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Hay ocasiones en que
el ejecutivo exitoso
debe señalar errores y
corregir a los que
trabajan para él.
Ello es un verdadero
arte, y un aspecto en
que se quedan cortos
la mayoría de los
aspirantes a dirigir.
Hace poco conversaba de
este tema con Walter
Johnson, vicepresidente de
American Airlines.
Hablamos de la gran
necesidad que hay de crítica
y de lo mucho que puede
ayudar.
Me explicó: «Podemos ver
un buen ejemplo de crítica
eficaz en el caso de un
piloto que se dispone a
aterrizar. Con frecuencia
tienen que corregir desde
la torre de control su forma
de volar.
Si está desviado de su rumbo, el controlador no vacila en
decírselo. Si viene demasiado bajo, se lo dice. Si va a pasarse
de la pista, lo corrige. Pero jamás he visto que uno de
nuestros pilotos se ofenda por esas críticas.
Ninguno dice: “Ah, fulano siempre me encuentra alguna
imperfección. ¿Cuándo me va a decir algo bueno para variar?”»
No olvide que la crítica tiene
por objeto lograr un buen
resultado tanto para la
aerolínea como para el piloto.
El controlador de vuelo no
corrige formas de ser. No
recrimina. No pregona su
corrección por los altavoces; el
piloto lo escucha en privado
con auriculares. Se critica la
acción, no a la persona.
El controlador no dice: «¡Qué estupidez, a quién se le ocurre
descender así!», sino: «Viene demasiado bajo».
Al piloto no se le dan instrucciones para complacer al jefe.
Tiene un interés personal en aceptar la crítica y beneficiarse de
ella. No se ofende; en realidad, lo aprecia. Le darían más ganas
de invitar a cenar al controlador que de insultarlo.
Y lo importante es
que tanto el piloto
como quien lo
dirige logran algo
provechoso.
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Corregir sin criticar parte 1