CAPITULO III:
LA NOVEDAD DEL CRISTIANISMO
AUTOCOMUNICACION DE DIOS
EN LA HISTORIA

Desarrollo
En esta clase trataremos temas relacionados con la
condescendencia de Dios, es decir, como Dios se
comunica con el hombre por su propia iniciativa y
por su amor a la Creación.
La Historia de la Salvación reconocida en la historia
del pueblo de Israel (Éxodo, Monarquía, Jueces) en
las diferentes épocas (Persa, Helenista), presenta
la acción de Dios en la humanidad y su
intervención para que el hombre sea feliz (fuente
de Revelación en el Antiguo Testamento).
El Nuevo Testamento presenta la Revelación
culmen de Dios en su Hijo Jesucristo y el
nacimiento de la Iglesia a partir del anuncio
cristológico.

OBJETIVO
Que los alumnos realicen un acercamiento a la
Historia de la Salvación, en el marco de la
autocomunicación de Dios, según la experiencia
del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento , y la
Revelación culmen con Jesucristo en el Nuevo
Testamento.
La Condescendencia de Dios

A partir de nuestra condición existencial, en nuestro horizonte
personal y social, podemos reconocer caminos para una
experiencia de Dios. Dicho de un modo afirmativo señalamos
que aquel misterio absoluto, que se nos presenta como
posibilidad, nos abre el espacio para reconocer en este mismo
misterio la propia divinidad.

La posibilidad que se nos manifiesta, considerando ya lo
acontecido y reconocido en la historia humana, es
precisamente que este misterio puede comprenderse como
Dios, desde cuando él se hace forma a través de los
acontecimientos de “La Revelación”, es decir, de aquellas
circunstancias manifestadas en la historia que nos permiten
señalar como Dios, aquello que antes era misterio absoluto.[1]
[1] De hecho la tradición cristiana, a partir del Nuevo testamento, atribuye sin reservas por lo menos a Abraham y
al pueblo de Israel, la Fe en el verdadero Dios. Ver; Introducción a la fe cristiana, Medard Kehl, Sígueme,
Salamanca, 2002, pp. 39

En este proceso al que estamos llamando Revelación,
se van desarrollando dialógicamente una serie de
encuentros que emanan de iniciativas divinas y/o
humanas, siempre y cuando este misterio se
manifiesta a través de la “figura divina”, o en cuanto
este mismo misterio se acoge por la figura humana.
Lo que se presenta, con mas claridad aun, es que la
comprensión de Dios como Dios, se da a partir de un
cierto condicionamiento divino en la experiencia
humana.[1]

[1] Cf. Ratzinger, Joseph, Introducción al cristianismo, Sígueme, Salamanca, 1970, pp. 80.

El hombre hace comprensión de este misterio
absoluto, reconocido como Dios, dentro de los
límites humanos. En todo caso, no puede ser de
otro modo, y solo podrá ser reconocido por quien
se abre a ella a modo humano. Es la propia
existencia humana la que garantiza, al menos en
cuanto objeto, la posibilidad de una Revelación del
Absoluto, concebido como Dios.

La total manifestación de Dios, como Misterio absoluto a los hombres, se da
en la finitud humana, lo que no anula la trascendencia, bajo la cual se
manifiesta. Dicho de otro modo, es el total Misterio de Dios que se deja
reconocer en la experiencia de la finitud humana, abriéndose paso a una
cercanía real e inmanente, pero que se abre y nos abre, a una total
cercanía trascendente.[1]

Yahveh -en lenguaje veterotestamentario- se revela como Dios de un pueblo
en su historia concreta y de un modo real e histórico, en donde la limitación
humana del pueblo hebreo lo reconoce como su propio Dios. En todo caso
hay que reconocer que nuestras expresiones positivas se realizan en Dios
con una desmesura incomprensible, ante la cual todas nuestras ideas y
conceptos fracasan, incluso cuando le aplicamos el concepto mas hermoso
y pleno que tenemos, es decir, el amor.[2]


