ESCUCHAR A DIOS,
REZANDO SU PALABRA.
LA LECTIO DIVINA.
por J.J. Bartolomé.
Con un ejercicio de Lectio, sobre
Eucaristía y Caridad.
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UNA TRADICIÓN MONÁSTICA,
¿PARA SALESIANOS?
El Concilio Vaticano II (DV 25):
exhortó “con vehemencia a todos los
cristianos, en particular a los religiosos,
a que aprendan el sublime conocimiento
de Jesucristo, con la lectura frecuente de
las divinas Escrituras”… “Pero no se
olviden que la oración debe
acompañar a la lectura de la Sagrada
Escritura para que se entable diálogo
entre Dios y el hombre”.
La Lectio Divina puede estimular la fe
convencida, interior y profunda (C.M.
Martini)
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UNA TRADICIÓN MONÁSTICA,
¿PARA SALESIANOS?
El Capítulo General 25
exhortó a las comunidades a “poner a
Dios como centro unificador de su ser y
a desarrollar a dimensión comunitaria de
la vida espiritual, favoreciendo la
centralidad de la Palabra de Dios en la
vida comunitaria y personal, mediante la
lectio divina”.
No es un elemento extraño a la
espiritualidad salesiana. Es un modo de
escuchar a Dios rezando su Palabra (D.
Chávez, ACG 386)
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UNA TRADICIÓN MONÁSTICA,
¿PARA SALESIANOS?
Nuestras Constituciones (87):
“El Pueblo de Dios es congregado, en
primer lugar, por la Palabra de Dios vivo.
La Palabra escuchada con fe es, para
nosotros, fuente de vida espiritual,
alimento para la oración, luz para
conocer la voluntad de Dios en los
acontecimientos y fuerza para vivir con
fidelidad nuestra vocación.
Teniendo diariamente en nuestras
manos la Sagrada Escritura, como María
acogemos la Palabra y la meditamos en
nuestro corazón a fin de hacerla
fructificar y anunciarla con celo.”
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UNA TRADICIÓN MONÁSTICA,
¿PARA SALESIANOS?
•la Palabra debe llegar a
nuestros oídos (lectio)
•bajar a nuestro corazón
(meditatio)
•pasar a las manos
(contemplatio)
•salir de nuestros labios
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A EJEMPLO DE MARÍA, EN LA
ANUNCIACIÓN
•la Palabra llega por medio del
ángel y le descubre el plan de
salvación (lectio)
•María reacciona ante esas
palabras, se pregunta por su
sentido (meditatio)
•comienza un camino de tener a
Dios como interlocutor y de
obediencia (oratio)
•termina contemplándose como
Dios la quiere: sierva y madre
(contemplatio)
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GÉNESIS
La expresión procede de Orígenes
(Alejandría, s. III): théia anágnosis.
Exhortaba a leer la Palabra de Dios con
un corazón abierto y en un clima de
oración.
“Si el Espíritu no está presente en el
corazón del que escucha, es inútil que
hable el Maestro” (Gregorio Magno).
Sin embargo, fue en los monasterios,
en la Edad Media, donde esta lectura
orante de la Biblia se fue practicando y
se sistematizó: Guido de Certosa (ss. XIXII; PL 184, 475-484)
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OBJETIVO Y MÉTODO
Definición: Ejercicio sistemático de
escucha personal de la Palabra.
Actividad compleja y progresiva,
realizada gradualmente para penetrar el
misterio de Dios, poniéndose a la
escucha y en diálogo con la Palabra de
Dios.
Objetivo: leer la voluntad de Dios en su
propia vida
Medio: lectura de la Escritura,
siguiendo una precisa, aunque flexible,
metodología
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Es una forma de entrar en diálogo con
Dios, que nos habla a través de su
Palabra.
La lectio es “divina” no sólo, ni
principalmente, porque el objeto de
lectura sea una literatura que habla de
Dios, sino porque se lee dialogando
con Él, en conversación con Dios.
En este diálogo, poco a poco vamos
conociendo el misterio de Cristo. La
Biblia es leída a partir de nuestra fe en
Jesucristo, vivo en medio de nosotros.
