Oramos por la catástrofe de Haití
Música:12 Stolen Eyes
Julia Merodio
¡¡Es demasiado, Señor!
Nuestra mente
no puede dar crédito
a las imágenes
que nos muestran.
Es imposible
seguir mirando
sin bajar los ojos.
Mires donde mires
te topas con el dolor.
Y, Señor,
¡hay allí tantas
clases de dolor!
Allí está el sufrimiento
del que grita.
El sufrimiento
del que intenta huir.
El sufrimiento
del que duda,
del que se revela,
del que no acepta
lo que está pasando.
El sufrimiento,
de los que son
arrasados, sin piedad,
por la espectacularidad
de la catástrofe…
Está, el sufrimiento
de los familiares que ven,
impotentes, como devora,
la tragedia,
a sus seres más queridos.
El de las madres
al desprenderse
de sus hijos.
El dolor
de los supervivientes
ante la tragedia.
La impotencia cuando
el desastre se va calmando.
El miedo a lo que podría
volver a suceder.
La búsqueda de vida
donde sólo
se vislumbraba muerte…
¡Qué abanico
de realidades encierra
lo que está sucediendo!
La mente humana,
con todo lo que tiene
de grandiosidad,
no puede llegar a asimilar
la magnitud
de la catástrofe.
¡Qué multitud
de sentimientos despliega
nuestro corazón herido!
¡Qué impotencia,
qué dolor!
Y Tú los sientes todos, Señor.
Porque Tú, has sufrido en vivo y en indirecto,
demasiadas catástrofes.
Tú, viste, temblar la tierra, desde la Cruz.
Tú, Señor, estás en cada uno de los damnificados,
aunque a nosotros nos sea imposible reconocerte.
Tú sufriste en tu cuerpo y en tu alma
todos los sufrimientos del mundo para que nadie
pueda decir que se siente solo en su dolor.
Tú diste sentido, al sinsentido, a la impotencia,
a la humillación, al tedio, al miedo, a la duda,
a la soledad, a la cobardía, a la desesperanza.
Tú diste sentido a la huída, al desprecio,
a la incoherencia.
Tú convertiste lo negativo en positivo,
lo insoportable en sublime, lo perecedero en inmortal.
Por eso te pedimos, con fuerza Señor,
que ahora hagas posible lo que para nosotros es…
totalmente imposible.
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El Gesto Supremo