[1] Cf. Sesboüe, Bernard, Creer, invitación a la fe católica para las mujeres y los hombres del
siglo XXI, San Pablo, Madrid, 1999, pp.115
[2] Kehl, Medard, Introducción a la fe cristiana, sígueme, Salamanca, 2002, pp. 87.
 El misterio entra en la historia de los hombres y
asume su condición de Dios en los límites espaciotemporales de la historia humana. Aquí se da la
Revelación, la forma histórica de Dios acontece
siempre de nuevo, no queda sujeta a una
determinada circunstancia, a un determinado hombre,
o a una práctica, puede seguir viviendo en la memoria
de un pueblo, pero como memoria viva. [1] Esto que
llamamos Revelación de Dios posibilita la cercanía
trascendente del misterio.
[1] Lo que llamamos aquí memoria viva se refiere precisamente a esta experiencia que nos abre paso a la vida
religiosa, que encuentra su fundamento en aquella experiencia de Dios que se ha hecho historia,
reconociendo la permanente manifestación de Dios en el caminar del tiempo. Se puede leer el nº 8 de la
Constitución Dogmática Dei Verbum, que al hablarnos de la tradición, resalta precisamente estos elementos.
La Escritura como fuente de Revelación:
La historia de Israel



El Antiguo Testamento se formó en el devenir de la historia del
pueblo de Israel.[1] Su mensaje hace referencia a acontecimientos
concretos, a relatos históricos. Aquí se fundan las características
principales de la fe de Israel.
Aunque la escritura de Israel se desarrolló formalmente a partir de
la constitución de la monarquía (1030 a C.) los recuerdos de
épocas anteriores se mantenían y transmitían de forma oral, de
generación en generación. De hecho cuando el pueblo habla de
Dios, lo hace en el mayor de los casos a partir de una cultura
humana y religiosa ruda, lo que indica la influencia propia de la
época y los elementos propios de la referencia a Dios, de los
pueblos con los que Israel tuvo contacto.
[1] Para comprender mas sencillamente y con mas amplitud se puede leer: Introducción a la
Biblia, Moreno, Antonio y otro, Universidad Católica del Maule,1975. O también Conozca la
Biblia Storniolo, Ivo, Paulinas, Santiago, 1988.
El comienzo:

La primera parte del libro de Génesis (caps. 1–
11), presenta un panorama amplio de la
humanidad, desde la creación del mundo hasta
Abraham. El objetivo es poner por escrito la
comprensión de Israel respecto a la condición
humana en la Tierra. Al hombre le corresponde
un lugar de honor, por ser creado a imagen y
semejanza de Dios (Gn 1,27), su desobediencia
permitió la entrada del sufrimiento y la muerte
en la historia. La actitud de Adán, Eva, Caín y
sus descendientes, afectaron los lazos de
fraternidad entre los hombres, interrumpiendo
la comunión entre éstos y Dios.


En la segunda sección del libro de Génesis (caps. 12–
50) se presentan los orígenes del pueblo de Israel. El
relato comienza con Abraham, Isaac y Jacob; continúa
con la historia de los hijos de Jacob (Israel) -José y sus
hermanos- y prosigue con la emigración de Jacob y su
familia a Egipto, finalizando con la vida de los
descendientes de Jacob en ese país. Es así como se va
expresando la fe de Israel en este Dios que hace
experiencia con ellos.
La experiencia de Dios en esta historia se desarrolla a
través de los patriarcas que eran líderes de grupos
seminómadas : Abraham en Hebrón (Gn 13,18); Isaac
al sur, en Berseba (Gn 26,23); y Jacob en Penuel y
Mahanaím (Gn 32,2-30), al este del Jordán, y cerca de
Siquem y Betel, al oeste del Jordán (Gn 28,10–19).
El Exodo (1500–1220 a.C.)


