Lección 10 para el 7 de junio de 2007
Se hizo
nuestro
SUSTITUTO
El plan para la salvación de la humanidad perdida se basa
en la aceptación por parte del hombre, solamente por fe, de
la muerte sustitutiva de Cristo. Esta lección fue enseñada
junto al portal del Edén, cuando Adán y sus descendientes
mataron el cordero del sacrificio. Fue enseñada en el
desierto, cuando Moisés levantó la serpiente de bronce y la
gente con el veneno de las ponzoñosas serpientes en sus
venas fue sanada al mirar con fe el símbolo salvador. Fue
enseñada mediante el sistema de sacrificios dado a Israel.
(E.G.W., Review and Herald, 5-10-1886)
Se hizo
nuestro
SUSTITUTO
El pecado de todo el mundo fue colocado sobre Jesús y la
Divinidad prodigó en Jesús su más alto valor a la humanidad
doliente, para que todo el mundo pudiera ser perdonado por
fe en el Sustituto. El más culpable no necesita tener temor
de que Dios no lo perdone, porque será remitido el castigo
de la ley debido a la eficacia del sacrificio divino.
(E.G.W., Review and Herald, 10-10-1891)
Nos
RESCATÓ de
la esclavitud
del pecado
Se emplea la palabra “redentor” para describir el
proceder del pariente cercano que venga la
sangre de uno que ha sido muerto (Deut. 19:6,
"vengador"), o que compra de nuevo la propiedad
que ha sido vendida por un pariente (Lev. 25: 25), o
que se casa con una parienta viuda (Rut 3: 13,
"redimir"). Así Dios es el vengador de Israel (Deut. 32:
35), su redentor (Sal. 107: 2) y su nuevo esposo (Isa.
54: 4-6).
Nos
RESCATÓ de
la esclavitud
del pecado
El NT enseña con claridad que se pagó un rescate o precio
por nuestra redención. Jesús declaró que el Hijo del hombre
vino "para dar su vida en rescate por muchos" (Mar. 10: 45).
Pablo habla de Cristo como de Aquel "que se dio a sí mismo
en rescate por todos" (1 Tim. 2:6). Se habla de los cristianos
como "rescatados" (2 Ped. 2: 1), o "comprados por precio" (1
Cor. 6:20). "Cristo nos redimió de la maldición de la ley
hecho por nosotros maldición" (Gál. 3: 13). De modo que, en
un sentido, la justificación no es gratuita, pues se ha pagado
un grandísimo precio por ella: los sufrimientos y la muerte de
Cristo. Pero es gratuita para nosotros, pues no tenemos que
pagar su costo, pues ya fue pagado por el Hijo de Dios. Esta
redención nos rescata del pecado (Efe, 1: 7; Col. 1: 14; Tito 2: 14;
Heb. 9: 15; 1 Ped. 1: 18-19), de la corrupción y de la muerte (Rom. 8:
23), y finalmente nos liberará de nuestra mala condición
actual y nos llevará a un estado de gloria y bienaventuranza
(Luc. 21: 28; Efe. 4: 30).
La
PROPICIACIÓN
por nuestros
pecados
El propiciatorio era la tapa que cubría el arca de la
alianza. Si bien las tablas de la ley dentro del arca
testificaban en contra del pueblo, el propiciatorio
mostraba un camino por el cual podían satisfacerse las
exigencias de la ley y el pecador podría ser salvo de la
muerte, el castigo decretado por la ley. Basándose
solamente en la ley, Dios y el hombre no pueden volver
a unirse, puesto que el pecado nos separa de él. Debe
intervenir el propiciatorio rociado de sangre pues sólo
podemos acercarnos a Dios gracias a la mediación de
Cristo en nuestro favor (Heb. 7: 25).
Nos
RECONCILIÓ
con Dios
La cruz del Calvario es el puente que se tiende sobre el
abismo que abrió el pecado.
[Jesús] vino a nuestro mundo comisionado por el Padre.
Vino a tender un puente sobre el abismo que el pecado
había producido entre Dios y el hombre. Había que hacer
provisión para la reconciliación, para la unión de la
naturaleza humana con la divina.
E.G.W. (Cada día con Dios, 16 de junio; Alza tus ojos, 15 de mayo)
Cristo estuvo con Dios en la obra de la
creación. Era uno con Dios, igual al
Eterno... Sólo él, el Creador del hombre,
podía ser su Salvador... Nadie sino Cristo
podía redimir al hombre de la maldición de
la ley...Cristo se propuso llegar hasta los
abismos de la degradación y del dolor del
hombre y restaurar al alma arrepentida y
creyente a la armonía con Dios. Cristo, el
Cordero muerto desde la fundación del
mundo, se ofreció como sacrificio y
sustituto para los caídos hijos de Adán
E.G.W. (Signs of the Times, 13-2-1893)
CBA, tomo V,
pgs. 1.1061.107.
Comentario de
Elena White
sobre Juan, 3:
14-17
Los ángeles atribuyen honor y gloria a Cristo, pues aun ellos no están seguros a
menos que contemplen los sufrimientos del Hijo de Dios. Los ángeles del cielo
están protegidos contra la apostasía por medio de la eficacia de la cruz. Sin la cruz
no estarían más seguros contra el mal de lo que estuvieron los ángeles antes de la
caída de Satanás. La perfección angelical fracasó en el cielo. La perfección
humana fracasó en el Edén, el paraíso de la bienaventuranza. Todos los que
deseen seguridad en la tierra o en el cielo deben acudir al Cordero de Dios. El plan
de salvación, al poner de manifiesto la justicia y el amor de Dios, proporciona una
salvaguardia eterna contra la apostasía en los mundos que no cayeron, así como
también para aquellos que serán redimidos por la sangre del Cordero.
El plan de la redención por el cual el
misericordioso Redentor divino-humano
rescató al hombre de la esclavitud del
pecado, escapa a la comprensión de los
hombres o los ángeles. Es ciertamente un
misterio tan excelente, tan grande, tan
sublime, que nunca podemos esperar
comprenderlo plenamente.
No tiene paralelo el sacrificio de Cristo
por el hombre caído. Es el tema más
excelso y sagrado en que podamos meditar.
Cada corazón que es iluminado por la gracia
de Dios es constreñido a inclinarse con
inexpresable gratitud y adoración delante
del Redentor por su sacrificio infinito.
Elena G. de White. En los lugares celestiales, 8 de enero
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