“…para vivir como anacoreta, solitario o ermitaño, no
necesitaba de edificios que presto iban a desplomarse;…pues
creía hallar en toda la extensión de la tierra bastantes grutas
y cavernas para fijar en ellas mi morada”
(Francisco Palau, VS 2, 10).
En Aitona, todos los aitonenses coinciden en afirmar que
entre 1836-1837, libre de su labor parroquial, el
P.Palau se trasladaba a una cueva, distante poco más de
dos kilómetros del pueblo, donde pasaba la noche en
oración y que dormía en ella sobre una gran piedra plana.
En Escritura fechada el 8 de agosto de 1846
Juan Palau y Quer, hermano del P.Palau, aceptaba la
donación libre y total de la hoy llamada <<Cueva del
Padre Palau>>, junto con el terreno montañoso e
inculto que la rodea, por parte de su dueño Cayetano
Calzada y Perandreu, natural de Aitona, quien hizo la
donación de la cueva y de un terreno. Hizo también
donación del camino de acceso a la gruta,
camino que atravesaba sus tierras.
Su hermano Juan vivió en la cueva
de Aitona una vida de oración
y retiro, tal cual la practicó su
hermano.
El P.Palau, junto a su hermano Juan, edificó la
fachada con la ayuda de algunos vecinos aitonenses. El
alcalde Quer y otros costearon las puertas y la reja
del ventanuco. Se distribuyó el local en “tres celdas”
y un pequeño corral. Mientras trabajaban, cantaban,
rezaban, algunos se confesaban.
El 14 de agosto de 1846,
víspera de La Asunción, fiesta de
tanta raigambre en Aitona, los jóvenes
acudieron en masa a confesarse hasta
el punto de que el P. Palau hubo de
estar confesando hasta la una de la
mañana siguiente, en que bajaron en
procesión con el objeto de oír Misa y
recibir la Comunión.
<<Mi padre me relató que el P. Palau
vivía en una cueva que estaba a dos
Kilómetros del pueblo…, y dormía en el
suelo y tenía por almohada una piedra.
Allí confesaba a los jóvenes, que
invitaba él por barrios. Mi padre fue
también a confesarse y por el camino
iba rezando el rosario con un
compañero suyo. En el pueblo todos
tenían al P. Palau por un santo; y le
invocan y piden su intercesión>>
“…varios hombres en Aitona, después de unas
predicaciones contra la blasfemia y profanación de
fiestas, que hizo el P. Palau, despechados, querían
matarle; y efectivamente un grupo de tres o cuatro
fueron a la cueva del P. Palau, pero antes de llegar sólo
uno se atrevió a llegar hasta la cueva, pues los demás
sintieron remordimientos.
El más osado llegó a la cueva y, al preguntarle el P.
Palau qué quería, él le contestó que quería matarle. El
P. Palau le dijo tranquilamente: <<Bueno, pero primero
confiésate>>. Y comenzó el: <<confiteor…>>. El asesino
quedó pasmado y se arrodilló y se
confesó, luego, por encargo del Padre
lo manifestó a los demás diciéndoles
que fueran también a la cueva,
pues el Padre los llamaba…”
veces que, cuando se
confesaba con él, se hacía
cargo que se confesaba
con un santo, y por esto
quedaba más satisfecho…”
“Mi padre, hoy difunto,
me había contado varias
veces, de noche, iba
desde su finca a la
cueva del P. Palau en
Aitona, y se confesaba.
Y me repetía varias
En la cueva, el P. Palau, realizó una fecunda
tarea de índole espiritual y apostólica, muchas
personas que acudían a él, frecuentemente se iban de
allí confortados y experimentando un cambio en sus
vidas por las palabras que les dirigía, enraizadas en
el Evangelio y en un verdadero espíritu de oración.
Las gentes venían de lejos a buscarle y el
pueblo de Aitona sufrió una profunda transformación.
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Diapositiva 1 - Cova del Pare Palau