Tres tradiciones fundamentales, que le dieron razón de
ser al futuro pueblo de Israel se formaron entre los
siglos XV-XIII a.C: la promesa a los patriarcas; la
liberación de la esclavitud de Egipto; y la manifestación
en el Sinaí.
Tradicionalmente, la fecha del éxodo de los israelitas se
ubicaba en el 1450 a.C., sin embargo, un número
considerable de estudiosos modernos la ubican en
1250-1230. El faraón del éxodo es posiblemente
Ramsés II. El paso del pueblo a través del mar Rojo
(Ex 14,21–22) se celebra como una intervención
milagrosa de Dios (Ex 14–15). Su peregrinar por el
desierto se describe en la Biblia en un período de
cuarenta años (una generación), bajo el liderazgo de
Moisés.
•La experiencia fundamental del pueblo en su viaje a
Canaán fue la alianza o pacto en el Sinaí. Esa alianza
revela la relación singular entre el Señor y su pueblo (Ex
19,5–6); se describe en el Decálogo, o Diez
mandamientos (Ex 20,1–17), y en el llamado Código de
la alianza (Ex 20,22–23,19).
•Luego de la muerte de Moisés, Josué se convirtió
en el líder del grupo de hebreos que habían salido
de Egipto (1220 a.C.).
•La conquista de Canaán se llevó a cabo desde el
este, a través del río Jordán, comenzando con la
ciudad de Jericó (Jos 6).
Período de los jueces (1200–1050 a.C.)
 A la conquista y toma de Canaán le siguió una época de
organización progresiva del territorio. Ese período fue testigo
de una serie de conflictos entre los grupos hebreos y las
ciudades estado cananeas. Finalmente, los antepasados de
Israel se impusieron a sus adversarios y los redujeron a
servidumbre (Jue 1,28; Jos 9).
 Los jueces eran líderes militares carismáticos que hacían
justicia al pueblo. No eran gobernantes sino libertadores que se
levantaban a luchar en momentos de crisis (Jue 2,16). El
cántico de Débora (Jue 5), por ejemplo, celebra la victoria de
una coalición de grupos hebreos contra los cananeos, en la
llanura de Jezreel.
La monarquía: Saúl, David, Salomón (1050–931 a.C.)
 A fines del siglo XI a.C., los filisteos (que se habían expandido por la mayor
parte de Palestina) se apoderaron del arca de la alianza, y habían tomado la
ciudad de Silo (1 Sam 4). Esta situación obligó a los israelitas a organizar
una acción conjunta, de esto se obtuvo por necesidad de la política exterior,
la monarquía de Israel (1 Sam 8–12).
 Samuel es el último de los jueces (1 Sam 7,2–17) y, además, se le reconoce
como profeta y sacerdote, tal vez por esta razón los primeros dos reyes de
Israel, Saúl (1 Sam 10) y David (1 Sam 16,1–13), fueron ungidos por él.
 Saúl, al comienzo de su reinado, obtuvo victorias militares importantes. Sin
embargo, nunca pudo triunfar plenamente contra los filisteos. El y su hijo
Jonatán murieron en la batalla de Guilboa.
 Luego vino David, ungido como rey en Hebrón, consagrado rey para las
tribus del sur (2 Sam 2,1-4) y posteriormente para las tribus del norte (2
Sam 5,1-5).
 El reino de Israel alcanzó un gran esplendor bajo la dirección
de David (1010-970 a.C.). Con su ejército, incorporó a las
ciudades cananeas independientes; sometió a los pueblos
vecinos y conquistó la ciudad de Jerusalén, convirtiéndola en el
centro político y religioso del imperio. Con David comenzó la
dinastía real en Israel (2 Sam 7).
 Paralelo a la institución de la monarquía surgió en Israel el
movimiento profético. En esencia es un movimiento de
oposición a los reyes. Posteriormente, cuando la monarquía
dejó de existir (durante el exilio en Babilonia), la institución
profética se transformó para responder a la nueva condición
social, política y religiosa.
 Salomón sucedió a David en el reino, luego de un período de
intrigas e incertidumbre (1 Re 1). Su reinado (970–931 a. de
C.) se caracterizó por el apogeo comercial (1 Re 9,26-10,29) y
las grandes construcciones. Las relaciones comerciales a nivel
internacional le procuraron riquezas. Construyó el templo de
Jerusalén (1 Re 6-8), que adquirió dignidad de santuario
nacional. En toda la historia de Israel ningún rey ha alcanzado
mayor fama y reputación que Salomón (Mt 6,29).
La Monarquía: el reino dividido (931–587 a.C.)
 El imperio creado por David comenzó a fragmentarse durante
el reinado de Salomón. Las antiguas rivalidades entre el norte y
el sur comenzaron a surgir nuevamente.
 Luego de la muerte de Salomón, el Reino se dividió: Jeroboam
llegó a ser el rey de Israel, y Roboam el de Judá, con su capital
en Jerusalén (1 Re 12). Los reinos del norte (Israel) y del sur
(Judá) subsistieron durante varios siglos como estados
independientes y soberanos. La ruptura fue inevitable en el 931
a. de C.
 El Reino de Judá subsistió durante más de tres siglos (hasta el
587 a.C). Jerusalén continuó como su capital, y siempre hubo
un heredero de la dinastía de David que se mantuvo como
monarca. El Reino del norte no gozó de tanta estabilidad. La
capital cambió de sede en varias ocasiones: Siquem, Penuel,
Tirsa (1 Re 14,17; 15,21), para finalmente quedar ubicada de
forma permanente en Samaria (1 Re 16,24).
 Entre los monarcas del Reino del norte pueden mencionarse
algunos que se destacaron por razones políticas o religiosas.
Jeroboam I (931-910 a. de C.) independizó a Israel de Judá en
la esfera cúltica, instaurando en Betel y Dan santuarios
nacionales para la adoración de ídolos (1 Re 12, 25-33). Omrí
(885-874 a. de C.) y su hijo Ajab (874-853 a.C.) fomentaron el
sincretismo religioso en el pueblo, para integrar al reino la
población cananea. La tolerancia y el apoyo al baalismo
provocaron la resistencia y la crítica de los profetas. Jeroboam
II (783–743 a.C.) reinó en un período de prosperidad (2 Re
14,23-29). La decadencia final del Reino de Israel surgió en el
reinado de Oseas (732-724 a.C.), cuando los asirios invadieron
y conquistaron Samaria en el 721 a.C. (2 Re 17).
 La destrucción del Reino de Israel a manos de los asirios se
efectuó de forma paulatina y cruel, finalmente, se integró todo
el Reino al sistema de provincias asirias, se abolió toda
independencia política, se deportaron ciudadanos y se instaló
una clase gobernante extranjera (2 Re 17). Con la destrucción
del Reino del norte, Judá asumió el nombre de Israel.
 Nabucodonosor, al mando de los ejércitos babilónicos, triunfó
sobre el ejército egipcio en la batalla de Carquemis (605 a.C.),
y conquistó a Jerusalén (597 a.C.). En el año 587 los ejércitos
babilónicos sitiaron y tomaron a Jerusalén, y comenzó el
período conocido como el exilio [1] en Babilonia. Esa derrota
de los judíos ante Nabucodonosor significó, la pérdida de la
independencia política, el colapso de la dinastía davídica, la
destrucción del templo y de la ciudad (Sal 46; 48), y la
expulsión de la Tierra prometida.

