EDUCRETUAVENTURA
Presenta…
LA LAGUNA DEL CHORRO
Cuento basado en el relato de Carmen Gil, Buena Tinta, año 2010
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para jugar
- Una
aventura
gráfica para
tercer ciclo de
primaria en
EDUCREA -
En la selva de la laguna del Chorro reinaba Su Majestad, el
monarca León VII. Era un rey justo y todas las decisiones las
llevaba a cabo escuchando a sus súbditos y a sus más sabios
expertos por lo que nadie podía cuestionarlas.
Un buena mañana,
León VII estaba muy,
muy triste y Fermín, el
ratoncillo , se debatía si
acercarse a él o
continuar con sus
tareas del día.
Acercarse a León
VII
Decide qué hacer:
Seguir con las tareas.
Si León está triste es
que lo merece.
Fermín dejó a León VII llorando y continuó su camino
hasta la laguna. Cuando llegó vio que la laguna se
estaba transformando en un charco minúsculo de
barro. Multitud de animalitos estaban tristísimos allí
también.
Preguntar a León
VII
Seguir el camino
- ¡Malos días nos esperan Fermín. Del
manantial de la laguna no brota nada y la
laguna se está secando! – decía mientras se
secaba las lagrimitas con su enorme zarpa- No
sé que vamos a hacer. Todos necesitamos del
agua y no sólo para beber.
Continuar
escuchando con
atención
Contestar a León que cada
cual resuelva sus problemas
por sí mismo.
- Me paso horas y horas peinando mi melena y
necesito el reflejo de las aguas para poder
domarlo y seguir siendo el Rey.
Preguntar a León
cuál ha podido
ser el problema
Preguntar a León
por qué necesitan
los demás animales
la laguna
- Podrías pensar que los animales de la selva desperdician
el agua, - respondió con seriedad - pero no es así ya que
puse una ley muy seria para los que lo hacían ya que, como
bien sabes, es un bien que hay que cuidar. El principal
problema es que no cae una gota desde hace 5 días y
ninguno de los sabios sabe el porqué.
Contestar a León
que vas a volver a la
laguna para ver que
hacer
Contestar a León que
ha sido un mal
monarca y que vas a ir
a otro lugar de la selva.
- Fermín - suspiró el león -, aunque pequeño,
tienes un enorme corazón. Ves y pregunta a tus
vecinos, ellos te dirán.
Fermín, agradecido por el cumplido de León VII marchó por los sinuosos caminos
de la selva. Palmeras enormes ocultaban la tímida luz del sol y algo confuso llegó
a una encrucijada y no recordaba bien qué camino seguir
Seguir camino de
la derecha
Seguir camino de
la izquierda
“Hip, hip, hip” sonaba entre las copas de la
jungla. “hip, hip, hip”, más fuerte.
Fermín asustado no sabía qué hacer…
Preguntar en voz alta:
- Hola, ¿necesitas
ayuda?
Huir de allí
De entre unas tupidas plantas saltó el cuervo Doro, el
ave más rica de la selva. Doro llevaba toda su vida
volando a las poblaciones cercanas para apoderarse de
cuantos objetos brillantes encontraba. Eran tantas sus
riquezas que ya no cabían en el hueco del viejo tronco
donde vivía.
- ¡Vaya susto me has dado! exclamó Fermín – ¿Se
puede saber qué te pasa?
Acercarse
para hablar
- Todos los días, cuando me levanto hipo sin
parar - respondió Doro - siete buches “hip” de
agua de la laguna necesito para parar mis
ataques de “hip” hipo.
Yo tengo la
solución. Me darás
toda tu fortuna y
te curaré
- Ahora - continuó entre
sollozos - ninguna de mis
riquezas “hip, hip” puede
ayudar a consolar mi
tristeza.
Me gustaría ayudarte. Puede que
necesite tu ayuda más tarde. ¿Podrías
indicarme el camino hacia la laguna?
- Creo que pretendes timarme “hip, hip”, ¿cuáles
son tus intenciones? - grazno Doro - con un gesto
de desconfianza. Lo mejor que puedes hacer es
marcharte de aquí muy, muy lejos.
Fermín, avergonzado,
corrió entre la jungla
escapando de los
picotazos de Doro que
al cabo de un rato le
perdió la pista.
Continuar el cuento…
PINCHA
- Continúa el sendero recto y llegarás “hip” sin problema.
Lástima que no caiga una gota “hip, hip” de la cascada,
desde aquí hace días se escuchaba el agua “hip” caer sobre
las rocas.
Seguir el
sendero
Después de dar las gracias, el ratoncillo Fermín se
alejó unos pasos. Luego se dio la vuelta y a la
distancia levantó la mano para volver a despedirse
con un gesto. Doro le devolvió el saludo y se subió
a lo alto de un grueso tronco que debía ser su
casa.
