Disfrutar la gratitud y la gratuidad
Propuesta Secundaria y
Bachillerato
Contenidos
1. Lectura de la Biblia: Curación del paralítico (Mc 2,
1-12).
2. Exégesis del milagro.
3. Lectura: “La visita del mal” de Antonio Colinas.
4. Actividad de interiorización.
5. Conclusiones
1. Curación de un paralítico
Mc 2, 1-12
Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo había corrido la
voz de que estaba en casa. 2.Se agolparon tantos que ni siquiera
ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la Palabra. 3.Y le
vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro.
1.
Al
no
poder
presentárselo a causa de
la multitud, abrieron el
techo encima de donde
él estaba y, a través de la
abertura que hicieron,
descolgaron la camilla
donde
yacía
el
paralítico.
4.
Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico:
«Hijo, tus pecados te son perdonados.»
5.
Estaban allí sentados
algunos
escribas
que
pensaban en sus corazones:
7. «¿Por qué éste habla así?
Está blasfemando. ¿Quién
puede perdonar pecados,
sino Dios sólo?»
6.
Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos
pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en
vuestros corazones? 9.¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus
pecados te son perdonados", o decir: "Levántate, toma tu camilla
y anda?"
8.
Pues para que sepáis que el Hijo
del hombre tiene en la tierra poder
de perdonar pecados - dice al
paralítico -:
11."A ti te digo, levántate, toma tu
camilla y vete a tu casa."»
12.Se levantó y, al instante, tomando
la camilla, salió a la vista de todos,
de modo que quedaban todos
asombrados y glorificaban a Dios,
diciendo: «Jamás vimos cosa
parecida.»
10.
2. Exégesis del milagro.
Inspirado en el comentario
que hace Enrique Martínez
Lozano en
www.feadulta.com
La cultura judía había
asociado “enfermedad” y
“pecado” hasta el extremo
de llegar a estigmatizar a
los enfermos como
pecadores.
Por el otro lado, eso
significaba que la
sanación sólo podía ser tal
si iba acompañada del
perdón: curada la raíz –el
pecado-, el cuerpo
recuperaría la salud.
Enfermedad
Perdón
Pecado
Desde nuestra perspectiva, nos resulta fácil
apreciar las consecuencias dolorosas que
comporta esa visión: el enfermo, además de
afrontar su dolencia, debía cargar con el
sambenito de pecador.
Esa creencia buscaba dar razón del sufrimiento, atribuyendo su
causa al comportamiento de la persona (o de algún antepasado
suyo), tal como se recoge en un relato del cuarto evangelio:
“Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento.
Sus discípulos, al verlo, le preguntaron: Maestro, ¿por
qué nació ciego este hombre? ¿Fue por un pecado suyo
o de sus padres?” (Jn 9,1-2).
Conocemos también la respuesta de Jesús:
“La causa de su ceguera no ha sido ni un pecado suyo
ni de sus padres” (Jn 9,3).
Lecturas de este tipo
condenan todavía más a
la persona que padece
cualquier dolor y
conducen a una actitud
fatalista y resignada.
Es más honesto reconocer
nuestra ignorancia a la
hora de preguntarnos por
el problema del mal en el
mundo, particularmente
el mal que sufren las
personas más inocentes,
sobre todo los niños.
Aquellas creencias, aunque inaceptables en su formulación literal,
contenían al menos dos intuiciones que podemos rescatar:
El ser humano constituye una unidad, en la que todo
influye en todo: cuerpo, psiquismo y espíritu son las tres
dimensiones o perspectivas, que se influyen mutuamente.
La medicina holística e incluso las más recientes
investigaciones neurocientíficas lo tienen bien
comprobado.
Todo lo que nos ocurre –también las experiencias de
dolor-, aunque no podamos conocer a qué se debe,
podemos vivirlo como una oportunidad de aprendizaje y
de crecimiento, desde dos actitudes sabias, que es
necesario vivir simultáneamente: la no-evitación (no
negar lo que hay) y la no-reducción (somos más que
todo aquello que nos pueda ocurrir).
3. Lectura: “La visita del mal”
de Antonio Colinas.
Antonio COLINAS, Libro de la
mansedumbre, Tusquets, Barcelona 1997,
(pp.19-20).
Hoy hemos recibido la visita del mal,
pero hemos decidido acogerlo
como a huésped fecundo.
Llegó el mal de repente, como cepo o
veneno,
y le hemos abierto
de par en par la puerta de la casa.
Como siempre, el mal
viene ciego, desnudo, sin razón,
y aunque perros y gatos han salido
huyendo,
conservamos la calma plenamente
y lo hemos conducido hasta el jardín.
Allí, el dulce día, el sol tan fuerte,
abrasaban las llagas y pesares,
resecaban la sangre en las heridas,
borraban el espeso hedor del aire.