[1] La deportación o exilio era una práctica muy usada en el antiguo oriente contra pueblos vecinos, por eso
se entiende que ya en el 734, algunas ciudades del reino del norte hayan pasado por esta dura experiencia.
Pero sin duda la que mas huella dejó para Israel fue la que emprendió Nabucodonosor contra Judá y
Jerusalén. Cf. Vocabulario de teología bíblica, X. León-Dufour, Herder, Barcelona, 1990, pp. 318
Exilio de Israel en Babilonia (587–538 a.C.)
 Al conquistar Judá, los babilonios no impusieron gobernantes
extranjeros, como ocurrió con el triunfo asirio sobre Israel, el
reino del norte. Judá, quedó incorporada a la provincia
babilónica de Samaria. El país estaba en ruinas, pues a la
devastación causada por el ejército invasor se unió el saqueo
de los países de Edom (Abd 11) y Amón (Ez 25,1-4). Aunque la
mayoría de la población permaneció en Palestina, un núcleo
considerable del pueblo fue llevado al destierro.
 Los babilonios permitieron a los exiliados tener familia,
construir casas, cultivar huertos (Jer 29,5-7) y consultar a sus
propios líderes y ancianos (Ez 20,1-44). Paulatinamente, los
judíos de la diáspora se acostumbraron a la nueva situación
política y social, y las prácticas religiosas se convirtieron en el
mayor vínculo de unidad en el pueblo.
 El período exílico (587-538 a.C.), que se
caracterizó por el dolor y el desarraigo, produjo
una intensa actividad religiosa y literaria. Durante
esos años se reunieron y pusieron por escrito
muchas tradiciones religiosas del pueblo. Ciro, el
rey persa, se convirtió en una esperanza de
liberación para los judíos deportados en Babilonia
(Is 44,21-28; 45,1-7). Su llegada al poder en
Babilonia puso de manifiesto la política oficial
persa de tolerancia religiosa, al promulgar, en el
538 a.C., el edicto que puso fin al exilio.
Epoca Persa (538–333 a.C.)
 El edicto de Ciro -del cual la Biblia conserva dos versiones
(Esd 1,2; 6,5)- permitió a los deportados regresar a Palestina y
reconstruir el templo[1] de Jerusalén (con la ayuda del imperio
persa). Además, permitió la devolución de los utensilios
sagrados que habían sido llevados a Babilonia por
Nabucodonosor. En todo caso fueron muchos los judíos que
prefirieron quedarse en la diáspora, particularmente en Persia,
donde prosperaron económicamente y, con el tiempo,
desempeñaron funciones de importancia en el imperio.
 El primer grupo de repatriados llegó a Judá, dirigido por
Sesbasar (Esd 1,5-11), quien era funcionario de las
autoridades persas. Posteriormente se reedificó el templo (520515 a. de C.) bajo el liderazgo de Zorobabel y el sumo
sacerdote Josué (Esd 3-6), con la ayuda de los profetas Ageo y
Zacarías.
1] Recordemos que bajo Antíoco Epifanes IV el templo será nuevamente profanado pero no destruido (1 Mac 1) y luego será
purificado por Judas Macabeo según versa en 1 Mac 4,41. Esto indica la relevancia del Templo y su significación como eje
constitutivo de la fe Judía. Ver, Diccionario de teología, L. Bouyer, Herder, Barcelona, 1983, pp. 620.
Con el paso del tiempo se deterioró la situación
política, social y religiosa de Judá. Algunos factores
que contribuyeron en el proceso fueron los
siguientes: dificultades económicas en la región;
divisiones en la comunidad; y, particularmente, la
hostilidad de los samaritanos. Nehemías, copero
del rey Artajerjes I, recibió noticias acerca de la
situación de Jerusalén en el 445 a.C., y solicitó ser
nombrado gobernador de Judá para ayudar a su
pueblo. La obra de este reformador judío no se
confinó a la reconstrucción de las murallas de la
ciudad, sino que contribuyó significativamente a la
reestructuración de la comunidad judía postexílica
(Neh 10).
 Esdras fue esencialmente un líder religioso. Además
de ser sacerdote, recibió el título de maestro instruido
en la ley del Dios del cielo, que le permitía, a nombre
del imperio persa, enseñar y hacer cumplir las leyes
judías. Su actividad pública se realizó en Judá,
posiblemente a partir del 458 a.C. Esdras contribuyó a
que la comunidad judía postexílica diera importancia a
la ley. A partir de la reforma religiosa y moral que
promulgó, los judíos se convirtieron en el pueblo del
Libro. La figura de Esdras, en las leyendas y
tradiciones judías, se compara con la de Moisés.
Epoca helenística (333–63 a.C.)
 La época del dominio persa en Palestina
(539-333 a.C.) finalizó con las victorias de
Alejandro Magno (334–330 a.C.), quien
inauguró la era helenista, la época griega
(333–63 a.C.). Después de la muerte de
Alejandro (323 a.C.), sus sucesores no
pudieron mantener unido el imperio, y
Palestina quedó dominada primeramente
por el imperio egipcio de los Ptolomeos
(301-197 a.C.) y posteriormente, por el
imperio de los Seléucidas.
 Durante la época helenística, el gran número de
judíos en la diáspora[1] hizo necesaria la
traducción del Antiguo Testamento en griego,
versión conocida como Los Setenta (LXX). Esta
traducción respondía a las necesidades religiosas
de la comunidad judía de habla griega
(Alejandría). En la comunidad judía de Palestina el
proceso de helenización dividió al pueblo. Por un
lado, muchos judíos adoptaban públicamente
prácticas helenistas; otros, en cambio, adoptaron
una actitud fanática de devoción a la ley. Las
tensiones entre ambos sectores estallaron
dramáticamente en la rebelión de los macabeos.