Ante los ojos de Fermín la laguna presentaba un aspecto muy triste. En lo alto de la roca
desde donde brotaba el manantial no caía ni gota y un lodazal cada vez más seco aliviaba del
calor a unas ranitas que croaban de tristeza sin parar. Multitud de animalitos estaban
apenadísimos también esperando un milagro.
De repente se escuchó un gran estruendo. “Boom, boom, boom” sonaba y tras el temblor le
siguió un “bruuun, bruuummm” de piedras rodando por las laderas de la montaña. Después
se hizo el silencio pero ninguna gota brotó de la roca donde manaba el agua.
Preguntar a las ranitas
si saben quién ha
podido producir tal
estruendo.
Buscar el origen del
primer temblor
- ¡Cro, cro, cro!, es Baldomera, la elefanta. Sigue aquel sendero y
toparás con ella.
Baldomera era famosa por su fuerza. De un trompazo derribaba
siete árboles sin ni siquiera pestañear. Con una patada, conseguía
que cayeran los cocos de las palmeras en siete kilómetros a la
redonda. una buena ducha. ¡Y lo hacía a cada instante!
- No tengas ningún miedo - exclamó la ranita más pequeña- pues, a
pesar de su carácter, es muy amigable.
Seguir el
sendero
En medio del camino estaba Baldomera, la elefanta más
famosa de la selva, su enorme envergadura le hacía ser el
animal más fuerte de la selva. Entre sus hazañas cuentan
que con sus pisotones logró ahuyentar a una manada de
hienas que pretendían hacerse únicos dueños de la laguna.
- Hola, no me
conoces, - dijo soy Fermín y
vengo a resolver
por qué
misteriosamente
no da agua el
manantial de la
laguna.
- Puedo ayudarte pero
antes deberás usar tu
fuerza para destronar al
rey León VII y hacerme rey
de la laguna.
- Dime qué te
apena
- ¡¡¿Tratas de traicionar a nuestro Rey?!! – barritó
Baldomera muy enfadada - Eso no está nada bien
porque él hace muy bien su trabajo. Lo mejor que
puedes hacer es marcharte de aquí muy, muy
lejos.
Fermín, avergonzado,
corrió entre la jungla
escapando de los
pisotones de Baldomera
que al cabo de un rato le
perdió la pista.
Continuar el cuento…
PINCHA
- Soy inmensamente feliz. Sólo hay algo que me impide disfrutar
plenamente: ¡el calor! Es tan terrible la sensación de calor en la selva –
barritó desesperada - que no paro de sudar. Sólo me alivia llenar mi
trompa con agua de la laguna del chorro.
VOLVER A LA
LAGUNA
- No te preocupes, – le respondió Fermín - , Daré con la solución pero
puede que necesite tu ayuda más adelante.
En la inmensidad de la jungla se escuchó un gran
estruendo. “Boom, boom, boom” sonaba y tras el
temblor le siguió un “bruuun, bruuummm” de
piedras rodando por las laderas de la montaña.
Fermín asustado no sabía qué hacer…
Preguntar en voz alta:
- Hola, ¿necesitas
ayuda?
Huir de allí
En medio del camino estaba Baldomera, la elefanta más
famosa de la selva, su enorme envergadura le hacía ser el
animal más fuerte de la selva. Entre sus hazañas cuentan
que con sus pisotones logró ahuyentar a una manada de
hienas que pretendían hacerse únicos dueños de la laguna.
- Hola, no me
conoces, - dijo soy Fermín y
vengo a resolver
por qué
misteriosamente
no da agua el
manantial de la
laguna.
- Puedo ayudarte pero
antes deberás usar tu
fuerza para destronar al
rey León VII y hacerme
rey de la laguna.
- Dime qué te
apena
- Soy inmensamente feliz. Sólo hay algo que me impide disfrutar
plenamente: ¡el calor! Es tan terrible la sensación de calor en la
selva – barritó desesperada - que no paro de sudar. Sólo me alivia
llenar mi trompa con agua de la laguna del chorro
- No te preocupes, – le respondió Fermín - , Daré con la solución
pero puede que necesite tu ayuda más adelante. ¡Ah! Por cierto…
- Estoy algo perdido,
¿podrías indicarme
el camino a la
laguna?
- Continúa el sendero recto y llegarás sin problema a la
laguna. Lástima que no caiga una gota de la cascada,
desde aquí hace días se escuchaba el agua caer sobre las
rocas.
Después de dar las
gracias, el ratoncillo
Fermín se alejó
unos pasos. Luego
se dio la vuelta y a
la distancia levantó
la mano para volver
a despedirse con un
gesto. Baldomera le
devolvió el saludo y
se sentó en tumbó
en medio del
camino a descansar.
