9Jehová
será refugio del pobre, Refugio
para el tiempo de angustia. 10En ti
confiarán los que conocen tu nombre,
Por cuanto tú, oh Jehová, no
desamparaste a los que te buscaron.
6Así
el sacerdote le dio el pan sagrado,
porque allí no había otro pan sino los
panes de la proposición, los cuales habían
sido quitados de la presencia de Jehová,
para poner panes calientes el día que
aquéllos fueron quitados. 7Y estaba allí
aquel día detenido delante de Jehová uno
de los siervos de Saúl, cuyo nombre era
Doeg, edomita, el principal de los pastores
de Saúl.
8Y
David dijo a Ahimelec: ¿No tienes aquí
a mano lanza o espada? Porque no tomé
en mi mano mi espada ni mis armas, por
cuanto la orden del rey era apremiante. 9Y
el sacerdote respondió: La espada de
Goliat el filisteo, al que tú venciste en el
valle de Ela, está aquí envuelta en un
velo detrás del efod; si quieres tomarla,
tómala; porque aquí no hay otra sino esa.
Y dijo David: Ninguna como ella; dámela.
10Y
levantándose David aquel día, huyó de la
presencia de Saúl, y se fue a Aquis rey de Gat. 11Y
los siervos de Aquis le dijeron: ¿No es éste David,
el rey de la tierra? ¿no es éste de quien cantaban
en las danzas, diciendo: Hirió Saúl a sus miles, Y
David a sus diez miles? 12Y David puso en su
corazón estas palabras, y tuvo gran temor de
Aquis rey de Gat. 13Y cambió su manera de
comportarse delante de ellos, y se fingió loco
entre ellos, y escribía en las portadas de las
puertas, y dejaba correr la saliva por su barba.
1Yéndose
luego David de allí, huyó a la cueva
de Adulam; ……
1Yéndose
luego David de allí, huyó a la
cueva de Adulam; y cuando sus
hermanos y toda la casa de su padre lo
supieron, vinieron allí a él. 2Y se juntaron
con él todos los afligidos, y todo el que
estaba endeudado, y todos los que se
hallaban en amargura de espíritu, y fue
hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como
cuatrocientos hombres.
Analicemos este momento de la vida
de David
• Un refugio perfecto para valorar a la familia, y
bálsamo para las heridas.
• Un refugio donde se da el inicio a nuevos
sueños a una necesidad persona.
• Los problemas nos vuelven más sensibles a
las necesidades de los demás.
• Aprender que estarán a tu lado los que
realmente te aman.
3Y
se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo
al rey de Moab: Yo te ruego que mi padre y mi
madre estén con vosotros, hasta que sepa lo
que Dios hará de mí. 4Los trajo, pues, a la
presencia del rey de Moab, y habitaron con él
todo el tiempo que David estuvo en el lugar
fuerte. 5Pero el profeta Gad dijo a David: No te
estés en este lugar fuerte; anda y vete a tierra
de Judá. Y David se fue, y vino al bosque de
Haret.
18Entonces
dijo el rey a Doeg: Vuelve tú, y
arremete contra los sacerdotes. Y se volvió
Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes, y
mató en aquel día a ochenta y cinco varones
que vestían efod de lino. 19Y a Nob, ciudad de
los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a
hombres como a mujeres, niños hasta los de
pecho, bueyes, asnos y ovejas, todo lo hirió a
filo de espada. 20Pero uno de los hijos de
Ahimelec hijo de Ahitob, que se llamaba
Abiatar, escapó, y huyó tras David.
21Y
Abiatar dio aviso a David de cómo
Saúl había dado muerte a los sacerdotes
de Jehová. 22Y dijo David a Abiatar: Yo
sabía que estando allí aquel día Doeg el
edomita, él lo había de hacer saber a
Saúl. Yo he ocasionado la muerte a todas
las personas de la casa de tu padre.
23Quédate conmigo, no temas; quien
buscare mi vida, buscará también la tuya;
pues conmigo estarás a salvo.
1Después
de esto aconteció que David consultó
a Jehová, diciendo: ¿Subiré a alguna de las
ciudades de Judá? Y Jehová le respondió:
Sube. David volvió a decir: ¿A dónde subiré? Y
él le dijo: A Hebrón. 2David subió allá, y con él
sus dos mujeres, Ahinoam jezreelita y Abigail, la
que fue mujer de Nabal el de Carmel. 3Llevó
también David consigo a los hombres que con
él habían estado, cada uno con su familia; los
cuales moraron en las ciudades de Hebrón. 4Y
vinieron los varones de Judá y ungieron allí a
David por rey sobre la casa de Judá.
1Vinieron
todas las tribus de Israel a
David en Hebrón y hablaron, diciendo:
Henos aquí, hueso tuyo y carne tuya
somos. 2Y aun antes de ahora, cuando
Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú
quien sacabas a Israel a la guerra, y lo
volvías a traer. Además Jehová te ha
dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel,
y tú serás príncipe sobre Israel.
3Vinieron,
pues, todos los ancianos de
Israel al rey en Hebrón, y el rey David
hizo pacto con ellos en Hebrón delante
de Jehová; y ungieron a David por rey
sobre Israel. 4Era David de treinta años
cuando comenzó a reinar, y reinó
cuarenta años.
6Entonces
marchó el rey con sus
hombres a Jerusalén contra los jebuseos
que moraban en aquella tierra; los cuales
hablaron a David, diciendo: Tú no
entrarás acá, pues aun los ciegos y los
cojos te echarán (queriendo decir: David
no puede entrar acá). 7Pero David tomó
la fortaleza de Sion, la cual es la ciudad
de David.
8Y
dijo David aquel día: Todo el que hiera
a los jebuseos, suba por el canal y hiera a
los cojos y ciegos aborrecidos del alma de
David. Por esto se dijo: Ciego ni cojo no
entrará en la casa. 9Y David moró en la
fortaleza, y le puso por nombre la Ciudad
de David; y edificó alrededor desde Milo
hacia adentro. 10Y David iba adelantando y
engrandeciéndose, y Jehová Dios de los
ejércitos estaba con él.
17He
aquí, amargura grande me
sobrevino en la paz, mas a ti agradó
librar mi vida del hoyo de corrupción;
porque echaste tras tus espaldas todos
mis pecados. 18Porque el Seol no te
exaltará, ni te alabará la muerte; ni los
que descienden al sepulcro esperarán
tu verdad.
19El
que vive, el que vive, éste te dará
alabanza, como yo hoy; el padre hará
notoria tu verdad a los hijos. 20Jehová
me salvará; por tanto cantaremos
nuestros cánticos en la casa de Jehová
todos los días de nuestra vida.
1. No descuidemos nuestra familia,
son los se unirán a nosotros
incondicionalmente.
2. Cultiva la verdadera amistad y
hermandad con aquellos que sin
importar tu condición estarán a tu
lado.
8Jehová
es la fortaleza de su
pueblo, Y el refugio salvador de su
ungido. 9Salva a tu pueblo, y
bendice
a
tu
heredad;
Y
pastoréales y susténtales para
siempre.
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