1] Es decir, dispersión. Israel es víctima de la dispersión constante de sus hijos producto de sus
infidelidades y será este término –diáspora- el que se utilizará para referirse al pueblo judío disperso
en medio de los pueblos paganos. Ver, op. cit,, Leon-Dufour, pp. 252.
 Antíoco Epífanes IV (175-163 a.C.) profanó el templo de
Jerusalén y en el año 167 a.C. edificó una imagen de Zeus en
el templo. Estos actos incitaron una insurrección en la
comunidad judía. Judas, hijo de Matatías, que se conocía con
el nombre de “el macabeo”, se convirtió en un héroe militar. En
el año 164 a.C. el grupo de Judas Macabeo tomó el templo de
Jerusalén y lo rededicó al Señor. La fiesta de La Dedicación (Jn
10,22), recuerda esa gesta heroica. Con el triunfo de la
revolución de los macabeos comenzó el período de
independencia judía.
 Luego de la muerte de Simón -último hijo de Matatías-, su hijo
Juan Hircano I (134–104 a. de C.) fundó la dinastía asmonea y
fue durante este período que Judea expandió sus límites
territoriales. Por último, el famoso general romano Pompeyo
conquistó a Jerusalén en el 63 a.C., y reorganizó Palestina y
Siria como una provincia romana. La época del Nuevo
Testamento coincidió con la ocupación romana de Palestina.
Esa situación perduró hasta que comenzaron las guerras
judías de los años 66-70 d.C. que llevaron a la destrucción de
Jerusalén.
 En la historia del pueblo de Israel, según nos narra la
Escritura, estos hechos fundamentales se van
comprendiendo por el mismo pueblo y posteriormente
por la Iglesia como la obra de salvación de Yahvéh.
Dios que interviene y revela a la luz de esta misma
historia y en esta historia. [1] Este modo peculiar de
Dios de irse dando a conocer al hombre en el
contexto de cientos de años de historia del pueblo de
Israel, refleja su condescendencia y además permite
aproximar la fe de todo creyente a la categoría de
experiencia. Es decir, la fe toma consistencia en la
vida del creyente, cuando se descubre hondamente
como una experiencia, en la propia historia personal y
social.

