De la feliz unión del relato de terror con la novela de detectives tradicional,
así como del interés de los autores por el ocultismo y el enorme
éxito popular de la literatura pulp,
surgen a principios de siglo los detectives de lo sobrenatural;
una singular casta de personajes, hijos bastardos de Sherlock Holmes,
discípulos aventajados del profesor Van Helsing,
capaces de utilizar grandes poderes deductivos,
rastrear de manera implacable las tinieblas, enfrentarse a terrores sin cuento, y,
por supuesto, volver a casa puntualmente a la hora del té.
BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:
- El sabueso de los Baskerville (Arthur Conan Doyle)
- Carnacki, el cazafantasmas (William Hope Hodgson)
- Northwest Smith (C.L. Moore)
- ¡Arde, bruja, arde! (Abraham Merritt)
- ¡Arrástrate, sombra, arrástrate! (Abraham Merritt)
- El libro de Fu Manchú (Sax Rohmer)
- La lista de los siete (Mark Frost)
- Los vigilantes del "más allá" (vv.aa.)
Eché un vistazo a lo largo y ancho de la estancia vacía, por encima de la doble barrera de luz, la
eléctrica y la de las velas, y entonces me asaltó una súbita y desacostumbrada sensación de que ALGO NO IBA
BIEN... Ya sabéis, era algo que estaba en el aire, como el presentimiento de que FUESE A OCURRIR ALGO
SOBRENATURAL. [...]
Me volví hacia la cámara y vi que tanto ella como el flash estaban en perfecto estado. Verifiqué con
sumo cuidado el buen funcionamiento del revólver, aunque pensaba que no llegaría a necesitarlo, ya que, incluso
en condiciones favorables, nunca se sabe EL GRADO DE MATERIALIZACIÓN QUE PUEDE ALCANZAR
UNA CRIATURA SOBRENATURAL; por otra parte, ni siquiera era capaz de imaginarme lo terrible que podría
ser la Cosa que iba a ver o la Presencia que iba a sentir. Era muy posible que, a fin de cuentas, TUVIESE QUE
ENFRENTARME CON ALGO MATERIAL. Pero, como no lo sabía, lo único que podía hacer era estar
preparado. Ya veis que no me había olvidado de LAS TRES PERSONAS ESTRANGULADAS en la cama que
había cerca de mí, ni de los tremendos embates de la puerta que había oído. No tenía duda alguna de que me
hallaba investigando UN CASO FEO Y PELIGROSO.
Mientras tanto SE HABÍA HECHO DE NOCHE (aunque la habitación estuviese muy iluminada por
las velas encendidas), y me sorprendí al comprobar que NO HACÍA MÁS QUE VOLVER LA CABEZA y ver lo
que tenía detrás, para después seguir andando por toda la habitación. ESPERAR dentro de ella LA LLEGADA
DE LA COSA era algo capaz de poner a prueba los nervios del más valiente.
De pronto fui consciente de que ME ENVOLVÍA UN VIENTO HELADO, casi imperceptible, que
llegaba de detrás. Sentí un gran escalofrío y una feroz comezón se adueñó de mi nuca. [...].
De repente me di cuenta de que LAS VELAS COMENZABAN A PARPADEAR bajo aquel viento
innatural... Me quedé petrificado y estuve mirándolas, terriblemente espantado, durante varios minutos. ¡Sería
incapaz de describiros lo horriblemente a disgusto que me sentía, mientras permanecía sentado bajo aquel viento
gélido y corrupto!. Y entonces..., ¡FF!, ¡FF!, ¡FF!..., LAS VELAS DE LA BARRERA EXTERNA SE APAGARON,
y me encontré en una habitación bajo llave y precintada, sin más luz que el débil resplandor azulado del
pentáculo eléctrico.
William Hope Hodgson: La puerta del monstruo.
ALGO NEGRO Y ABORRECIBLE apareció en el borde de la imagen suspendida encima de ellos: UNA
SOMBRA más presentida que vista, REPULSIVA, OMINOSA Y MALIGNA, una masa que se formaba sin llegar a
cuajar, una presencia que se insinuaba a sí misma en la visión, filtrándose a través del bosque espectral, AVANZANDO
HACIA EL NIÑO INDEFENSO. [...]
El fantasma se enrolló en espiral alrededor del niño, aspiró la última gota de luz de la imagen y engulló el
sonido del llanto, DISPUESTO A DEVORAR AL CHIQUILLO. Lady Nicholson se puso a gritar.
Doyle se levantó de un salto y soltó las manos de sus vecinos. Cogiendo la silla, la arrojó contra la imagen,
que se destrozó como un cristal líquido, desapareciendo en la nada con un chisporroteo. [...]
-¡Idiota!
La voz surgió de la médium.
Con una sonrisa maliciosa y los ojos resplandecientes, SE ELEVÓ RÁPIDAMENTE EN EL AIRE por encima
de la mesa. [...]
-¿OS CREÉIS UN BUSCADOR DE LA VERDAD? -se burló la médium.
Extendió las manos, cuyas palmas tenían la piel ondulada y tumefacta con horribles derrames subcutáneos.
Cuando abrió la boca, una nube de espeso vapor gris brotó simultáneamente de su boca y sus manos. El vapor,
suspendido en el aire, TRAZÓ EL CONTORNO Y DESPUÉS LLENÓ LA IMAGEN DE UN ESPEJO de cuerpo
entero. A medida que la superficie se iba definiendo, la reflexión de la médium apareció en el espéculo espectral.
-ENTONCES CONTEMPLA MI VERDADERO ROSTRO.
Detrás de la imagen que se veía en el espejo flotó OTRA FORMA, VELADA E INDISTINTA, que se posó y
después se impuso al reflejo de la médium, rellenándola como el agua que satura la arena, hasta que sólo quedó un
rostro totalmente nuevo: UNA CRIATURA CADAVÉRICA con cuencas rojas y supurantes, la piel gris carcomida en
muchos puntos hasta el hueso, y mechones de pelo negro y grasiento que le crecían por doquier y no sólo en la cabeza.
Mientras la médium permanecía inmóvil, limitándose a sonreír, LA CRIATURA miró a Doyle y ABRIÓ LA CAVIDAD
DESTROZADA QUE OFICIABA DE BOCA. La voz era la misma que habían escuchado todo el tiempo, pero ahora
procedía exclusivamente del demonio en el espejo.
-IMAGINABAIS QUE HACÍAIS EL BIEN. MIRAD AHORA LO QUE HABÉIS CONSEGUIDO.
Mark Frost: La lista de los siete
Descargar

Pasaje de Terror