Rachel Louise Carson fue una divulgadora estadounidense
que, a través de la publicación de Primavera silenciosa en
1962, contribuyó a la puesta en marcha de la moderna
conciencia ambiental.
La bióloga es considerada como una de las primeras que logró atraer la
atención mundial a los problemas relacionados con la conservación del
medio ambiente.
Realmente, Rachel Louise Carson no recibió una educación puramente científica
ya que tenía dificultades económicas y familiares que le impidieron acudir a la
universidad. A cambio de eso, ingresó en la Administración de Pesca y Vida
Salvaje de Estados Unidos y allí se convirtió en divulgadora de textos y
redactora de guiones para las radios locales. Todos esos escritos tenían como
mensaje principal el cuidado a la naturaleza y denunciaban las abundantes
violaciones que se hacían a plantas y animales con productos tóxicos.
Su obra más conocida, 'Primavera silenciosa', está considerada uno
de los libros científicos más influyentes de todos los tiempos.
En 1962 y tras cuatro años de veto, la sociedad comenzó a concienciarse y los
gobiernos cedieron ante la presión de los grupos ecologistas. Uno de los
productos más perjudiciales que Rachel Louise Carson condenaba era
el DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano). Su uso se aplicaba a la extinción de
insectos que eran portadores de la malaria. Tras la prohibición del uso
del DDT, esta enfermedad volvió a atacar en masa a la sociedad.
Como ocurre con la mayoría de científicos y de críticos con la sociedad, Rachel
Louise Carson recibió numerosas críticas en vida y también después de morir. La
mayoría de ellas, relacionadas con ese aumento de enfermos de malaria. La
sociedad comenzó a comprender que la naturaleza es un ente muy complicado de
controlar y que cualquier modificación en su composición tiene consecuencias
beneficiosas para unos pero que pueden llegar a ser muy perjudiciales para
otros.
Como reflexión personal, la humanidad, siendo la única especie capaz de
ejercer su dominio sobre el medio, y a su vez la que posee el potencial de
conocer y entender los fenómenos de la naturaleza; siendo además, la única que
puede idear soluciones a los problemas que ella misma genera. Es,
paradójicamente, protagonista de un desequilibrio ambiental mundial sin
antecedentes, generado por la producción incontrolable de sustancias tóxicas y
residuos artificiales de alta permanencia. La cruda
realidad ambiental que nos rodea no es
más que el resultado de una sociedad
consumista donde la balanza favorece
a las industrias, al comercio y a
la moda, más que a la salud.
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