“¿Qué ropa ponerse?”
Miguel-A.
INSPECCIÓN DE HACIENDA.
Aurelio, un importante hombre de negocios, ha recibido en
su domicilio carta para una citación, con una declaración
paralela del IRPF, para una investigación fiscal en la
Administración de Hacienda. Asustado, fue a consultar con
su asesor .
El asesor le dijo que
llevaba cinco años
declarando la mitad de las
rentas, y él ya le había
advertido. Ahora sólo le
quedaba renegociar la
multa. Y le aconsejó
intentar mover al inspector
a compasión presentándose
mal vestido, con aires de
despistado, y cara de no
haber roto un plato.
En cambio, un amigo le dijo:
- Mira, no dejes que el
inspector te acojone.
Acojónalo tú primero. La
mejor defensa es un buen
ataque. Ponte tu mejor traje
y una lujosa corbata y pega
un fuerte puñetazo sobre la
mesa... si hiciera falta,
cógelo por la solapa y le
dices: "¿Pero, desgraciado,
tú sabes con quién coño
estás hablando?".
Preocupado, ante consejos tan dispares, le expuso a un vecino
sacerdote ambas opiniones, y le preguntó cómo creía que debía
vestirse para esa ocasión.
- Mira, déjame contarte una historia le respondió el sacerdote-. Entre mis
feligreses había una chica joven a
quien su madre aconsejó ponerse en su
noche de bodas una larga bata de
franela bien abotonada. Consultado
este consejo con su mejor amiga, ésta le
dijo lo contrario: "¡Nada de eso! Tu
madre está superanticuada. Ponte un
voluptuoso camisón de seda fina hasta
los muslos y con un escote tan amplio
que te llegue hasta el ombligo”.
Entonces se hizo un prolongado silencio: el uno había acabado el
relato y esperaba la reacción, y el otro no había entendido y estaba a
expensas de que la historia continuara. Por fin, Aurelio preguntó:
- ¿Y qué tiene eso que ver conmigo?.
- Sencillo -contestó el cura-: que hagas lo que hagas, y
te vistas como te vistas, ¡te la van a meter!.
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