Jesucristo es la “llave” para leer, meditar
y orar las Sagradas Escrituras, él está
en el centro de ellas.
No es una palabra del pasado y para el
pasado, sino que nos ayuda a interpretar
lo que hoy sucede. (M. Magrassi)
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ITINERARIO CLÁSICO
La preparación o Statio, implica una
actitud de escucha, de disponibilidad,
de docilidad a la Palabra de Dios. Es
un silencio del corazón.
Paráfrasis de Mt 7,7:
Buscad leyendo,
y encontraréis meditando;
llamad orando,
y se os abrirá por la
contemplación
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I. LECTIO
La lectura o Lectio, es una lectura que
invita a una escucha atenta y profunda
de la Escritura sobre un tema. Puede
variar en número de lecturas.
“La disciplina de la Lectio Divina está en
permanecer en el pasaje dado y
profundizar más y más en él” (De
Verteueil)
•Entender el texto por lo que en él se
dice, sin omitir nada, y por cómo está
organizado, por su estructura formal.
•Lo consigue quien, buscando dar con
lo que dice el texto, se fija en cómo lo
dice: género literario, expresión formal,
recursos…
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I. LECTIO
No es una tarea de biblistas, exégetas o
eruditos.
Se pueden utilizar comentarios, pero
nunca ha de convertirse en condición
previa imprescindible. No se lee para
ilustrar-se, sino para conocer la voluntad
de Dios.
Una observación final: La Lectio debe
hacerse en su contexto natural: la
proclamación oral de la Palabra.
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II. MEDITATIO
La meditación o Meditatio, busca la
comprensión, el significado de la
Palabra. ¿Qué dice, qué me dice?
¿Quién me dice?
Es la reflexión sobre el sentido del texto
y su aplicación a la vida del lector, desde
la propia experiencia. Está a caballo
entre la lectio y la oratio, sin confundirse
con ninguna de ellas.
Tres objeciones:
•¿Y si el texto no me dice nada?
Perseverar
•¿Y si corro el riesgo de caer en la mera
especulación? Emplea no la razón, sino
el corazón.
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II. MEDITATIO
•¿Y si descubro mi verdad? No es
autocomplacencia.
No es auténtica una meditación que no
cuestione mi forma de vida.
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III. ORATIO
En la oración u Oratio, mi palabra
responde a la Palabra. Oro el texto,
brota viva la oración.
Cuando se percibe lo que Dios quiere de
uno, se experimenta la escasez de
recursos con que se cuenta para ponerlo
en práctica; orar es la única respuesta
válida a la Palabra escuchada. Así se
inicia propiamente el DIÁLOGO, que es
el centro de toda experiencia de oración:
•alabanza
•agradecimiento
•súplica
•petición de perdón
•anhelo de hacer la voluntad de Dios.
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III. ORATIO
Rezando, el orante devuelve a Dios su
Palabra, personalizada, encarnada en
las propias palabras, verdadero coloquio
En la Oratio, se va aceptando el punto
de vista de Dios: ver el mundo con los
ojos de Dios.
Iter in Deum: vaciarse de sí mismo para
dar lugar a Dios, y a los “lugares
teológicos”: el hermano, el pobre, la
comunidad, los jóvenes…
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IV. CONTEMPLATIO
La contemplación o Contemplatio, ante
la manifestación de Dios, me postro,
adoro. Es una mirada amorosa desde la
fe (Santa Teresa).
Algunos rasgos de esta fase:
El texto pierde ahora importancia
Disponibilidad del orante de estar ante
el Otro; gustar al mismo Dios que habla.
No tanto contemplar a Dios, cuanto
saberse contemplados por Dios: del
mirar a Dios a saberse de él
contemplados.
Estar conscientemente ante Él.
Intimar con Dios, que no es una fuga
mundi.
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EN SÍNTESIS
“La lectura es un ejercicio exterior; la
meditación, comprensión intelectual; la
oración, deseo; la contemplación,
superación de todo sentido.” (Il. Guido).