[1] Para mayores antecedentes de estos acontecimientos de la historia de Israel,
recomendamos profundizar en, Historia de la salvación: la experiencia religiosa del
pueblo de Dios, José Severino Croatto, Ed. Paulinas, Santiago, 1981.
Jesucristo: la Revelación plena de
Dios
 En el reconocimiento de Jesucristo como nuestro
Dios y Señor (Kyrios) podemos encontrar
expresadas claramente las relaciones
fundamentales bajo la cual se tejen y constituyen según hemos ya explicado- la propia religión:
 Dios que viene al encuentro del hombre, hecho
que se atestigua en la experiencia del pueblo de
Israel, al punto de identificarse con su pueblo (he
aquí el mito);
 El movimiento dialéctico que se genera
como respuesta natural a la iniciativa
divina en el hombre, y que va desde
nosotros hacia Dios (bajo una
determinada formulación ritual);
 Y la relación que esta dialéctica genera
en nosotros y entre nosotros, aspirando
expresar y realizar la obra de Dios en
medio del mundo (Ethos).
 Cuando el misterio asume la forma de Dios en la historia de los
hombres, y mas aún, esta forma de Dios se expresa en una
realidad (Gál 4,4), la vida misma del pueblo o de la comunidad
se deja conformar por la cercanía trascendente del misterio, y
lo que, a su vez, conforma el acontecimiento, el símbolo, la
revelación del mismo Misterio; Jesucristo.
 De este modo, la Revelación se comprende como la
denominación global en que se designa la acción salvífica de
Dios en la historia, testificada en el Antiguo y Nuevo
Testamento, y que alcanza su punto culminante en el
acontecimiento de Cristo (Gál 4,4; Hb 1,1ss). La Revelación de
Dios acontece en la Revelación de Jesús.[1] La persona de
Jesucristo abre al creyente al conocimiento de la realidad de
Dios como el misterio del amor, un amor que se identifica con
Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Con esto, la inmediatez de
Dios se realiza desde Dios, mediante la mediación histórica,
así el encuentro humano-divino acontece de una forma
dialogal.
[1] El Concilio Vaticano II profundiza y anticipa con claridad profética la situación del hombre de hoy, en medio de la cual Dios se
hace presente vivamente, y desde la cual él mismo, nos habla y encamina. De este modo la reflexión del Concilio nos presenta
un elemento constitutivo de toda experiencia creyente: Dios, que en medio de los hechos y las palabras se manifiesta como
“revelándose” a través del Espíritu del Hijo, el único Señor. Ver, Gaudium et Spes, Nº4 -10
 Aquello que ha acontecido en la Revelación es lo
que a lo largo de la historia se ha formulado,
creído y anunciado. La palabra eterna es que Dios
ha hecho patente su propio ser en este hombre,
Jesús de Nazaret, en el aquí y ahora de este
mundo, sujeto a las condiciones de las
experiencias humanas y a sus siempre limitadas
comprensiones. Es entonces cuando el hombre
conoce y reconoce a Jesús donde se da la auto
comunicación de Dios como verdad y vida, Dios
se le comunica inmediatamente y el hombre se
deja conducir por él como su creador, salvador y
consumador; su verdadero y único horizonte de
sentido.
 La Revelación de Dios se hace posible
entonces en medio de esta historia a través de
la persona de Jesús. Es en Jesucristo donde
la revelación a cobrado plenitud y ya no habrá
nada mas que esperar, porque en Cristo la
salvación ha llegado a su culmen. En este
sentido podemos afirmar con toda fuerza y
claridad que la finalidad de la Revelación de
Dios es revelarse así mismo y dar a conocer
su voluntad. Manifestándose con hechos y
con palabras.[1]
[1] Cf. Concilio vaticano II, Constitución Dogmática Dei Verbum, Nº 2
La Iglesia como lugar teológico y
sacramental de la Revelación
 A partir del Concilio Ecuménico Vaticano II la Iglesia en su más
fundamental misión, es decir, la evangelización de los pueblos,
se ha visto notablemente fortalecida, no solo desde una mirada
fenomenológica externa, sino que a partir de lo que ella misma
es desde su profundo misterio.
 La vida eclesial que ha inundado las últimas décadas, la ha
puesto en perspectiva de un redescubrirse así misma, mirando
no solamente su quehacer, sino más exactamente su ser más
íntimo: la acción del Espíritu Santo que la mueve, sustenta y
conduce.
 Dentro de estas verdades de fe, transcritas en el devenir
histórico y principalmente profundizadas en el último tiempo,
vemos un notable fortalecimiento de la vida eclesial, en cuanto
comprensión de si misma y en particular de la vida laical.