Seguir el
sendero
Ante los ojos de Fermín la laguna presentaba un aspecto muy triste. En lo alto de la roca desde
donde brotaba el manantial no caía ni gota y un lodazal cada vez mas seco aliviaba del calor a unas
ranitas que croaban de tristeza sin parar. Multitud de animalitos estaban apenadísimos también
esperando un milagro.
En la distancia se escuchó un misterioso sonido. “Hip, hip, hip” sonaba y tras unos segundos se
repitió más fuerte “HIP, HIP, HIP”. Después se hizo el silencio, Fermín observó la roca, pero ninguna
gota brotó de la grieta donde manaba el agua.
Preguntar a las ranitas
si saben quién ha
podido producir ese
sonido.
Buscar el origen del
sonido sin preguntar.
- ¡Cro, cro, cro!, es Doro, el cuervo más rico de la
selva. Sigue aquel sendero y toparás con él.
Seguir el
sendero
- No tengas ningún miedo - exclamó la ranita más
pequeña- habla con él y te explicará de donde
procede el misterioso sonido, es muy amigable.
De entre unas tupidas plantas saltó el cuervo Doro, el
ave más rica de la selva. Doro llevaba toda su vida
volando a las poblaciones cercanas para apoderarse de
cuantos objetos brillantes encontraba. Eran tantas sus
riquezas que ya no cabían en el hueco del viejo tronco
donde vivía.
- ¡Vaya susto me has dado! exclamó Fermín – ¿Se puede
saber que te pasa?
Acercarse
para hablar
- Todos los días, cuando me levanto hipo sin
parar - respondió Doro - siete buches “hip” de
agua de la laguna necesito para parar mis
ataques de “hip” hipo.
- Yo tengo la
solución. Me darás
toda tu fortuna y
te curaré
- Ahora - continuó entre
sollozos - ninguna de mis
riquezas “hip, hip” puede
ayudar a consolar mi
tristeza.
- No te preocupes. Daré con la solución
pero puede que necesite tu ayuda más
adelante.
El ratón Fermín, se sentía a veces el ser más pequeño e insignificante pero
esta vez se sentía importante viendo la confianza que habían depositado,
León VII, Barlomera y Doro.
Observando la fuente se acercó tímidamente a la pared de la roca. Trató de
escalar hasta la grieta; pero la pared, desgastada por la erosión del agua,
le impedía subir muy alto.
Volver a
intentarlo
Pedir ayuda a
Baldomera
Fermín intentó subir solo pero cuando estaba a
punto de alcanzar la cumbre resbaló y cayó
desde las alturas hasta el pequeño charco
embarrado donde afortunadamente ya no
estaban las ranitas. Fermín no se mató pero si
tuvo que pasar una temporada con una patita
rota. Suerte que los amigos que conoció en
este cuento le ayudaron mucho.
Baldomera alzó a Fermín hasta la misma grieta.
Como era tan menudo, se introdujo entre las
grietas de la roca y descubrió que una corteza
había taponado la fuente natural. Fermín se le
ocurrió una idea.
Pediré ayuda a Doro, quizás
tenga una lima que pueda
desgastar esta corteza.
Roeré con mis afilados
incisivos y así liberaré el
agua.
Fermín empezó a roer y a roer pero cuando
estaba a punto de desgastar la corteza se
partió un diente. Fermín tuvo que bajar y
pedir ayuda para que le curaran. Suerte que
los amigos que conoció en este cuento le
ayudaron mucho. Cuando se curó trató de
intentarlo de nuevo.
INTENTARLO DE NUEVO
Doro buscó en el hueco de su árbol y entre
todos sus objetos encontró una lima muy
brillante y afilada. El ratón humildemente, se
puso a desgastar la corteza poco a poco hasta
que…
¡El agua volvió a brotar! Y al pobre casi se lo
lleva por delante!
PINCHA
Fermín vio cómo la laguna se llenaba de nuevo, y se sintió el ser más afortunado del mundo.
Así fue como un pequeño ratón solucionó un problema enorme, Y es que todos, por
insignificantes que a veces nos sintamos , tenemos un papel importante que desempeñar en
el mundo.
FIN
Fermín marchó solo por la selva pensando que había hecho bien y
continuó con su vida como si el problema no fuese con él. – Total –
pensaba- yo siempre podré beber del agua almacenada en las
grandes hojas de esta jungla.
La Laguna del Chorro siguió seca durante muchos años y la vegetación
de la selva desapareció.
Hay quien dice que los animales que vivieron allí viajan por el mundo
buscando alguien que les ayude a recuperar lo que nunca debió
haberse perdido.
FIN
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