La lectura privilegia el momento de la
comprensión del texto leído; en la
meditación prima el esfuerzo de
aplicación o apropiación, sometiendo la
propia vida al imperio de la Palabra
escuchada; la oración da paso a la
conversación con Dios, abriéndose a sus
deseos; en la contemplación, aparecen
el silencio, la adoración y la alabanza,
para terminar con la visión de Dios sobre
todas las cosas.
En las tres primeras etapas
predomina el esfuerzo, la ascesis, del
orante, mientras que en la última
reina, indiscutido, el querer de Dios.
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EN COMUNIDAD
•Collatio: Es el testimonio personal del
paso de Dios por la propia vida.
POSIBLES PROLONGACIONES
Consolatio: Gozo de vivir en comunión
con Dios
Discretio: Cierta sensibilidad para
descubrir lo que Dios pide en cada
momento, lo que es Evangelio y lo que
no
Deliberatio: Decisión interior que lleva
a elegir siempre conforme a la voluntad
divina, no a la mía.
Actio: Realización práctica de lo
discernido.
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EJERCICIO DE LECTIO
DIVINA:
EUCARISTÍA Y
CARIDAD
Manuel Zubillaga. Archidiócesis de
México. Cáritas. Marzo de 2005
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STATIO
MEDITACIÓN SOBRE EL ESPÍRITU
SANTO
«El Espíritu Santo es personalmente la
Novedad, que actúa en nuestro mundo. Es la
presencia de Dios-con nosotros unido a
nuestro espíritu (Rom 8,16). Sin Él, Dios
queda lejos, Cristo permanece en el pasado,
el evangelio es letra muerta, la Iglesia pura
organización, la autoridad tiranía, la misión
propaganda, el culto mero recuerdo y la
praxis cristiana una moral de esclavos. Pero
en El, en una sinergia indisociable, el mundo
es liberado y gime en el alumbramiento del
Reino, el hombre está en lucha contra la
carne, Cristo resucitado está aquí, el
evangelio es potencia de vida, la Iglesia
significa comunión trinitaria, la autoridad es
servicio liberador, la misión es Pentecostés,
la liturgia es memorial y anticipación, la
acción humana es divinizada».
Obispo Ortodoxo Oriental, el Metropolita
Ignacio Hazim
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LECTIO
Jn 13, 1- 5; 12-16
“Antes de la fiesta de la Pascua,
sabiendo Jesús que había llegado
su hora de pasar de este mundo
al Padre, habiendo amado a los
suyos que estaban en el mundo,
los amó hasta el extremo.
Durante la cena, cuando ya el
diablo había puesto en el corazón
de Judas Iscariote, hijo de Simón,
el propósito de entregarlo,
sabiendo que el Padre le había
puesto todo en sus manos y que
había salido de Dios y a Dios
volvía, se levanta de la mesa, se
quita sus vestidos y, tomando una
toalla, se la ciñó.
22
Luego echa agua en un platón y
se puso a lavar los pies de los
discípulos y a secárselos con la
toalla con que estaba ceñido.
Después de que les lavó los pies,
tomó sus vestidos, volvió a la
mesa, y les dijo: ¿Comprenden
lo que he hecho con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y
Señor, y dicen bien, porque lo
soy. Pues si yo, el Señor y el
Maestro, les he lavado los pies,
ustedes también deben lavarse
los pies unos a otros. Porque
les he dado ejemplo, para que
también ustedes hagan como
yo he hecho con ustedes”.
23
1 Co 11, 17-22
“Al dar estas disposiciones, no los
alabo, porque sus reuniones son
más para mal que para bien. Pues,
ante todo, oigo que, al reunirse en
asamblea, hay entre ustedes
divisiones, y lo creo en parte.
Desde luego tiene que haber entre
ustedes disensiones, para que se
ponga de manifiesto quienes son los
auténticos entre ustedes. Cuando se
reúnen, pues, en común, eso no
es comer la cena del Señor;
porque cada uno come primero su
propia cena, y mientras uno pasa
hambre, otro se embriaga. ¿No
tienen casas para comer y beber?