Nos ha llegado el mal como un cuchillo airado
en sótanos de sombra,
mas casa y corazón están abiertos.
Una vez más tuvimos que poner
amor donde el amor no se encontraba.
Y no hay mordaza, dardo, aguja, hiel
que no pueda fundir la hoguera musical
que, de monte a monte, hoy propaga el otoño.
He entrado unos momentos en la casa
para sacarle el pan y la bebida
al huésped iracundo.
Quise alegrarle el corazón, poner
un poco de calor en su cara de hielo.
Con sosegada paz volví al jardín
para abrazar el mal, pero no pude,
pues lo encontré caído y moribundo
de luz y de silencio entre la hierba.
Hoy hemos recibido la visita del mal,
mas pronto hemos tenido que enterrarlo
debajo del naranjo y de su aroma,
donde zumban las abejas.
A solas nos tuvimos que beber
el vino que sacamos para el huésped,
el dulce vino del más hondo olvido.
4. Actividad de interiorización
Toma el tiempo necesario para buscar
en tu “hondón” y vive el silencio como
herramienta necesaria para escuchar tu
interioridad.
1. ¿Vivo abierto a la
novedad de lo que
cada día se me regala?
2. ¿Vivo para mi ego o
me atrevo a dejar que la
profundidad del amor
gratuito de Dios
reconfigure todas mis
acciones?
3. ¿Tengo viva la motivación de levantarme
como el “paralítico” del evangelio, e
identificada la “camilla” que debo dejar para
poder vivir?
4. ¿Tengo los “ojos abiertos” para saber
reconocer las necesidades de las personas que
viven a mi alrededor?
5. Conclusiones
1. Reconocer la “negatividad”
de un modo constructivo.
2. Valorar el carácter gratuito
del perdón que ofrece Jesús.
1.Reconocer la “negatividad” de un modo constructivo.
Para vivir la “negatividad” de un modo constructivo, quizás
tengamos que empezar por reconocerla, aceptarla y estar
dispuestos a caminar.
En el relato evangélico, tal actitud
queda reflejada en las palabras de
Jesús:
“levántate, toma tu camilla y vete
a tu casa”
y en la prontitud del enfermo
“Se levantó inmediatamente, tomó
la camilla y salió”.
Sin darnos cuenta, podemos acomodarnos o instalarnos
incluso en nuestras “camillas”, en nuestros malestares y
problemas.
La invitación es a ponernos en pie, a caminar.
Por eso, quizás podamos empezar preguntándonos si no
nos hemos acostumbrado a alguna “camilla” que nos
paraliza.
¿Cuáles son, en este momento de mi vida, las “camillas”
en las que permanezco echado? ¿De cuál tendría que
“levantarme”?
Con frecuencia, las “camillas” son mentales:
mecanismos de defensa, con los que buscamos
“amortiguar” temores o mantener a raya cualquier
cosa que podría inquietarnos.
Las “camillas” buscan mantenernos en lo que nos
resulta conocido y familiar, protegiéndonos de todo
aquello que nos situaría ante lo nuevo.
Se halla en juego algo decisivo:
¿Me mantengo en la rutina (aquello que
mi mente cree controlar) o vivo abierto a
la novedad de la Vida?
¿Estoy instalado en la comodidad –
aunque sea mortecina- o me siento cada
día en camino?
¿Estoy “tendido” o en pie?
“Levántate, toma tu camilla
y echa a andar”
2. Valorar el carácter gratuito del perdón que ofrece Jesús.
Ejes fundamentales
de la existencia
cristiana
1. El amor gratuito existe antes que el hombre,
porque existe en Dios.
2. Nuestro Dios es un Dios que se define como
amor (I Jn 4, 8) y es un Dios de comunicación
interpersonal.
3. Esta gratuidad del amor divino se hace
evidente en la revelación progresiva de Dios
en la Escritura.
4. Toda la Escritura es un testimonio de la
libertad divina para dar gratuitamente su
gracia a quienes Dios elige.
5. En el Nuevo
Testamento, Cristo
aparece como la puerta
que da acceso al hombre
a la intimidad de Dios:
en el Hijo, el Padre se
derrama por completo.
6. La Encarnación del Hijo de Dios no está relacionada
con el buen comportamiento de la humanidad sino que
es fruto de la elección, libertad y gratuidad de Dios,
que se quiere dar al género humano para salvarle de la
opresión del pecado.
7 Cristo nos llama a
ser personas libres,
a hacernos nosotros
mismos, buscando
nuestra verdadera
identidad. En
definitiva, Cristo
nos hace vivir en
gratuidad y nos
enseña la gratitud
por haber aprendido
esa revolucionaria
forma de amor.
8. Vivir la gratuidad de Dios se concreta en vivir
para los demás.
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Curación de un paralítico