Lección 1 para el 6 de julio de 2013
“Y escribe al ángel de la
iglesia en Laodicea: He
aquí el Amén, el testigo
fiel y verdadero, el
principio de la creación
de Dios, dice esto:”
Al escribirnos esta carta,
Jesús se presenta con las
siguientes características:
(Apocalipsis 3:14)
EL AMÉN
EL TESTIGO FIEL Y
VERDADERO
EL PRINCIPIO DE
LA CREACIÓN DE
DIOS
“porque todas las
promesas de Dios son en
él Sí, y en él Amén, por
medio de nosotros, para la
gloria de Dios”
(2ª de Corintios 1:20)
“De cierto, de cierto te
digo, que lo que sabemos
hablamos, y lo que hemos
visto, testificamos; y no
recibís nuestro testimonio”
(Juan 3:11)
“en estos postreros días
nos ha hablado por el Hijo,
a quien constituyó
heredero de todo, y por
quien asimismo hizo el
universo” (Hebreos 1:2)
Esto implica que todo lo
que Jesús dice es verdad
(Is. 65:16), y por ello, su
mensaje a la iglesia de
Laodicea debe ser
aceptado sin vacilación.
Jesús es el testigo fiel
porque es el representante
perfecto del carácter, la
mente y la voluntad de
Dios delante de la
humanidad.
Jesús es lo que comienza,
la causa primera o motor
de la Creación. La iglesia
de Laodicea debe recalcar
las doctrinas de la
Creación y el sábado.
“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente.
¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres
tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”
(Apocalipsis 3:15-16)
Ante Dios aparecemos tibios, necesitados del fuego
que nos caliente, de la disciplina divina, del
reavivamiento y la reforma.
Aunque a nadie le agrada la disciplina (Hebreos 12:711), Dios la aplica para conseguir diversos propósitos:
 Para que participemos en Su santidad
(Hebreos 12:10)
 Para curar nuestras heridas (Job 5:17-18)
 Para instruirnos en la Ley (Salmo 94:12)
 Para mejorar nuestro carácter (Proverbios 29:15)
“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de
ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un
desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”
(Apocalipsis 3:17)
Tras el grave terremoto del
año 60 d.C., los habitantes de
Laodicea se negaron a
aceptar la ayuda que Roma le
ofrecía para la reconstrucción
de la ciudad.
Al igual que ellos, nos creemos
autosuficientes y no aceptamos
la ayuda amorosa que Jesús
nos ofrece para cambiar
nuestro carácter.
Como las vírgenes insensatas,
creemos tener todo lo que
necesitamos y no somos
conscientes de nuestra
necesidad del aceite espiritual.
“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres
oro refinado en fuego, para que seas rico, y
vestiduras blancas para vestirte, y que no se
descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge
tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo
y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso,
y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:18-19)
“A todos los sedientos:
Venid a las aguas; y los
que no tienen dinero,
venid, comprad y
comed. Venid, comprad
sin dinero y sin precio,
vino y leche”
Oro
Vestidos
Colirio
• Representa la
fe que obra
por el amor
(Santiago 2:5;
Gálatas 5:6)
• La justicia de
Cristo puesta de
manifiesto en
nuestras
acciones justas
(Gálatas 3:27;
Apocalipsis
19:8)
• La obra del
Espíritu Santo
que capacita al
cristiano para
distinguir entre
la verdad y el
error (Juan
16:13)
(Isaías 55:1)
“Jesús está yendo de puerta en puerta deteniéndose
frente al templo de cada alma y proclamando: "Yo estoy a
la puerta y llamo". Como un mercader celestial expone
sus tesoros y clama: "Te aconsejo que de mí compres oro
refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras
blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza
de tu desnudez". El oro que ofrece es sin impurezas, más
precioso que el de Ofir, pues es la fe y el amor. Se invita
al alma que se ponga las vestiduras blancas que son el
manto de justicia de Cristo, y el aceite para ungir es el
aceite de la gracia de Cristo, que dará visión espiritual al
alma que está cegada y en tinieblas para que pueda
distinguir entre la obra del Espíritu de Dios y del
espíritu del enemigo. "Abre tus puertas", dice el gran
Mercader, el poseedor de riquezas espirituales, "y haz tus
negocios conmigo. Soy yo, tu Redentor, quien te aconseja
que compres de mí"” Elena G. de White, Notas de Elena G. de White sobre Apocalipsis 3:18-20
Abrir la puerta a Jesús y compartir con
él nuestra cena es hacer de Jesús
nuestro amigo, nuestro compañero,
nuestro consejero.
“He aquí, yo estoy a
la puerta y llamo; si
alguno oye mi voz y
abre la puerta,
entraré a él, y cenaré
con él, y él conmigo”
(Apocalipsis 3:20)
“El Salvador dice: “He aquí, yo estoy a la
puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre
la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él
conmigo”. El no es ahuyentado por el
desprecio o desviado por la amenaza,
antes busca continuamente a los perdidos
diciendo: “¿Cómo podré abandonarte?”
(Os. 11:8) Aunque su amor sea rechazado
por el corazón obstinado, vuelve a suplicar
con mayor fuerza: “He aquí, yo estoy a la
puerta y llamo”. El poder conquistador de
su amor compele a las almas a acceder. Y
ellas dicen a Cristo: “tu benignidad me ha
engrandecido” (Sal. 18:35)”
Elena G. de White, Palabras de vida del Gran Maestro, cp. 18, p. 187
“Al que venciere,
le daré que se
siente conmigo en
mi trono, así como
yo he vencido, y
me he sentado con
mi Padre en su
trono. El que tiene
oído, oiga lo que el
Espíritu dice a las
iglesias”
(Apocalipsis 3:21-22)
Cristo usa su mayor motivación para su pueblo indiferente del tiempo del fin. Su amor ha
provisto la eternidad para nosotros. Tenemos sangre real que fluye por nuestras venas.
Somos hijos e hijas del Rey del universo. Podemos reinar con él, sentados sobre su Trono
para siempre. Toma ahora la decisión de vivir como el príncipe que eres.
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Distribución
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