La visión del concilio destaca con esto la misión del laico
en el mundo, misión que brota del mismo bautismo y
por medio del cual todo el pueblo de Dios experimenta el
llamado a hacerse partícipe y más aún: responsable de la
misma misión de Jesucristo. Todos los bautizados, cada
uno a su modo propio, comparten las mismas funciones
de quien los ha convocado por gracia a formar su cuerpo
(1 Cor 12,12), es decir, la dimensión sacerdotal, profética
y real.

Si la Iglesia nació -y sigue naciendo- por la comunión que el
Espíritu crea entre todos los que se adhieren libremente a
Jesucristo, [1] entonces no hay posible separación entre la fe
en Cristo y la pertenencia a la Iglesia. En otras palabras se
toma conciencia que existe un acontecimiento (el anuncio
de la experiencia de Jesucristo) que trae como consecuencia
por su propia naturaleza la comunión entre el que anuncia y
el que acoge el anuncio. [2] Esto se hace tan profundo que
el creyente se remite necesariamente al Padre y al Hijo bajo
la acción del Espíritu. Así se formula y anuncia la esencial
igualdad-unidad de todos los creyentes iluminando el
sentido de la diversidad, de los dones y carismas.

[1] Cf. Tillard, J.M.R., La Iglesia Local, Eclesiología de comunión y catolicidad,
Sígueme, Salamanca, 1999, pp. 428
[2] Ratzinger, J. Introducción al cristianismo, Sígueme, Salamanca, 1970, pp. 302


La Iglesia se va comprendiendo y vislumbrándose como el
lugar teológico de toda Revelación de Dios, no porque el
Espíritu se limite a ella, sino porque ella es su depósito, en
palabras de Juan pablo II: “la santidad de la Iglesia consiste en el
poder por el que Dios obra la santidad en ella dentro de la pecaminosidad
humana”. [1]

La creación del Espíritu en continuidad con un
acontecimiento originario: la vida, muerte y resurrección
de Jesucristo, solo tienen posibilidad de expresión
sacramental en la Iglesia. Donde hay Espíritu está
Cristo.
[1] Cf. Juan Pablo II, Christifideles Laici, San Pablo, Santiago, 1991, Nº25-26-27

La Iglesia existe en torno a un Viviente que por la fuerza
del Espíritu, se hace contemporáneo.

