CAPÍTULO XXXV OTRA VEZ LA
GUERRA: PICARDÍA,
CHAMPAÑA, ISLA DE FRANCIA
Alertaba el espíritu religioso
de Vicente
"Guerra por
todas partes,
miseria por
todas partes"
Para castigar los pecados
de los hombres.
Los misioneros, por su negligencia y sus
omisiones, eran también culpables de que
los pobres sufrieran por su ignorancia y sus
pecados.
arzobispo de París dispuso que ayunaran
diariamente dos sacerdotes o clérigos y dos
hermanos. Él mismo lo hacía así cuando le
tocaba su turno
Vicente se las hacia también a las damas e Hijas
de la Caridad y a todas las personas devotas que
conocía.
Movilización universal
La oración era
sólo el
comienzo.
En movimiento la
máquina
caritativa.
Convocar a las
damas de la
Caridad.
surgieron iniciativas
caritativas
Los jansenistas de Port Royal
la compañía del Santísimo Sacramento
Otra vez la propaganda
Imprimieron
hojitas volantes
La redacción de
Carlos Maignart de
Bernières
Ocho páginas
4.000 ejemplares
Todo París
Parroquias
Lugares donde debían
depositarse las
limosnas
favor de
damnificados
Domicilio
Damas de la Caridad
Vicente en persona
Caballeros caritativos
donativos en
especie o en
metálico
16.000 libras
"El hermano Juan Parre está encargado
de distribuir las limosnas"
La asistencia
inmediata a los
pobres
Reparto de
limosnas
Incumbía a
los
misioneros
Dieciocho entre
padres y
hermanos
P. Berthe.
200 las localidades
atendidas y visitadas
P. Alméras
Juan Parre
Roma votos
Picardía
Champaña
"Revista general"
La situación general
Acompañamiento de daños, violencias,
incendios, tala de cosechas, sacrilegios,
crueldades y abusos de todo género,
privándolo de sus recursos naturales.
La consecuencia más palpable, fue el
hambre, enfermedades, entradas de la
roña, la necesidad, la disentería o las
fiebres de todo tipo. El resultado global
era la matanza; tan elevada en ciertos
casos, que faltaban brazos para enterrar
los cadáveres.
Distribución
Sopa, vestidos,
medicinas,
herramientas,
sepulturas
misioneros piadosos
voluntarios, Hijas de
la Caridad
Recetas
pan, carne y verduras
Disentería
polvos
Labranza
Grano para la siembra
las sangrías
Hijas de la Caridad
Iniciaron otro trabajo
Asistencia sanitaria en
los hospitales militares
"Vosotras vais a la
guerra para reparar
los daños"
Gratitud
Desgraciados socorridos
Recibió
mensajes de autoridades
y particulares
"Padre de la patria"
Vicente de Paúl
Los concejales de Rethel, lugartenientes
generales de San Quintín y Rethel, el
bailío y el cabildo de Reims, los
párrocos de muchos pueblos,
Balance incompleto
Damas de la Caridad
Enviado y repartido
a los pobres
348.000 libras,
Rinden cuentas de los gastos
A 19.500 libras
La
reacción
de París
No sólo Vicente de Paúl, sino todas las
órdenes religiosas, todos los estamentos
civiles y eclesiásticos, las asociaciones
piadosas, los gremios de comerciantes y
artesanos y los particulares colaboraron en el
alivio de la catástrofe.
El almacén de la caridad,
"esa santa economía"
Cristóbal du Plessis,
barón de Montbard
• Señora de Bretonvilliers,
•Isla de San Luis, en el palacio de Mandosse.
La asistencia a
damnificados
confió a los religiosos
Los capuchinos, los sacerdotes de Saint
Nicolas du Chardonnet , los jesuitas, los
picpusianos, los carmelitas descalzos los
dominicos reformados, los sacerdotes
del P. Charpentier, los recoletos.
Intensificó toda clase de
obras de misericordia
"Así quiere Dios que
participemos en tan
santas empresas"
San Lázaro
Potaje dos veces al día a
cerca de 800 pobres
En las zonas del campo confiadas a los misioneros, el
trabajo fue todavía más agotador. Étampes fue una de
las zonas más castigadas. En enero de 1053 se decía:
Lo peor de Étampes era la enorme mortandad causada
"En Étampes hay
por los repetidos asedios y las epidemias. Las calles
demasiados pobres" estaban llenas de cadáveres de hombres y animales en
lamentable mezcolanza. La epidemia se cobró pronto
víctimas entre los mismos misioneros. En julio de 1652
murió el P. David.
"Una carreta de tres caballos"
Los cinco primeros misioneros
cayeron enfermos
Reexpedirlos a San Lázaro
Palaiseau
San Lázaro una carreta cargada de víveres
Curiosidad de los centinelas de las puertas
de París.
"Para los pobres no
hay que ahorrar
nada"
Las sumas de dinero y víveres gastadas por Vicente de
Paúl durante más de veinte años de continua asistencia
a las regiones devastadas. Tampoco es lo más
importante. Vicente despilfarraba sus bienes para el
servicio del prójimo. En su conducta y en su doctrina
era literalmente verdadera la máxima de que el dinero
de la compañía era el dinero de los pobres. "No ahorre
nada para salvar la vida de los pobres enfermos".
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