Miguel-A.
“¡Nunca
llegues
tarde!”
Al Padre Pascual le estaban
haciendo una cena de
despedida tras 25 años de
trabajo en la Parroquia. Para
dar un breve discurso inicial en
el evento, había sido invitado
un afamado político, miembro
de la comunidad parroquial.
Pasada media hora del inicio
previsto, como el político
tardaba en llegar, el sacerdote
decidió pronunciar unas
palabras él mismo para rellenar
el tiempo de espera:
- Mi primera
impresión de la
Parroquia -dijo el
sacerdote- la tuve
con la primer
confesión que me
tocó escuchar. Por
un momento, pensé
que el Obispo me
había enviado a un
lugar tan terrible
como el infierno...
- La primera persona que se
acercó al confesonario -añadió el
sacerdote- me dijo haber robado
un televisor en una tienda de
electrodomésticos... que había
quitado dinero a sus padres bajo
amenazas... que había robado en
la empresa donde trabajaba,
además de tener aventuras
sexuales con la esposa de su jefe.
También se acusó de tráfico y
venta de drogas. Y para finalizar,
confesó que había violado a su
propia hermana. ¡Me quedé
asustadísimo! Pero con el paso
del tiempo, he visto que no eran
todos así. He visto una parroquia
llena de gente responsable, con
valores, comprometida con su fe.
¡Y así he vivido los 25 años más
maravillosos de mi sacerdocio!.
Justamente en este
momento llegó el citado
político. Por lo que se le dio
la palabra. Por supuesto,
pidió disculpas por llegar
tarde, y empezó a hablar
diciendo:
- ¡Nunca podré olvidar el
primer día que llegó el Padre
Pascual a nuestra
Parroquia...!. De hecho, yo
tuve el honor de ser la
primera persona que se
confesó con él...
Moraleja: ¡Nunca
llegues tarde!. ¡La
puntualidad es un
hábito valioso!.
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