Lección 6 para el 8 de agosto de 2015
«En el tercer año de su reinado hizo banquete a todos sus príncipes y
cortesanos, teniendo delante de él a los más poderosos de Persia y de Media,
gobernadores y príncipes de provincias» (Ester 1:3)
Asuero (Jerjes) fue rey de Persia desde 485 hasta
465 a.C. El banquete mencionado en el libro de
Ester fue realizado para ganarse la confianza del
imperio ante su inminente partida a Grecia.
Bajo los nefastos efectos del alcohol, Asuero hizo
una petición indigna a la reina Vasti, que ésta
rechazó rotundamente.
Dios usó la disipación del rey y la firmeza de la
reina para que Ester ocupase el lugar necesario
para dar salvación a Su pueblo.
Debemos aprender a confiar en los caminos y
designios de Dios, aunque no los comprendamos
(Isaías 55:8-11)
«Y la doncella agradó a sus ojos, y halló gracia delante de él, por lo que hizo
darle prontamente atavíos y alimentos, y le dio también siete doncellas
especiales de la casa del rey; y la llevó con sus doncellas a lo mejor de la
casa de las mujeres. Ester no declaró cuál era su pueblo ni su parentela,
porque Mardoqueo le había mandado que no lo declarase» (Ester 2:9-10)
Hay dos puntos importantes en la forma
en que Hadasa llegó a ser la reina Ester:
Halló gracia y ocultó su religión.
El hecho de que Ester hallase gracia ante
Hegai y Asuero (Ester 2:9, 17), demuestra
que era una creyente fiel, comparable a
los otros personajes bíblicos de los que se
dice que hallaron gracia: Noé (Génesis 6:8),
José (Génesis 39:4), el pueblo de Dios en el
desierto (Jeremías 31:2) y David (Hechos 7:46).
Entonces… ¿por qué ocultar su identidad
y su fe?
¿Pudo tener razones similares a las de
Jesús, al mostrar su mesianismo ante la
mujer samaritana, pero ocultarlo ante los
judíos (Juan 4:1-26)?
«Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y
liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú
y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta
hora has llegado al reino?» (Ester 4:14)
«Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y
liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú
y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta
hora has llegado al reino?» (Ester 4:14)
La crisis dio comienzo con la negativa de
Mardoqueo a arrodillarse (adorando) ante
Amán, como lo hacían los otros siervos del rey.
Como la negativa de Mardoqueo se basaba en
su fe, Amán quiso vengarse destruyendo a todo
el pueblo judío (incluyendo, sin saberlo, a la
propia reina).
Venciendo su miedo, Ester decidió
valientemente (tras un periodo de ayuno
y oración) arriesgar su propia vida para
salvar la vida de su pueblo.
Cuando la crisis se presenta, Dios ya ha
dispuesto de antemano a las personas
que ayudarán a su resolución. ¿Puedo ser
yo una de estas personas?
«Y Amán tomó el vestido y el caballo, y vistió a Mardoqueo, y lo
condujo a caballo por la plaza de la ciudad, e hizo pregonar delante
de él: Así se hará al varón cuya honra desea el rey» (Ester 6:11)
Dios preparó el terreno, usando a las personas adecuadas en el momento adecuado:
Dos oficiales deciden atentar
contra el rey. Mardoqueo
denuncia el complot a través
de Ester (Ester 2:21-23).
Ester invita a Asuero y a
Amán a un banquete
(Ester 5:1-5).
De madrugada, leen ante
Amán madruga aquel día. Pero
Asuero el relato de la denuncia en lugar de pedir la cabeza de
de Mardoqueo, y el rey decide Mardoqueo, debe honrar a su
honrarlo (Ester 6:1-3).
enemigo (Ester 6:4-12).
Esa tarde, su mujer y sus
amigos aconsejan a Amán
hacer una horca para
Mardoqueo (Ester 5:14).
Finalmente, debe morir
en la horca que él mismo
preparó (Ester 7:9).
«Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el mandamiento
del rey, los judíos tuvieron alegría y gozo, banquete y día de
placer. Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hacían judíos,
porque el temor de los judíos había caído sobre ellos» (Ester 8:17)
Ante el inesperado giro de los acontecimientos, muchos se vieron motivados a creer
en el poder del Dios de los judíos y a abrazar su fe.
Esa fe se vio fortalecida al ver la forma en que los judíos actuaron el día de Purim,
cuando los decretos reales enfrentaron a los judíos con sus enemigos.
Mientras que el primer decreto autorizaba a los enemigos a apoderarse de los
bienes de los judíos, éstos se limitaron a defenderse, no tomando nada que
perteneciese a sus enemigos (Ester 9:10, 15, 16).
Estos paganos fueron convertidos
tanto por el testimonio silencioso
de la conducta de los judíos, como
por su valor, cuando tuvieron que
dar claramente su testimonio.
«El decreto que se promulgará finalmente contra el pueblo
remanente de Dios será muy semejante al que promulgó Asuero
contra los judíos. Hoy los enemigos de la verdadera iglesia ven en
el pequeño grupo que observa el mandamiento del sábado, un
Mardoqueo a la puerta. La reverencia que el pueblo de Dios
manifiesta hacia su ley, es una reprensión constante para aquellos
que han desechado el temor del Señor y pisotean su sábado.
Satanás despertará indignación contra la minoría que se niega a
aceptar las costumbres y tradiciones populares… Por calumnias y
apelando a la ira, algunos despertarán las pasiones del pueblo… A
fin de obtener popularidad y apoyo, los legisladores cederán a la
demanda por leyes dominicales. Pero los que temen a Dios no
pueden aceptar una institución que viola un precepto del
Decálogo. En este campo de batalla se peleará el último gran
conflicto en la controversia entre la verdad y el error. Y no se nos
deja en la duda en cuanto al resultado. Hoy, como en los días de
Ester y Mardoqueo, el Señor vindicará su verdad y a su pueblo»
E.G.W. (Profetas y reyes, pg. 444)
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