¿O es que desprecian a la Iglesia de
Dios y avergüenzan a los que no
tienen? ¿Qué voy a decirles?
¿Alabarlos? ¡En eso no los alabo!”.
24
1 Co 16,1-2
“En cuanto a la colecta en favor
de los santos, hagan también
ustedes tal como mandé a las
Iglesias de Galacia. Los
primeros días de la semana,
cada uno de ustedes deposite
lo que haya podido ahorrar, de
modo que no se hagan las
colectas precisamente cuando
llegue yo”.
25
II. MEDITATIO
Eucaristía, Riquezas y Comunicación
(Fragmento de una Homilía de San
Juan Crisóstomo)
“El Señor nos concedió hartarnos de su
carne divina, se nos ha dado a sí mismo
en sacrificio. ¿Qué excusa, pues,
tendremos si así alimentados, así
pecamos; si comiéndonos un cordero,
nos volvemos lobos; si alimentados de
una oveja, arrebatamos como leones?
Porque este sacramento no sólo nos
exige estar en todo momento puros de
toda rapiña, sino de la más sencilla
enemistad.
Este sacramento es un sacramento de
paz. No nos consiente codiciar las
riquezas. Porque si Él, por amor nuestro,
no se perdonó a sí mismo, ¿qué
mereceríamos
nosotros
si,
por
miramiento a nuestras riquezas, no
miramos por nuestra alma, por la que Él
26
Y no pensemos que basta para
nuestra salvación presentar al
altar un cáliz de oro y pedrería
después de haber despojado a
viudas y huérfanos. Si quieres
honrar este sacrificio, presenta tu
alma, por la que fue ofrecido.
Esta es la que has de hacer de
oro. Mas si ella sigue siendo peor
que el plomo o que una teja, ¿qué
vale entonces el vaso de oro? No
miremos, pues, solamente de
presentar vasos de oro, sino
veamos si proceden de justo
trabajo.
27
Porque más precioso que el oro
es lo que nada tiene que ver con
la avaricia. La Iglesia no es un
museo de oro y plata, sino una
reunión de ángeles. Almas son
lo que necesitamos, pues por las
almas quiere Dios los vasos
sagrados.
No era de plata, en la cena
última, la mesa aquella ni el
cáliz en el que el Señor dio a
sus discípulos su propia
sangre. En cambio, ¡qué
precioso era todo aquello y qué
venerable, como lleno que
estaba del Espíritu Santo!
28
¿Queréis de verdad honrar el
cuerpo de Cristo? No
consintáis que esté desnudo.
No le honréis aquí con vestidos
de seda y fuera le dejéis
perecer de frío y desnudez.
Porque el mismo que dijo:
“Este es mi Cuerpo”, y con su
palabra afirmó nuestra fe, ése
dijo también: “Me visteis
hambriento y no me disteis de
comer”. Y: “En cuanto no lo
hicisteis con uno de esos más
pequeños, tampoco conmigo lo
hicisteis”.
29
Al hablar así no es mi intención
prohibir que se hagan semejantes
ofrendas. Lo que pido es que,
juntamente con ellas, y aun antes
que ellas, se haga limosna; el
Señor acepta, ciertamente, las
ofrendas, pero mucho más la
limosna. En un caso, sólo se
aprovecha el que da; en el otro, el
que da y el que recibe. En las
ofrendas puede tratarse sólo de
asunto de ostentación; en la
limosna, la caridad lo es todo.
30
¿Qué le aprovecha al Señor que
su mesa esté llena toda de
vasos de oro, si Él se consume
de hambre? Saciad primero su
hambre y luego, de lo que
sobre, adornad también su
mesa. ¿Haces un vaso de oro y
no le das un vaso de agua fría?
¿Y qué provecho hay en que
recubráis su altar de paños
recamados de oro, si a Él no le
procuráis ni el necesario
abrigo? ¿Y qué ganancia hay en
esto?
