!
Te adoramos, Señor,
presente realmente
en el Sacramento del altar...
Pan vivo que das vida al hombre.
Tenemos necesidad de ti,
Redentor del hombre, que
conoces las ansias de
nuestro corazón.
¡Ven y
permanece
con nosotros,
Señor!
¡Acuérdate de nosotros, Hijo eterno de Dios!
¡Quédate con nosotros,
Pan vivo bajado del Cielo
para nuestra salvación!
¡Que la
alegría de
la Navidad
llegue hasta
los últimos
confines
del
universo!
Creado por: Lilly Medina <(lll><
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