Es tu último Misterio,
Señor,
después de haber
estado en medio de
nosotros.
Te vimos Niño, y ante Ti nos arrodillamos
Te vimos en huída forzada hacia Egipto,
y conmovidos te acompañamos
Fuiste adorado por pastores
y, entre ellos,
dejamos ante Ti mil y un presentes.
Hemos contemplado asombrados
la hondura y el crecimiento de tu obra divina;
Hemos visto como tu mano curaba a cientos de
heridos, cómo resucitabas a jóvenes,
y como levantaste …. hasta tu mejor amigo.
Nuestros oídos, Jesús,
siguen reteniendo el sonido de tu voz de profeta:
¡Convertíos! ¡Allanad el camino! ¡Perdonad!
Los caminos del Palestina de nuestro corazón
siguen iluminados por tu Verdad y por tu Gracia
Los caminos de la Jerusalén de nuestra alma
buscan y reverdecen al calor de tu Pasión y de tu Muerte.
¿Y, ahora? ¿Por qué, Señor, has de marcharte?
Déjanos, por lo menos,
el sendero de tu
Ascensión
iluminado por el
resplandor del Espíritu
Fortalecido, con el
auxilio de tu Espíritu
Asegurado, con la
presencia de tu Espíritu
Indicado, por el consejo
de tu Espíritu
Amén.
Texto: P. Javier Leoz
Diseño: Sor Mª Celina OSC
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FRANCISCO Y CLARA
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