El rey llama a los invitados
Mateo 22:1-10
“El que gana almas es sabio”
(Pr 11:30b)
Rey Salomón (1015-975 a.C.)
Rey judío
Introducción
John Harper nació en una familia cristiana el 29 de mayo de
1872. Se hizo cristiano trece años después, y a los diecisiete
años ya había empezado a predicar. Recibió capacitación en la
Misión Bautista Pionera, en Londres, y en 1896 plantó una
iglesia, conocida ahora como Iglesia Harper Memorial, la cual
comenzó con veinticinco adoradores pero que ya había crecido
hasta quinientos miembros cuando él salió, trece años después.
Harper, recién nombrado pastor de la iglesia Moody, en
Chicago, viajaba en 1912 en el Titanic con su hija de seis años.
Luego de que la nave chocó con un iceberg y empezó a
hundirse, puso a Nana en un bote salvavidas, pero no hizo
esfuerzo alguno por seguirla. Al contrario, corrió por lodo el
barco gritando: «Mujeres, niños y personas que no son salvas,
¡corran a los salvavidas!» Los sobrevivientes informan que
comenzó a testificar a todos lo que estaban dispuestos a oír.
Continuó predicando aun después de saltar al agua y de
aferrarse a un fragmento del barco hundido (ya le había dado
su chaleco salvavidas a otro hombre).
Los momentos finales de Harper se relataron cuatro
años después en una reunión en Hamilton, Ontario, por un
hombre que dijo:
«Soy sobreviviente del Titanic. Esa fatídica noche,
encontrándome solo y a la deriva sobre un madero, la corriente
acercó a mí al Sr. Harper, de Glasgow, que también se hallaba
sobre un trozo de la nave.
—¿Eres salvo? —me preguntó.
—No —dije—, no lo soy.
—Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo —replicó.
Las olas alejaron al Sr. Harper, pero de manera extraña
lo acercaron de nuevo poco más tarde.
—¿Eres salvo ahora? —preguntó de nuevo.
—No —dije—, sinceramente no puedo decir que lo soy.
—Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo —volvió a
decir.
Poco después Harper se hundió; y allí, solo, en medio
de la noche y con tres kilómetros de agua debajo de mí, creí.
Soy el último convertido de John Harper.
Este hombre también fue una de las únicas seis
personas que los botes salvavidas recogieron del agua; a los
otros 1,522, incluyendo a Harper, se les consideró como
muertos.
“Nuestro Señor llama a los
convidados:”
I. Invitando por medio de sus mensajeros,
Mt 22:1-3
“El reino de los cielos es semejante a un rey
que hizo fiesta de bodas a su hijo. y envió a sus
siervos a llamar a los convidados a las bodas”
“Nuestro Señor llama a los
convidados:”
II. Insistiendo a pesar del rechazo,
Mt 22:3b-6
“mas éstos no quisieron venir. Volvió a enviar
otros siervos, diciendo: Decid a los
convidados: He aquí, he preparado mi comida;
mis toros...”
“Nuestro Señor llama a los
convidados:”
III. Inquietando la paciencia del Rey,
Mt 22:7
“Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus
ejércitos, destruyó a aquellos homicidas...”
“Nuestro Señor llama a los
convidados:”
IV. Intensificando el llamado a la fiesta,
Mt 22:8-10
“Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad
a las bodas a cuantos halléis. 10Y saliendo los
siervos por los caminos, juntaron a todos los
que hallaron...”
Conclusión
El 14 de abril de 1912, el Titanic recibió
mensajes de radio durante todo el día,
advirtiendo de la presencia de icebergs
flotantes. A las 11:40 de la noche los
dos vigías alertaron a los oficiales con
el mensaje: “¡Iceberg a la derecha!” El
Primer Oficial Murdoch tuvo menos de
un minuto para reaccionar. Decidió
detener inmediatamente el buque y
retroceder a toda marcha. De esta
forma, se prevenía una colisión frontal.
Pero como no fue posible detener
completamente el barco, la proa
colisionó con la montaña flotante de
hielo y nieve.
En menos de una hora, 25.000 toneladas de agua se habían
abierto camino dentro del barco. Cerca de la 1:00 de la madrugada
la proa del buque estaba bajo agua. La banda de música trataba
todavía de mantener la moral de los condenados a muerte.
Algunos pasajeros parecían ignorar lo que sucedía. En el salón de
fumar de primera clase, los hombres jugaban tranquilamente a las
cartas.. A la 01:30 hs. cuando la proa ya estaba hundida en el agua,
la gente apenas podía permanecer parada en la inclinada cubierta.
Los 14 botes salvavidas, los
dos barcos de emergencia, y dos de los
barcos de Engelhardt fueron lanzados.
Estos tuvieron una capacidad de 1,084
pasajeros. Obviamente, muchos
barcos no fueron cargados a su
capacidad plena. Hubo muchas razones
para no hacerlo. Según los datos
oficiales de los 2,224 pasajeros a bordo
sólo pudieron salvarse 711, es decir,
únicamente el 32% de los pasajeros
sobrevivió.
Pero pudo haberse salvado casi la mitad de los
tripulantes, pues había la capacidad en los botes salvavidas.
Cuando los que estaban en los botes oían los gritos de auxilio
de los que se estaban congelando a unos cuantos metros, no
hicieron nada por rescatarlos. Simplemente se limitaron a
escuchar sus gritos de desesperación y a permanecer
indiferentes ante la tragedia.
El día de hoy, hay gente que se
está muriendo y podemos escuchar sus
gritos. La pregunta es ¿qué vamos a
hacer ante el dolor que están
enfrentando? ¿Vamos a permanecer
indiferentes ante la condena a muerte
que pende sobre sus cabezas?
Descargar

Presentación de PowerPoint