31
Dime, en efecto, si viendo a un
desgraciado falto del necesario
sustento, le dejaras a Él que
consumiera su hambre y tú te
dedicaras a cubrir de oro la
mesa, ¿es que te agradecería el
beneficio o se irritaría más bien
contra ti? Pues ¿qué si,
viéndole vestido de harapos y
aterido de frío, no le alargaras
un vestido y te entretuvieras,
en cambio, en levantar unas
columnas de oro, diciéndole
que todo aquello se hacía en
honor suyo?
32
¿No diría que le estabas
tomando el pelo y lo tendría
todo por supremo insulto?
Pues piensa todo eso sobre
Cristo. Él anda errante y
peregrino, necesitado de techo;
y tú, que no le acoges a Él, te
entretienes en adornar el
pavimento, las paredes y los
capiteles de las columnas, y en
colgar lámparas con cadenas de
oro. A Él, empero, no quieres ni
verle entre cadenas en las
cárceles.
33
No saquemos, pues, a relucir lo
que fue dicho por particular
dispensación del Señor; leamos
más bien las leyes todas que
sobre la limosna se nos han dado
tanto en el Antiguo como en el
Nuevo Testamento y pongamos el
mayor ahínco en su
cumplimiento. La limosna llega
hasta a purificarnos de los
pecados: “Dad limosna – dice
el Señor – y todo será para
vosotros puro”. La limosna es
superior al sacrificio:
“Misericordia quiero, no
sacrificio” (Os 6, 6).
34
Ella nos abre los cielos: “Porque
tus oraciones y tus limosnas
fueron recordadas en el
acatamiento de Dios” (Hech 10,
14). La limosna es más necesaria
que la virginidad, pues así fueron
las vírgenes fatuas echadas de la
sala de bodas y así fueron
admitidas las prudentes.
Sabiendo, pues, todo esto,
sembremos generosamente, a fin
de cosechar con mayor
abundancia y alcanzar los bienes
venideros, por la gracia y amor de
Nuestro Señor Jesucristo, a quien
sea dada gloria por los siglos”.
35
La Acción Caritativa, distintivo
del apostolado cristiano
Concilio Vaticano II,
Apostolicam Actuositatem,
sobre el Apostolado de los
Seglares, 8
“Todo ejercicio de apostolado
tiene su origen y su fuerza en la
caridad. Pero hay algunas obras
que, por su propia naturaleza,
ofrecen especial aptitud para
convertirse en expresión viva de
esta caridad; Cristo nuestro Señor
quiso que fueran prueba de su
misión mesiánica (cf. Mt 11,4-5).
36
El mandamiento supremo de la
ley es amar a Dios de todo
corazón y al prójimo como a sí
mismo (cf. Mt 22,37-40). Cristo
hizo suyo este mandamiento
del amor al prójimo y lo
enriqueció con un nuevo
sentido al querer identificarse
Él mismo con los hermanos
como objeto único de la
caridad, diciendo: Cuantas
veces hicisteis eso a uno de
estos mis hermanos menores,
a mí me lo hicisteis (Mt 25,40).
37
Cristo, pues, al asumir la
naturaleza humana, unió a sí con
cierta solidaridad sobrenatural a
todo el género humano como una
sola familia y estableció la caridad
como distintivo de sus discípulos
con estas palabras: En esto
conocerán todos que sois mis
discípulos, si tenéis caridad unos
con otros (Io 13,35).
38
En sus comienzos, la santa Iglesia,
uniendo el “ágape” a la cena
eucarística, se manifestaba toda
entera unida en torno a Cristo por el
vínculo de la caridad; así en todo
tiempo se hace reconocer por este
distintivo del amor y, sin dejar de
gozarse con las iniciativas de los
demás, reivindica para sí las obras de
caridad como deber y derecho propio
que no puede enajenar. Por lo cual, la
misericordia para con los necesitados
y los enfermos y las llamadas obras
de caridad y de ayuda mutua para
aliviar
todas
las
necesidades
humanas son consideradas por la
Iglesia con singular honor[1].
[1] Cf. JUAN XXIII, enc. Mater et
magistra: AAS 53 (1961) 402.
