Con expresiones breves y vigorosas, este himno responsorial
presenta un resumen de la Historia de la Salvación.
+ La evocación de la obra de Dios en la creación (vs. 4-9)
sirve de preludio al relato de su “gesta” histórica en favor de
Israel, desde el Éxodo hasta la entrada en la Tierra prometida
(vs. 10-22).
+ El estribillo expresa la respuesta admirada y agradecida
del pueblo, que señala el fundamento y la razón de ser de todas
esas maravillas, o sea, el amor gratuito y la misericordiosa
bondad del Dios de la Alianza.
La espiritualidad de Israel manifiesta en este himno litúrgico una de sus expresiones más
ricas y profundas. El cántico, entonado por la comunidad reunida en asamblea en la
celebración de la Pascua, expresa el alma agradecida de un pueblo liberado.
Es
el salmo llamado «El gran Aleluya»: La majestuosa alabanza a Yavé, creador de los
cielos y la tierra, que se ha inclinado y ha escogido un pueblo para ser testigo privilegiado de
su amor y su bondad. La asamblea inicia su cántico reconociendo y aclamando a Yavé por
las maravillas que ha desplegado en la creación: «Dad gracias al Señor, porque es bueno...
La
gratitud del pueblo para con Yavé tiene un añadido que rebasa la creación. Israel tiene
una historia que está indisolublemente ligada a Yavé-Creador. Él ha hecho de Israel un
pueblo diferente a todos los demás. Es una historia de preferencia, de elección. Si grandes
son las maravillas de Yavé en su creación, aún mayores son las que hace por el pueblo de
su elección.
La gran maravilla que marca la historia de la creación y de toda la humanidad es que Dios
resucita a su Hijo del lazo de la muerte. En El, la muerte no tiene ya poder permanente
sobre el hombre. La maravilla se dispara al infinito ante el don de la inmortalidad del ser
humano. En Jesucristo todos estamos llamados a ser hijos de Dios, portadores del sello de
la vida eterna.
Dad gracias al Señor
porque es bueno:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios de
los dioses:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Señor de
los señores:
porque es eterna su
misericordia.
Sólo hizo grandes
maravillas:
porque es eterna su
misericordia.
El hizo sabiamente los
cielos:
porque es eterna su
misericordia.
El afianzó sobre las
aguas la tierra:
porque es eterna su
misericordia.
El hizo lumbreras
gigantes:
porque es eterna su
misericordia.
El sol que gobierna el
día:
porque es eterna su
misericordia.
La luna que gobierna
la noche:
porque es eterna su
misericordia.
El hirió a Egipto en sus
primogénitos:
porque es eterna su
misericordia.
Y sacó a Israel de aquel
país:
porque es eterna su
misericordia.
Con mano poderosa, con
brazo extendido:
porque es eterna su
misericordia.
El dividió en dos
partes el mar Rojo:
porque es eterna su
misericordia.
Y condujo por en
medio a Israel:
porque es eterna su
misericordia.
Arrojó en el mar Rojo
al faraón:
porque es eterna su
misericordia.
Guió por el desierto a su
pueblo:
porque es eterna su
misericordia.
El hirió a reyes famosos:
porque es eterna su
misericordia.
Dió muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su
misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su
misericordia.
Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su
misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su
misericordia.
En heredad a Israel su siervo:
porque es eterna su
misericordia.
En nuestra humillación, se
acordó de nosotros:
porque es eterna su
misericordia.
Y nos libró de nuestros
opresores:
porque es eterna su
misericordia.
El da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.
EL GRAN HAL-LEL
«Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor».
Israel canta su acción de gracias en la fiesta de la Pascua, enumerando con memoria
cariñosa todas las maravillas que ha hecho el Señor, desde la creación y el rescate hasta la
conquista y el cuidado diario, bajo la sagrada monotonía del mismo estribillo: «Porque es
eterno su amor».
Añado a la letanía oficial mis propios versos privados. El me trajo a la vida, porque es eterno
su amor. Me puso en una familia buena, porque es eterno su amor. Me enseñó a pronunciar
su nombre, porque es eterno su amor. Me reveló sus escrituras, porque es eterno su amor.
Me llamó a su servicio, porque es eterno su amor. Me envió a ayudar a su pueblo, porque es
eterno su amor. Me visita cada día, porque es eterno su amor. Me ha llamado amigo suyo,
porque es eterno su amor.
Ahora continúo, en el silencio de la conciencia, rememorando aquellos momentos que sólo
él y yo conocemos, momentos de intimidad y gozo, momentos de dolor y arrepentimiento,
momentos de gracia y misericordia. Porque es eterno su amor.
Mi vida se hace oración, mis recuerdos son letanía sagrada, y mi historia es un salmo. Y tras
de cada suceso, grande o pequeño, alegre o penoso, oculto o manifiesto, viene el verso que
los une a todos y da sentido y alegría a mi vida en la dirección eterna y única de la íntima
providencia de Dios. Porque es eterno su amor.
Te damos gracias, Señor, porque toda la historia del mundo es
manifestación de una misericordia que tiene su amor en Cristo,
nuestro Señor; nosotros, que lo esperamos todo de ti, te pedimos
que sigas colmando a todos los hombres de los dones de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
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SALMO 135 - Liturgia de las Horas, Oficio Divino