«A los ocho años supe que los Reyes Magos
no existían. Me quedé un poco perplejo y
desamparado. No fue agradable, porque
entonces comprendí que el Árbol de
Conocimiento es fuente de toda inquietud y
pesadumbre»
Pascual, Emilio. Días de Reyes Magos.
2007, Madrid: Ed. Anaya, p.21
Este es un fragmento que pertenece al inicio de la novela
de Emilio Pascual Días de Reyes Magos. En el mismo se observan
similitudes con la obra anónima El Lazarillo de Tormes. Se manifiesta la
pérdida de la inocencia del narrador, que explica el momento en que es
consciente de que los Reyes Magos no existen. Esta pérdida de la
inocencia aparece también en El Lazarillo de Tormes de diversas
formas. Un ejemplo sería el pasaje en el que el primer amo del
protagonista, el ciego, hace escuchar al protagonista el interior de una
estatua que representa un toro. Cuando Lazarillo tiene la oreja junto a
la estatua el ciego se la estampa contra la misma. De este modo va
preparando a Lazarillo para lo que le deparará el futuro, la complicada
vida de los de su clase social. Igual le pasa al protagonista de Días de
Reyes Magos, puesto que «con la ausencia de los Reyes Magos fueron
desvaneciéndose otras cosas: […] mi madre gritaba cada vez más y a
mi padre se le veía cada vez menos»¹, es decir que se va dando cuenta
de que la vida no es tan maravillosa como la había podido percibir
hasta el momento.
¹ Pascual, Emilio. Días de Reyes Magos. 2007, Madrid: Ed. Anaya,
p.21
TRADICIÓN
“«Tradición» viene del latín traditio, un sustantivo
abstracto de la misma raíz que el verbo do
(‘dar’), con el sufijo propio de abstractos –tio y
con el prefijo tra- (trans), que está también en el
verbo compuesto trado (‘transmitir’); y significa,
por tanto, algo así como ‘acción de dar a través
de una serie de mediadores’, ‘traspaso’,
‘donación sucesiva’, ‘transmisión hereditaria’.”
CRISTÓBAL, V. “Sobre el concepto de tradición clásica”, en AA.DD.,
Antiquae lectiones. El legado clásico desde la Antigüedad hasta la
Revolución Francesa, Madrid, 2005, pp.29-34.
TRADICIÓN CLÁSICA
“A medida que estas lenguas maduraban, se
volvían constantemente a los griegos y romanos
pidiéndoles más educación y más ayuda.
Enriquecieron su vocabulario incorporando
palabras griegas y romanas, como aún seguimos
haciendo [...]. Copiaron y adaptaron los recursos
estilísticos grecorromanos, maduro fruto de
siglos de experiencia. Aprendieron historias y
leyendas famosas, como el asesinato de César o
la maldición de Edipo. Comprendieron las
verdaderas capacidades de la poesía dramática,
y captaron plenamente el significado de la
tragedia y de la comedia.”
HIGHET,G. La tradición Clásica. 1978, México: edt. Fondo de
Cultura Económica. Vol.1. p.7.
Pervivencia de la tradición clásica en la
literatura occidental
Dante Alighieri (1265-1321)
Divina Comedia
«Como le dijo Virgilio a Dante, tú mira y pasa»
(Días de Reyes Magos, pág.110)
Luis de Góngora y Argote (1561-1627)
Fábula de Polifemo y Galatea
«Conocía
cientos
de
epigramas,
sonetos,
chascarrillos, canciones y fábulas procaces, y lo
mismo podía conmoverse con ciertos dísticos de
Ovidio, que recitar las sesenta y tres octavas del
Polifemo» (Días de Reyes Magos, pág. 30)
William Shakespeare (1564-1616)
El barco de Dante de Delacroix
FÁBULA DE POLIFEMO Y GALATEA
Al Conde de Niebla
[…]
Viendo el fiero Jayán con paso mudo
Correr al mar la fugitiva nieve
(Que a tanta vista el Líbico desnudo
Registra el campo de su adarga breve)
Y al garzón viendo, cuantas mover pudo
Celoso trueno, antiguas hayas mueve:
Tal, antes que la opaca nube rompa
Previene rayo fulminante trompa.
Con violencia desgajó infinita
La mayor punta de la excelsa roca,
Que al joven, sobre quien la precipita,
Urna es mucha, pirámide no poca.
Con lágrimas la Ninfa solicita
Las deidades del mar, que Acis invoca:
Concurren todas, y el peñasco duro
La sangre que exprimió, cristal fue puro.
Sus miembros lastimosamente opresos
Del escollo fatal fueron apenas,
Que los pies de los árboles más gruesos
Calzó el líquido aljófar de sus venas.
Corriente plata al fin sus blancos huesos,
Lamiendo flores y argentando arenas,
A Doris llega que, con llanto pío,
Yerno lo saludó, lo aclamó río.
CARRACI, Anibal (1560-1609)
Luis de Góngora y Argote, 1613
LA TRADICIÓN
CLÁSICA EN
Días de Reyes Magos
«-¡Oh dolor!- recitaba mi padre con amplios
aspavientos teatrales-.¡Hubiera preferido ser
ciego como Demódoco y que las musas me
resarcieran con el dulce canto, antes que sufrir
a esta Jantipa en castigo de mi clarividencia»
Pascual, Emilio. Días de Reyes Magos. 2007,
Madrid: Ed. Anaya, p.23
Atenea junto a las Musas,
de Frans Floris
«Y así, detestaba las “pretensiones artísticas”
de la política, que según él se había
convertido en el arte de engañar más o menos
convincente, sonsacar y esquilmar al pueblo, y
desde luego no cumplir nunca las promesas
electoralmente vociferadas.»
Pascual, Emilio. Días de Reyes Magos. 2007,
Madrid: Ed. Anaya, pp.33-34
«Mi madre me recibió malhumorada. Yo
llegaba más tarde de lo acostumbrado y mi
padre aun no había vuelto. Por una de esas
caprichosas inclinaciones de los átomos,
cuando salí por la mañana, pensé no volver a
casa. Pero quien no volvió fue mi padre.»
Pascual, Emilio. Días de Reyes Magos. 2007,
Madrid: Ed. Anaya, p.63
«Su cabeza, rizada y ciega, de un
gran carácter clásico arcaico como
la de Max Estrella, recordaba los
Hermes mitológicos.»
Pascual, Emilio. Días de Reyes Magos. 2007,
Madrid: Ed. Anaya, p.73
Hermes Ingenui,
copia romana del
original griego del
siglo V a.C. Museo
Pío-Clementino,
Vaticano
«Haremos una excepción
con la cerveza, en honor
de la diosa Ceres.»
Pascual, Emilio. Días de Reyes
Magos. 2007, Madrid: Ed. Anaya,
p.79
Fuente de Ceres en el Jardín del Parterre de
Aranjuez
«-Así que se llama
usted Calipso…
-Sí, pero no se
preocupe: he
dejado la varita
en casa.»
Pascual, Emilio. Días
de Reyes Magos. 2007,
Madrid: Ed. Anaya, p.38
«-Anónimo, me llamo Anónimo.
Sonreí.
-¿De qué te ríes? –dijo en tono suavemente
jovial-. ¿No hubo un navegante tan prudente
como astuto que se llamó Nadie?»
Pascual, Emilio. Días de Reyes Magos. 2007,
Madrid: Ed. Anaya, p.127
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