39
Estas actividades y estas obras
se han hecho hoy día mucho más
urgentes y universales, porque,
con el progreso de los medios de
comunicación, se han acortado
en cierto modo las distancias
entre los hombres, y los
habitantes de todo el mundo se
han convertido en algo así como
miembros de una sola familia. La
acción caritativa puede y debe
abarcar hoy a todos los hombres
y a todas las necesidades.
40
Dondequiera que haya hombres
carentes de alimento, vestido,
vivienda, medicinas, trabajo,
instrucción, medios necesarios
para llevar una vida
verdaderamente humana, o
afligidos por la desgracia o por la
falta de salud, o sufriendo el
destierro o la cárcel, allí debe
buscarlos y encontrarlos la
caridad cristiana, consolarlos
con diligente cuidado y ayudarles
con la prestación de auxilios. Esta
obligación se impone ante todo a
los hombres y a los pueblos que
viven en la prosperidad [1].
41
Para que este ejercicio de la
caridad sea verdaderamente
irreprochable y aparezca como
tal, es necesario ver en el
prójimo la imagen de Dios,
según la cual ha sido creado, y
a Cristo Señor, a quien en
realidad se ofrece lo que al
necesitado se da; respetar con
máxima delicadeza la libertad y
la dignidad de la persona que
recibe el auxilio;
42
no manchar la pureza de
intención con cualquier interés
de la propia utilidad o con el
afán de dominar[1]; cumplir
antes que nada las exigencias
de la justicia, para no dar como
ayuda de caridad lo que ya se
debe por razón de justicia;
suprimir las causas, y no sólo
los efectos, de los males, y
organizar los auxilios de tal
forma que quienes los reciben
se
vayan
liberando
progresivamente
de
la
dependencia externa y se
vayan bastando por sí mismos.
43
Aprecien mucho, por
consiguiente, los seglares y
ayuden, en la medida de sus
posibilidades, a las obras de
caridad y a las organizaciones
asistenciales, privadas o
públicas, incluso las
internacionales, con las que se
hace llegar a todos los hombres y
a todos los pueblos necesitados
un eficaz auxilio, cooperando en
esto con todos los hombres de
buena voluntad”[1].
[1] Cf. Pío XII, aloc. a Pax Romana MIIC,
del 24 de abril de 1957: AAS 49 (1957)
298-299; y, sobre todo, JUAN XXIII. Al
Congreso de la “Food and Agriculture
44
Del Catecismo de la Iglesia
Católica, n.º 1397
La
Eucaristía
entraña
un
compromiso a favor de los pobres:
Para recibir en la verdad el Cuerpo y
la Sangre de Cristo entregados por
nosotros, debemos reconocer a
Cristo en los más pobres, sus
hermanos (cf Mt 25, 40):
Has gustado la sangre del Señor y
no reconoces a tu hermano.
Deshonras esta mesa, no juzgando
digno de compartir tu alimento al que
ha sido juzgado digno de participar
en esta mesa. Dios te ha liberado de
todos los pecados y te ha invitado a
ella. Y tú, aún así, no te has hecho
más
misericordioso
(S.
Juan
Crisóstomo, hom. I n°1 Co 27, 4).
45
III. ORATIO
De la profundidad de estos textos,
¿en dónde encuentro al Señor?
¿qué me dice? ¿qué le
respondo? (Trabajo personal).
46
IV. CONTEMPLATIO
Me centro en Jesucristo caritativo,
en la Iglesia fiel en la escuela de
Jesús.
“El alma debe dedicarse a una
amorosa atención hacia Dios, sin
actos particulares.
En una
palabra,
debe
comportarse
pasivamente,
sin
esfuerzos
personales, contentándose con
una atención sencilla y amorosa,
casi como una persona que
tiene los ojos abiertos para
mirar con amor”. S. Juan de la
Cruz (CS 23).
47
DISCRETIO
¿Qué luces he recibido? ¿Qué
llamadas puedo formular?
COLLATIO
Intercambio en pequeños grupos.
ACTIO
Formulamos un compromiso en
grupo
48
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