Por más grande que sea la jaula,
sigue siendo una jaula.
Los rusos tenían en la época de la
Unión Soviética un
inmenso territorio y lo sigue
siendo a pesar de las
separaciones, sin embargo vivían
enjaulados. No hablemos de
la Cuba de hoy y de desde hace
medio siglo... Una isla inmensa
con barrotes por todos lados.
En Venezuela el dictador nos invita todos los días a que
instalemos los barrotes y muchos los están colocando y
asegurándolos muy bien, no cabe la menor duda.
Los invito a leer este excelente artículo del Padre
Ricardo Búlmez y si estás de acuerdo con lo planteado,
entonces envíalo a cuanta persona puedas.
Saludos
V. de Gouveia / JL Miranda
¿Has conocido alguna madre que no sea dictadora?
Si la respuesta es sí , entonces no conoces a la madre sino a la
abuela. Toda madre es una dictadora. “
¡¿Ya se bañaron?!”… “¡No peleen!”… “¡¿Ya
comieron!?”… “¡No corran!”… “¡No toquen
eso!”… “¡Bájense de ahí!!”…
“¡Cállense!”… “¡No me hagas así!”…
“¡Juuu!”. Toda madre es una dictadora con amor —
¡por supuesto!—, pero dictadora.
Toda madre es una dictadora con los hijos, con los animales
que son más sumisos y con todos los demás que se dejen
manipular. Como todo dictador.
Por eso no es raro que los hijos alguna vez piensen en esta frase:
“Madre sólo hay una… ¿quién aguanta dos?”. O en esta otra:
“Madre sólo hay una… ¡y me tocó a mí!”.
Durante mucho tiempo, mi mamá tuvo muchas jaulas con
muchos pájaros enjaulados. Es lindo tener a los demás
encerrados, cuando uno no valora la libertad para sí mismo.
Porque todo esclavista es un esclavo.
Todo el que pega recibe los mismos golpes que da; y en el mismo sitio.
Si tú me pegas en mi cara con tu puño, yo te pego en tu puño con
mi cara. Tus puños hacen daño, y mi cara pega duro.
Todo esclavista es un esclavo.
Desde mi niñez hasta ya entrada mi adultez me gustaban los
pájaros enjaulados. Es decir, cuando el enjaulado era yo.
Ver los pájaros detrás de unos alambres me producía una
satisfacción morbosa. Pero cuando fui sintiendo la
satisfacción que da la libertad, lo mismo quise para los
pájaros. Pero, ¿quién se enfrentaba a mi mamá?
Un día, tímidamente le dije:
— ¿Por qué no sueltas esos pájaros?
—¡¿Por qué?!... ¡¿Es que te estorban?! — me contestó socarronamente.
Y, mejor, dejé las cosas así.
Luego oí, que decía desde la cocina: “¡Esos pájaros no me los toca
nadie!... ¡Ju!”.
¿Quién encierra a quién?
Pero, mi mamá estaba engañada — como todo dictador —.
Mi mamá creía que ella tenía a los pájaros enjaulados.
Era el revés, ¡los pájaros la tenían encerrada a ella!
Como dice Cabral: “Pobrecito mi patrón que cree que el
pobre soy yo”. Mi mamá no podía salir a ninguna parte,
porque tenía “que echarle comía a los pájaros”. Cada
vez que la invitábamos para la playa, o para algún otro
sitio, decía: “¡Ay, no! Vayan ustedes. Yo tengo que
cuidar los pájaros”. Sí, sí... Así era.
Si los pájaros se hubieran
dado cuenta de la fuerza y el
poder que tenían; si los
pájaros hubieran pensado
que ellos eran los que tenían
encerrada a mi mamá, en
lugar de ella a ellos,
hubiesen negociado su
libertad.
Le hubiesen dicho: “Vete con tus hijos a la playa”.
Ábrenos las puertas de las jaulas. No te preocupes por
nuestra comida. Nosotros sabemos en dónde hay. Es más, la
comida que nosotros conseguimos es mejor que la que tú nos
das.
Vete con tus hijos, se libre tú también. Nos dejas la
puerta abierta y cuando tú regreses, volveremos a las
jaulas”… ¡Yo te aviso!
Mi mamá estaba en otro engaño: creía que los pájaros la
amaban. Realmente mi mamá estaba engañada — como todo
dictador —. La creencia del amor de los pájaros se
afianzaba porque, cada vez que ella se acercaba a las
jaulas, éstos revoloteaban de contentos. Lo cierto es que
los pájaros no amaban a mi mamá. ¿Qué esclavo puede amar
a su tirano? Los pájaros a quien amaban era a la comida que
mi mamá les llevaba, no a ella.
Creer que los que yo maltrato me aman, es un engaño. Todo
tirano es un engañado. Nadie lo engaña, él se engaña
solo. Como todo dictador.
Cuando mi mamá regresó de la playa tuvo que conformarse
con una jaula vacía. Pero, así comenzó el ascenso a su
propia libertad. Hoy mi mamá es libre porque los pájaros
son libres. Sin apegos y sin enjaular a nadie. A mi mamá le
costó darse cuenta que los pájaros nunca la amaron, sólo
comían de ella. Pero a un pájaro no le llena un pedazo de
pan, sino las semillas que están en el campo abierto con
sabor a libertad.
Los pájaros nunca más volvieron a la jaula. Porque nunca
amaron a mi mamá. Es
más, ninguno votó por ella.
La libertad es más sabrosa que un pedazo de pan. Porque
con libertad consigues tu pan, pero con un pan facilitado
caes en la esclavitud. Por eso...
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Los pájaros enjaulados