SONETOS SOBRE LOS MISTERIOS DEL SANTO ROSARIO
Emma-Margarita R. A.-Valdés
Como un hombre cualquiera, en sumisión,
va Jesús al Jordán, cumplirá el rito
del bautismo del agua. Es Juan el grito
que llama en el desierto a conversión.
Se presenta en el río del perdón
y Juan le reconoce, está escrito
que llegará el Mesías, el Bendito
Hijo de Dios, a dar la salvación.
Juan se niega, es indigno de este honor.
Mas Jesús cumplirá toda justicia,
seguirá la divina voluntad.
Traerá el bautismo en Fuego y en Amor
y será para el mundo la Noticia,
el Camino, la Vida y la Verdad.
Al terminar el rito, se abre el cielo
y en paloma el Espíritu aletea
sobre Jesús, que inicia su tarea
para anunciar el Reino en este suelo.
El Padre muestra su íntimo desvelo
por el hombre, nacido en cuna hebrea,
que es su voz hecha carne y alborea
nueva Vida en las alas de su vuelo.
Confirmado Mesías, descubierto
y reinvestido en luz de su misión,
tendrá que proclamar la Buena Nueva.
Va a encontrarse a Sí mismo en el desierto,
a fraguar en renuncias su tesón
para en Amor sufrir la última prueba.
Resucita Jesús al tercer día
de su muerte en la cumbre del Calvario,
vence en la Cruz al máximo adversario
y ofrece su continua cercanía.
Él cumple la sagrada profecía
y nombra a cada apóstol emisario
de la Palabra y fiel depositario
de sus dones, su eterna legacía.
En bautismo en el agua es ahora en Fuego
del Espíritu, es gracia concedida
que redimió la culpa y nos bendijo.
Es renacer al místico sosiego
de la esencia del Reino, recibida
del Espíritu Santo, Padre e Hijo.
Emma-Margarita R. A.-Valdés
Consumado el desierto y el ayuno,
va Jesús a Caná, para un festejo,
le acompañan sus fieles, su cortejo
de hermanos en la fe del Trino y Uno.
Que Jesús será rey, lo piensa alguno,
el pueblo está asombrado, está perplejo:
su universal palabra, su consejo,
su autoridad... El tiempo es oportuno.
Mas hijo es de José, del carpintero,
un obrero modesto, y fue alumbrado
en una pobre cuna de Belén.
Dicen que es impostor, aventurero.
¿No saben que su ciencia ha deslumbrado
a los doctores en Jerusalén?
La boda preparada con cuidado
atrae a mucha gente para ver
al nazareno, va a comparecer
de amigos y familia rodeado.
María observa al novio atribulado,
carece de lo que ha de menester,
piensa que es por Jesús, al atraer
más personas del número esperado.
Ella insinúa a su hijo omnipotente:
No tienen vino. Él dice no es su hora..
Haced lo que Él os diga. Y Él ordena.
que llenen de agua cada recipiente.
Con su divinidad transformadora
convierte el agua en vino, en Nochebuena.
La manifestación de su deidad
es necesaria, es su confirmación,
hace en la boda la revelación
del celestial poder y majestad.
Fue por María, por su claridad,
este primer milagro, mediación
que esclareció la gloria, es su misión
el ser corredentora en la Unidad.
La Nueva Alianza es signo de esponsales,
en Cristo se hace amor en este vino,
compromiso del Padre en su Largueza.
Los discípulos ven las credenciales,
descubren que es Jesús el Ser divino,
se abre su fe a la luz, a la certeza.
Emma-Margarita R. A.-Valdés
Jesús inicia su predicación,
dice: el reino de Dios está cercano.
Ya se ha cumplido el tiempo. Él es humano
y divino e invita a conversión.
Acercar la Palabra es su misión,
redimir el pecado del manzano,
sufrir la cruz, ser buen samaritano
para instaurar el reino del perdón.
Es el momento de la penitencia,
de oír el Evangelio, del Calvario,
con humildad y fe y amor profundo.
El reino es como grano de mostaza,
levadura, tesoro, perla, red,
justicia, gozo, bien, sabiduría.
En soledad con Cristo se solaza
el alma acrisolada en la merced
de habitar en el reino, en la alegría.
Jesús abre la puerta de la gloria
y da la llave a Pedro, es su elegido
para representarle, ha renacido
de su honda conversión propiciatoria.
