Érase un gran violinista llamado Paganini
Algunos decían que él era muy extraño
Otros, que era sobrenatural
Las notas mágicas
que salían de su violín
tenían un sonido
diferente, por eso nadie
quería perder
la oportunidad de ver
su espectáculo.
Una cierta noche, el palco de un auditorio repleto
de admiradores estaba preparado para recibirlo.
La orquestra entró y fue aplaudida.
Paganini colocó su violín en el hombro
y con el toque de sus delicados dedos comenzó
a interpretar una melodía tan bella que parecía tener alas.
De repente, un sonido extraño se escuchó
en todo el auditorio:
una de las cuerdas del violín de Paganini
se rompió.
El maestro paró,
la orquestra y el público también…
…pero Paganini continuó arrancando
sonidos deliciosos a su violín.
La orquesta continuó tocando.
Antes de que el público se serenase,
otro sonido perturbador acaparó la atención
de los asistentes.
La segunda cuerda acababa de romperse.
Como si nada hubiese sucedido,
continuó con maestría sacando sonidos
de lo que parecía imposible
Pero el público no podría imaginar
lo que estaba aún por suceder…
La tercera cuerda del violín de Paganini
también se rompió.
Pero Paganini, como si fuese un malabarista
musical, arrancó todos los sonidos
de la única cuerda que aún seguía firme
en su violín destruido.
Una vez que Paganini terminó
la pieza él solo, permaneció
en su sitio inmóvil.
El público estaba paralizado, pero de repente alguien
se puso en pie y comenzó a aplaudir vivamente;
al unísono todos hicieron la mismo.
¡Bravo!, gritaban emocionados
todos los asistentes sin cesar.
Paganini consiguió aquella noche
su mejor actuación
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Un violinista en apuros