El Santo Padre Juan Pablo II
con ocasión del IV centenario de
la ordenación sacerdotal de San
Vicente de Paul, invitaba a
seguir su ejemplo con estas
palabras:
“San Vicente de Paúl, hombre
del encuentro con Dios y con
sus hermanos, hombre de la
disponibilidad a la acción del
Espíritu Santo,
nos invita a dirigir una mirada
renovada a la misión en el
mundo actual.
Ojalá que mediante
una generosa
colaboración y un
constante apoyo
mutuo, sacerdotes y
laicos,
respetando su
vocación propia, vayan
cada vez con mayor
audacia al encuentro
de los hombres y las
mujeres de nuestro
tiempo para
anunciarles el
Evangelio.
La fuente de donde brota la
prodigiosa actividad
caritativa de San Vicente
no es una ideología de tipo
social,
sino la persona de
Jesucristo que se
hizo pobre, que
evangelizó a los
pobres y que “nos es
representado por los
pobres”.
(Papa Juan Pablo II)
San Vicente contempla el misterio de la
Encarnación como un movimiento de
empobrecimiento.
Jesucristo no solo se hizo
hombre sino pobre.
Hagamos memoria de
las palabras de Pablo a
los Corintios:
“Conocéis la generosidad
de Jesucristo, el cual
siendo rico, por nosotros
se hizo pobre…” (2 Cor. 8,9).
Comentaba una vez a las hermanas: “cuando se sirve a los pobres, se
sirve a Jesucristo. Hijas mías, ¡qué gran verdad es esta! Servir a
Jesucristo en la persona de los pobres. Y esto es tan cierto como
que estamos aquí”.
Estas palabras nos hacen mirar al segundo
foco luminoso de la experiencia
cristiana de Vicente: que son los
Pobres.
Y Vicente contempla a los pobres con los
ojos de Jesús y los ama, afectiva y
efectivamente, con el corazón de Jesús.
Para San Vicente
“los pobres,
mendigos,
vagabundos,
desalmados”
(termino de la época)
no son una masa
confusa y
genérica a la que
se ignora, o
desprecia, o
acusa.
Son “señores” y él su servidor a
ejemplo del mismo Jesús;
son “maestros” y él es discípulo
que aprende, sirviéndoles,
en el camino de la entrega,
como Cristo, hasta dar la vida.
San Vicente se dejó afectar, juzgar, enseñar por
los pobres, y esto produce en él los mismos
sentimientos y acciones que en Jesús.
Jesús al ver a las gentes sintió
compasión porque andaban
extenuados como ovejas sin
pastor (Mt. 9,36),
San Vicente exclamaba: “los pobres que no saben a
dónde ir ni qué hacer, que sufren y se
multiplican todos los días son mi peso y mi dolor”.
“Mi peso”, es decir lo que jala de mí en esa dirección,
la inclinación de toda mi persona hacia ellos.
Y a la vez aquello que
cargo sobre mis
espaldas y mi espíritu,
como Jesús nos cargó
a nosotros, como
cargó la cruz.
Y añade: “y mi dolor”, es
decir, amo a los
pobres hasta dolerme
su pobreza, sufro con
ellos, hago míos sus
sufrimientos.
Para nosotros Vicentinos: la caridad y la
evangelización son inseparables.
Podemos pagar a otros por
hacer nuestro trabajo, pero
nunca podremos reemplazar el
encuentro fraternal con los
pobres.
El servicio
caritativo:
Comunica una
preocupación
humana por
ellos, como
hermanos y
hermanas.
Alivia sus dolores y
sufrimientos.
Toca la vida del
pobre donde
más lo necesita.
Son testimonio de la
presencia del amor
de Dios.
Nos ofrece la oportunidad de
que la gente escuche el
mensaje de salvación de
Dios y experimente su amor.
Decimos que los pobres nos evangelizan. Se puede
pensar que esto se refiere a los “pobres buenos”, a
aquellos que comparten en medio de su pobreza y
son ejemplo de vida cristiana.
Los pobres decía
San Vicente:
Ellos nos llaman a amar lo no amable.
La caridad que nos enseñaron nuestros
fundadores, nos exige ampliar nuestros
horizontes para incluir aquellos en quienes
ordinariamente no encontramos ningún
atractivo o simpatía.
El encuentro con esas personas nos evangeliza,
porque nos muestra donde necesitamos crecer en
caridad, humildad y compasión.
Esto es una
experiencia
de fe.
Cuando vamos a los pobres,
vemos el pobre y atendemos sus
necesidades.
San Vicente
sabía que el
mundo de los
pobres es la
periferia de la
sociedad, y no
el mundo del
centro.
Escuchar las
preocupaciones
de la gente,
entendiendo su
punto de vista.
Aproximarse al pobre con respeto y
humildad, sin pensar que tenemos las
respuestas a todos sus problemas.
Sabía que cuando
se busca la
comodidad se
debilitaba la misión.
En cambio,
concentrándonos en
las necesidades de los
pobres, nuestros
deseos y necesidades
pierden fuerza .
No se trata solo de la comodidad física.
Podemos estar muy cómodos con nuestra manera
de pensar y actuar, y esto nos impide movernos
en nuevas direcciones para servir.
Tendrán por monasterio
las casas de los
enfermos,
por celda un cuarto de
alquiler,
por capilla la iglesia
de la parroquia,
por clausura la obediencia,
por rejas el temor de Dios
y por velo la santa modestia».
Decía también: «Si un pobre
te reclama en su necesidad
estando en oración, debes
acudir y remediar su
necesidad aunque tengas
que interrumpir tu oración».
Los pobres fueron la preocupación principal
de su vida, «Ellos serán nuestros jueces».
Bossuet llegó a decir:
"Por consiguiente,
debe vaciarse de sí
mismo para
revestirse de
Jesucristo"
C. XI 342
Después de 350 años, el
fuego de su caridad, continúa
ardiendo, impactando e
inspirando a generaciones
actuales.
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San Vicente y la caridad