Por las palabras que no me brindaste,
por tu grave inexplicable algidez,
por el encuentro que nunca tuvimos,
por tu falta de fe;
por tu caparazón fosilizado,
por el tapón que pusiste al placer,
por esa carta que nunca llegó…,
yo te recordaré.
Por el silencio de tus refulgencias,
por el naufragio de tu candidez,
por las respuestas que nunca llegaron,
por tu eterno después;
por los días sin gris que atropellamos,
por los bonitos recuerdos de ayer,
por lo que al fin nos dijimos soñando…,
yo te recordaré.
Yo te recordaré mientras exista,
mientras distinguir pueda el mal del bien,
mientras pueda seguir idolatrando,
a una hermosa mujer.
Mientras este corazón palpitando,
le pregunte a la cabeza por qué,
mientras sienta un soplo de vida, yo…
¡te tengo que querer!
El Ruiseñor Azul
(Rima CXCIX)
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