Nos amó hasta
el extremo
Parte del sermón del
Santo Cura de Ars
En un jueves Santo
Fuente: http://elcuravianney.com/homilia-del-jueves-santo/
¿Podremos hallar en nuestra santa
religión un momento más precioso,
una circunstancia más feliz,
que aquel instante en que Jesucristo
instituyó el adorable Sacramento de
los altares?
«Sabiendo muy bien que se acercaba el tiempo de volver al
Padre; no pudo resignarse a dejarnos solos en la tierra y
en medio de tantos enemigos afanosos de nuestra pérdida.
Sí, Jesucristo, antes de instituir este Sacramento de amor,
sabía muy bien a cuántos desprecios y profanaciones se
expondría; mas nada fue bastante para detenerlo,
quiere que se nos quepa la dicha de hallarle cuantas veces
andemos en su busca, y así por este gran Sacramento,
se compromete a permanecer día y noche entre nosotros;
y en Él hallaremos a un Dios Salvador, que cada día se inmolará
por nosotros a la justicia del Padre.
¡Oh, pueblo dichoso!
¿quién ha comprendido jamás el tesoro que posees?
¡Oh, qué felicidad! ¡una criatura recibir a su Dios!
¡tomarlo como alimento!; hasta cebarse con Él!
¡ Oh, amor infinito, inmenso e incomprensible!
¡Y un cristiano piensa y considera esto, sin morir de amor
y de espanto a la vista de su indignidad!
¡Qué amor, qué caridad la de nuestro Señor
Jesucristo al escoger la vigilia del día en que
habían de hacerle morir para instituir un
sacramento por el cual iba a quedarse entre
nosotros, para ser nuestro Padre,
nuestro Consolador
y toda nuestra felicidad!
Más felices somos nosotros que los que vivían
en tiempo de su vida mortal en que él no estaba
en un lugar fijo, en que era necesario
desplazarse lejos para tener la dicha de verle;
hoy le encontramos en todas los lugares del
mundo, y esta dicha se me ha prometido
ser realidad hasta que se acabe el mundo.
¡Oh amor inmenso de un Dios por sus
criaturas!
No, nada puede hacerle parar cuando
se trata de mostrarnos la grandeza de
su amor.
En aquel momento tan venturoso para
nosotros, toda Jerusalén está agitada,
el populacho está furioso, todos conspiran para
perderle;
todos quieren se derrame su sangre adorable
– y es precisamente en este momento que él les prepara, igual que a nosotros,
la prueba más inefable de su amor.
Los hombres están tramando contra Él los complots
más tenebrosos,
al paso que Él se está ocupando en regalarles con lo
que tiene de más precioso que es É1 mismo.
No piensan más que en levantar una infame cruz
para hacerle morir en ella, y É1 no piensa más que
en levantar un altar donde se inmole É1 mismo,
cada día, por nuestro amor.
Se está preparando el derramamiento de su sangre, y
Jesucristo quiere que aquella misma sangre sea para
nosotros una bebida de inmortalidad,
para consuelo y felicidad de nuestras almas.
Sí, podemos afirmar que Jesucristo nos ama hasta
agotar los tesoros de su amor, sacrificándose hasta
donde han podido inspirarle su sabiduría y su poder.
19 Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y
se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es
entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío."
20 De igual modo, después de cenar, la copa,
diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza en mi
sangre, que es derramada por vosotros.
Lucas 22, 19-20
26 Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo
partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
"Tomen y coman, esto es mi Cuerpo".
27 Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo:
"Beban todos de ella, 28 porque esta es mi Sangre, la Sangre de la
Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los
pecados.
Mateo 26, 26 – 28
También en:
Mc. 14. 22-25 Lc. 22. 19-20 1 Cor. 11. 23-25
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