9Yo
conozco tus obras, y tu tribulación, y tu
pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los
que se dicen ser judíos, y no lo son, sino
sinagoga de Satanás. 10No temas en nada lo
que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a
algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis
probados, y tendréis tribulación por diez días.
Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona
de la vida.
9Pero
tuvimos en nosotros mismos sentencia de
muerte, para que no confiásemos en nosotros
mismos, sino en Dios que resucita a los
muertos; 10el cual nos libró, y nos libra, y en
quien esperamos que aún nos librará, de tan
gran muerte; 11cooperando también vosotros a
favor nuestro con la oración, para que por
muchas personas sean dadas gracias a favor
nuestro por el don concedido a nosotros por
medio de muchos.
5Bienaventurado
aquel cuyo ayudador es el
Dios de Jacob, Cuya esperanza está en Jehová
su Dios, 6El cual hizo los cielos y la tierra, El
mar, y todo lo que en ellos hay; Que guarda
verdad para siempre, 7Que hace justicia a los
agraviados, Que da pan a los hambrientos.
Jehová liberta a los cautivos; 8Jehová abre los
ojos a los ciegos; Jehová levanta a los caídos;
Jehová ama a los justos.
13Luego
que clamaron a Jehová en su angustia,
Los libró de sus aflicciones; 14Los sacó de las
tinieblas y de la sombra de muerte, Y rompió
sus prisiones.
15Alaben
la misericordia de Jehová, Y sus
maravillas para con los hijos de los hombres.
16Porque quebrantó las puertas de bronce, Y
desmenuzó los cerrojos de hierro. 17Fueron
afligidos los insensatos, a causa del camino de
su rebelión Y a causa de sus maldades; 18Su
alma abominó todo alimento, Y llegaron hasta
las puertas de la muerte.
19Pero
clamaron a Jehová en su angustia, Y los
libró de sus aflicciones. 20Envió su palabra, y los
sanó, Y los libró de su ruina. 21Alaben la
misericordia de Jehová, Y sus maravillas para
con los hijos de los hombres; 22Ofrezcan
sacrificios de alabanza, Y publiquen sus obras
con júbilo.
19Pero
viendo sus amos que había salido la
esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a
Silas, y los trajeron al foro, ante las autoridades;
20y presentándolos a los magistrados, dijeron:
Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra
ciudad, 21y enseñan costumbres que no nos es
lícito recibir ni hacer, pues somos romanos. 22Y se
agolpó el pueblo contra ellos; y los magistrados,
rasgándoles las ropas, ordenaron azotarles con
varas. 23Después de haberles azotado mucho, los
echaron en la cárcel, mandando al carcelero que
los guardase con seguridad.
24El
cual, recibido este mandato, los metió en el
calabozo de más adentro, y les aseguró los pies
en el cepo. 25Pero a medianoche, orando Pablo y
Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los
oían. 26Entonces sobrevino de repente un gran
terremoto, de tal manera que los cimientos de la
cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas
las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.
27Despertando el carcelero, y viendo abiertas las
puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a
matar, pensando que los presos habían huido.
28Mas
Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te
hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. 29El
entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y
temblando, se postró a los pies de Pablo y de
Silas; 30y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué
debo hacer para ser salvo? 31Ellos dijeron: Cree
en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.
32Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos
los que estaban en su casa. 33Y él, tomándolos en
aquella misma hora de la noche, les lavó las
heridas; y en seguida se bautizó él con todos los
suyos.
34Y
llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se
regocijó con toda su casa de haber creído a Dios.
35Cuando fue de día, los magistrados enviaron
alguaciles a decir: Suelta a aquellos hombres. 36Y
el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo:
Los magistrados han mandado a decir que se os
suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz.
1En
aquel mismo tiempo el rey Herodes echó
mano a algunos de la iglesia para maltratarles. 2Y
mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. 3Y
viendo que esto había agradado a los judíos,
procedió a prender también a Pedro. Eran
entonces los días de los panes sin levadura. 4Y
habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel,
entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados
cada uno, para que le custodiasen; y se proponía
sacarle al pueblo después de la pascua. 5Así que
Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la
iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.
6Y
cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma
noche estaba Pedro durmiendo entre dos
soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas
delante de la puerta custodiaban la cárcel. 7Y he
aquí que se presentó un ángel del Señor, y una
luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro
en el costado, le despertó, diciendo: Levántate
pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos.
8Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y
lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y
sígueme.
9Y
saliendo, le seguía; pero no sabía que era
verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba
que veía una visión. 10Habiendo pasado la primera
y la segunda guardia, llegaron a la puerta de
hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió
por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego
el ángel se apartó de él. 11Entonces Pedro,
volviendo
en
sí,
dijo:
Ahora
entiendo
verdaderamente que el Señor ha enviado su
ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y
de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba.
12Y
habiendo considerado esto, llegó a casa de
María la madre de Juan, el que tenía por
sobrenombre Marcos, donde muchos estaban
reunidos orando. 13Cuando llamó Pedro a la
puerta del patio, salió a escuchar una muchacha
llamada Rode, 14la cual, cuando reconoció la voz
de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que
corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro
estaba a la puerta. 15Y ellos le dijeron: Estás loca.
Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos
decían: ¡Es su ángel!
16Mas
Pedro persistía en llamar; y cuando
abrieron y le vieron, se quedaron atónitos. 17Pero
él, haciéndoles con la mano señal de que
callasen, les contó cómo el Señor le había sacado
de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y
a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar.
18Luego que fue de día, hubo no poco alboroto
entre los soldados sobre qué había sido de Pedro.
19Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle,
después de interrogar a los guardas, ordenó
llevarlos a la muerte. Después descendió de
Judea a Cesarea y se quedó allí.
20Y
Herodes estaba enojado contra los de Tiro y
de Sidón; pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y
sobornado Blasto, que era camarero mayor del
rey, pedían paz, porque su territorio era
abastecido por el del rey. 21Y un día señalado,
Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el
tribunal y les arengó. 22Y el pueblo aclamaba
gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! 23Al
momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto
no dio la gloria a Dios; y expiró comido de
gusanos. 24Pero la palabra del Señor crecía y se
multiplicaba.
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