Se trata de una comunidad que no tiene en sí misma la
raíz de su existencia sino que nace de un acontecimiento
que la precede. No se trata de un acontecimiento
recluido en el pasado, sino abierto al presente y al futuro.

El Resucitado es origen, es camino y es meta. La
Iglesia nace siempre a partir de este anuncio
(cristológico), se constituye como signo e instrumento
del Reino (teológico) y crea una comunión esencial de
los creyentes entre sí y de éstos con Dios por la fuerza
del Espíritu (pneumatológico). La Iglesia se comprende
en su dimensión trinitaria.
La Iglesia, en cuanto sacramento de
Cristo, vive en la historia su misma
suerte, reactualiza su muerte y su
resurrección. Así como la experiencia
encarnada de Jesucristo fue proexistencia (es decir, vida al servicio
de los demás), también la comunión
de la Iglesia está necesariamente al
servicio de la misión. Es una fuerza
centrífuga que, saliendo de sí
(muerte) se descubre a sí misma
(resurrección).

La fe de la Iglesia se expresa en la total unidad de los
discípulos de Jesús y en todos aquellos que acepten su
testimonio, posibilitado y aumentado por la iniciativa
divina de auto-revelarse.

La fe es don de Cristo, efecto del Espíritu Santo, es un
factor real de la revelación de la salvación y de la historia.
De hecho solo es posible llegar a la inmediatez de Jesús
por la fe en los apóstoles, que dan testimonio de esta
inmediatez. Jesús se media así mismo en el testimonio
de los apóstoles. Se da a conocer a los creyentes en su
identidad como hombre histórico, y como el Hijo a
quien el Padre ha resucitado, de modo que:


La comunidad creyente depositaria de la Revelación
de Dios, como autocomunicación de este mismo Dios en la historia salvífica- se nos presenta en las
fuentes de las cuales ella misma se ha alimentado y
nutrido a lo largo de toda la historia. Aquí ocupa un
lugar preponderante la Escritura; la Tradición y el
Magisterio eclesial, de modo que:
La Escritura: se presenta como el
testimonio privilegiado de la acción de Dios
y da testimonio de este hecho histórico
salvífico.
• La Tradición: es la trasmisión del Kerigma
apostólico (contenido y proceso) y cuya clave
hermenéutica se da en el Magisterio.
• El Magisterio: proclamación actual de la doctrina
(Padres de la Iglesia, Teólogos, Obispos, Fieles)
intentando discernir la Revelación de Dios en el
tiempo. [1]
Con todo esto nos abrimos paso al acontecimiento esencial
del cual emana toda posibilidad de encuentro con Dios, y
consecuencialmente, toda mediación. Nos referimos a la
persona de Jesucristo, en todo lo que es y todo lo que hace
posible para la vida y en la vida del creyente.
•
[1] De todo esto nos habla ampliamente la Constitución dogmática Dei Verbum, particularmente los números: 7, 8, 9,10.

SINTESIS
Dios se comunica en la historia para hacerse
presente en la vida del hombre.
En el Antiguo Testamento en la historia de Israel,
se desarrolla el periodo del Éxodo, la Monarquía, la
época Persa, Helenista cuyos hechos
fundamentales se van comprendiendo por el
mismo pueblo y posteriormente por la Iglesia como
la obra de salvación de Yahvéh.
La Revelación culmen de Dios es Jesucristo en el
Nuevo Testamento, quien instaura la Iglesia como
comunidad depositaria de esta revelación y cuya
misión es evangelizar los pueblos.
Las fuentes de que se nutre la Iglesia son las
Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio
encargados de transmitir las verdades de fe de la
Iglesia.
Descargar

CAPITULO III: LA NOVEDAD DEL CRISTIANISMO