El fiat de mujer fue complacencia
desde la eternidad, de su sagrario
viene el reino de Dios para este mundo.
Dice a los suyos guarden su memoria
y que en su nombre entreguen lo ofrecido,
perdón al pecador arrepentido
y su reino del bien y la victoria.
El reino es fiesta, es gracia, es crecimiento
en nueva vida, es patria del amor,
es la misericordia del Señor,
es su paz, y sublima el sufrimiento.
Nos da los Sacramentos, son la luz
para alcanzar el reino de los cielos,
patrimonio del alma redimida.
Es reconciliación por Sacramento
que perdona el pasado en el error
con esencia de fuego, si el dolor
de haber pecado es libre ofrecimiento.
Nos hace piedras vivas con su Cruz,
con su gracia levanta antiguos velos
y en su Cuerpo nacemos a otra vida.
Emma-Margarita R. A.-Valdés
Se acaba el tiempo, llega la Pasión,
el humano clamor, la noche oscura,
se plegarán las alas de la Altura
y se impondrá la gran tribulación.
Jesús sabe la débil condición
de sus fieles apóstoles, procura
fortalecer su fe con la ventura
de prever la final Resurrección.
Con Juan, Santiago y Pedro, que estarán
en la agonía de Getsemaní,
sube la monte Tabor, ascenso místico.
Alcanzará la cima el nuevo Adán,
mostrará que es divino, es el Rabí
que dará Vida en pábulo eucarístico.
Sube la tríada humana hasta la cumbre.
Jesús se transfigura en su presencia.
Surgen Moisés y Elías, evidencia
de leyes y profetas, dogma y lumbre.
Resplandece el Mesías. Certidumbre
de su divinidad y omnipotencia.
Es su rostro esplendente transparencia
del Hijo en holocausto y mansedumbre.
Los apóstoles ven, anonadados,
los signos de la transfiguración
y sienten en su espíritu la paz.
Luz y blancura, símbolos sagrados
de eternidad y trascendencia, son
anuncio de armonía en la Unidad.
Pedro evoca las tiendas de la historia,
quiere hacer perdurable este momento,
solicita a Jesús consentimiento
para permanecer bajo la gloria.
La Voz entre una nube trae memoria
de su más importante mandamiento,
escuchar al Mesías, que es cimiento,
piedra angular, ofrenda expiatoria.
El temor se apodera de los fieles.
Vuelve la oscuridad. Les vence el miedo.
Jesús dice no teman ni lo digan
hasta que resucite con laureles,
vencedor de la muerte, y en su credo
la almas rescatadas le bendigan.
Emma-Margarita R. A.-Valdés
Jesús sabe que va a su sacrificio,
hace en su última cena testamento,
un mandato de amor y un sacramento,
pilares de su sólido edificio.
Da ejemplo de humildad y de servicio
a los llamados a su seguimiento
con su íntima renuncia y vencimiento
de su repulsa humana ante el suplicio.
Él es la oblación pura, Nueva Alianza,
su inmolación perdona la condena,
nos destina a herederos de la gloria.
En la cena inaugura la esperanza
de eterna vida, rompe la cadena
con su mística entrega expiatoria.
Llega el momento de la Eucaristía.
Jesús eleva el pan y, bendiciendo,
esto es mi cuerpo, dice, os encomiendo
lo comáis por la fe, en memoria mía.
Toma la copa de la profecía
con el vino y la eleva, bendiciendo,
esta es mi sangre, dice, os encomiendo
la bebáis por la fe, en memoria mía.
Él es el Pan de Vida, el que lo coma
vivirá para siempre, es su promesa,
y estará en este mundo hasta el final.
Derramará su sangre de paloma
mensajera de paz, y habrá en su mesa
vino de redención universal.
El milagro se ofrece cada día
por las manos del lícito oferente,
todo un Dios infinito, omnipotente,
se da entero, cosecha de agonía.
Nos espera en amante cercanía
como agua, vino y pan, limpio torrente,
zumo añejo de amor, viva simiente,
alimentos de célica alegría.
¡Que humildad!, en el fruto consagrado
está Dios, el espíritu inmortal,
clamando por el alma redimida.
Olvida su dolor, nuestro pecado,
nos ofrece su reino celestial
en su Pan y en su Vino de la Vida.
Emma-Margarita R. A.-Valdés
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